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El enemigo público número 1 de tu felicidad

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En toda mi carrera profesional ayudando a personas a cambiar radicalmente sus vidas he tratado todo tipo de casos: relaciones a punto de romperse, personas rotas por haber sufrido una pérdida, heridas de abandono, bancarrota, pérdida de trabajo, falta de realización personal, desequilibrio emocional... Pero todos estos casos tienen algo en común, cualquiera sea la causa que ha llevado a esas personas a un extremo lejos de lo saludable.

Son ejemplos reales de la fábula de la rana y el cocinero. Se cuenta que en una prestigiosa escuela de cocina, a un cocinero novel se le encomendó la tarea de cocer una rana. El muchacho intentó en varias ocasiones colocar la rana en el agua hirviendo sin posibilidad de éxito, ya que el batracio una y otra vez saltaba fuera de la olla nada más tocar el agua. Tras el revuelo en la cocina causado por las peripecias del cocinero para meter la rana en la olla, el jefe de cocina entró a poner orden. Fue entonces cuando el experimentado cocinero en el arte de cocinar ranas desveló al joven cocinero y a todos los presentes cuál era el truco para hervir a una rana sin destrozar todos los cacharros de la cocina.

"Si colocas a una rana en una olla de agua hirviendo, no conseguirás que se quede allí hagas lo que hagas. Lo que tienes que hacer es prepararle un buen baño de agua salada con algunos vegetales donde se pueda sentir bien cómoda. Con el agua todavía fría, deberás colocar a la rana dentro del agua y no se negará a permanecer allí. Una vez esté cómodamente asentada en su baño, enciende el fuego y deja que el agua se vaya calentando poco a poco. A pesar de que el agua suba de temperatura la rana seguirá sintiéndose cómoda y no tendrá ganas de saltar fuera de la olla. Para cuando el agua esté hirviendo, será demasiado tarde para ella. No se habrá dado cuenta de que su vida corría peligro en la comodidad de su baño y tú obtendrás un riquísimo estofado de rana".

Todos hemos mantenido relaciones, trabajos, amistades, hábitos alimenticios, ... por demasiado tiempo hasta llegar a situaciones insostenibles. Corazones rotos, despidos, diabetes... Parece que aparecieron allí de un día para otro, pero si somos honestos con nosotros mismos, llegaremos a la conclusión de que recorrimos ese camino, en mayor o menor medida, por nuestro propio pie.

No me refiero al hecho de tomar malas decisiones, de lo que nadie está libre en el mundo cambiante y vertiginoso que nos ha traído este siglo XXI, sino al hecho de mantener esas malas decisiones a pesar de los reiterados avisos de la vida.

¿Qué nos lleva a hacer eso? Todo empieza con una decisión o con una situación fortuita que, con la información disponible en ese momento, se vislumbraba correcta para nosotros. De la misma forma que la rana, es entonces cuando nos metemos en un agradable baño de agua salada con vegetales que nos hace sentir cómodos. Pero la situación poco a poco va cambiando: factores que no tomamos en cuenta, resulta que el trabajo no era como esperábamos, la persona que elegimos empieza a mostrar comportamientos desagradables, la vida que habíamos planeado no acaba de suceder, quizá un poco más adelante, ...

Todo esto sucede poco a poco, como el agua de la rana, la situación se va calentando pero nosotros seguimos obteniendo cierto grado de comodidad. Nos decimos cosas como: "¿cómo voy a buscar otro trabajo tan pronto?" "habrá tenido un mal día", "yo puedo con esto", etc... Simplemente nos engañamos a nosotros mismos por no asumir una equivocación, un error de cálculo. Esto es así porque en este mundo que vivimos equivocarse es el peor pecado. En lugar de tomarlo como un mero resultado que nos proporciona información para tomar otro rumbo, nos empecinamos en no darnos por aludidos.

En poco tiempo, la situación se habrá convertido en algo demasiado conocido como para cambiarlo. Nos encontramos ya en la olla de agua a punto de hervir pero estamos demasiado entumecidos para dar el salto y salir de ella. Estamos en nuestra mal llamada zona de comodidad.

¿Por qué mal llamada? Porque es muchas cosas pero cómoda no es una de ellas. Puede ser una de las etapas más desagradable y poco satisfactorias de nuestra vida, pero el beneficio percibido de quedarnos allí, en lo conocido es abrumantemente grande. El miedo a lo desconocido, a perder, al éxito, genera muchísima más incomodidad de la que percibimos en la situación conocida, por incómoda y desagradable que esta realmente sea.

En este momento, como a la rana, sólo nos queda una salida, reunir las pocas fuerzas que nos quedan y dar un salto fuera de la olla. Sea lo que sea lo que nos depare la vida fuera de la olla será mejor que lo que nos deparará si nos quedamos dentro: la muerte emocional, financiera, de nuestra autoestima, de nuestra dignidad...

Salir de nuestra zona de comodidad, indudablemente es incómodo, pero nunca nadie ha muerto de incomodidad, sin embargo, vivir dentro de esa zona ha matado más oportunidades y crecimiento que cualquier otra cosa en el mundo.

La felicidad no proviene del conformismo o del miedo. Una vida con miedo no puede vivirse con plenitud. La felicidad es la consecuencia de vivir la vida en un estado permanente de crecimiento, desarrollando nuestro pleno potencial. No es el fin, sino el camino lo que hace la vida digna de ser vivida.

La próxima vez que el hecho de cambiar algo en tu vida te genere cierto grado de incomodidad, véase pereza, miedo, incertidumbre, desgana o que tu voz interior te envíe mensajes como "¿dónde vas a estar mejor que aquí?", "¿quién te has creído que eres?", "al final esto te lo has buscado tú, es lo que mereces" o similares, permítete experimentar la incomodidad. Siéntela. Reconoce que simplemente es una sensación y que no tiene ningún poder sobre ti. Tú decides si "comprar" los argumentos que dicta tu cabeza, si seguir la inercia de la rutina de tu vida o si sigues adelante y das el salto fuera de la olla antes de que sea tarde.
Cuanto más obedeces a la voz, o a la incomodidad, más vas entrando en el abismo de la inactividad, como cuando el agua se va calentando cada vez más pero la rana no se da cuenta hasta que se encuentra con la muerte.

No quiero que te engañes, la sensación de incomodidad, es posible que nunca llegue a desaparecer. Pero eso carece de importancia. De echo, cuando ya no la sientas, si no se ha sustituido por una sensación de contento y plenitud, es seguro que de alguna manera vuelvas a entrar en otra agradable olla de agua fría... por el momento.

El truco es muy fácil. Lo único que tienes que hacer es seguir adelante, con incomodidad o no, con miedo o no. Simplemente dales las gracias por cuidar de ti, por querer protegerte de lo desconocido, esa es su misión sagrada. Te alertan para que tomes las debidas precauciones. Tómalas, pero llegado cierto punto.

Sólo hay un camino: saltar hacia arriba con todas tus fuerzas. 

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Publicado en Desarrollo personal

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