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La madurez puente entre la mediocridad y la excelencia

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Definitivamente, lo que diferencia a un empresario o un empleado-emprendedor de un empleado, empresario o directivo mediocre es su nivel de madurez, que se refleja en su manera de pensar, sentir y actuar.

CULPAR

Dicho de otra manera, un empresario no puede tener la madurez de un niño al emprender o dirigir su empresa. El niño está orientado hacia el exterior y es un ser dependiente. Sabe que hay una persona que cuida de él, que tomará las decisiones por él, que hará o no lo que él debería hacer y que tiene la culpa de lo que le sucede. Esto se manifiesta en típicas expresiones infantiles como: "el profesor me tiene manía, él tiene la culpa", "mi papá tuvo la culpa de lo que nos pasó" y trasladadas al mundo de los adultos: "mi jefe me odia, tiene la culpa de que yo sea tan infeliz", "mi esposa nunca me presta atención", "los vendedores no hacen su trabajo, por eso nada funciona".

El estado emocional de dependencia nos alejará del mayor de todos los tesoros: la capacidad de cambiar. Mirar hacia dentro y escoger nos permite movernos y adaptarnos, observar qué debemos cambiar, qué no está funcionando en nosotros y qué nos detiene. Hoy no es el más grande el que se come al más pequeño, sino que es el más veloz el que se come al más lento.

ASUMIR

La madurez de un adulto está orientada hacia su interior, le permite reconocer que ya no hay nadie que haga o deje de hacer las cosas por nosotros. El signo más claro de este estado es la conciencia de que podemos escoger. Cualquiera que sea la situación en que nos encontremos, podemos escoger traspasando la frontera del miedo o la pereza. Podemos escoger y, no sólo eso, lo que es más importante, sabemos que siempre seremos los responsables de nuestras decisiones. Pensar de esta manera permite averiguar qué debe cambiar. El cambio es la única manera de mantenernos al día. Si sólo se buscan los errores y las fortalezas fuera, nunca se puede cambiar.

Una persona madura parte de un estado de madurez llamado independencia para iniciar sus proyectos. No funcionan en el estado de dependencia. La dependencia nos lleva a culpar y la culpa a la frustración y el odio. Sin embargo, una vez situados en la independencia, podemos dar un paso más y entregarnos a la sabiduría de las relaciones inter-dependientes.

COMBINAR

El tercer estado, la interdependencia, es la clave del gran crecimiento personal y profesional. Si sientes que has tocado techo, entonces es el momento de buscar otros ámbitos para crecer. Es el momento de decirle al delfín que sea nuestro socio en el agua mientras nosotros nos desarrollamos en tierra firme. En la empresa, la madurez nos premia con el entendimiento de que la conquista es posible gracias al talento de todos y al conocimiento y control de los defectos y las carencias de todos. Trabajar con muchos talentos también significa conocer y soportar las debilidades de cada uno. Un directivo maduro sabe mover las piezas del ajedrez de los talentos de tal forma que todos los que le rodean resulten beneficiados y nunca perjudicados.

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Publicado en Emprendimiento

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