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Sanar viejas heridas para sanar tu relación

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Cuando "elegimos" una nueva pareja estamos seguros que esa será la relación de nuestra vida y pensamos que durará por siempre. Cuidadosamente examinamos si la pareja elegida cuenta con los atributos, valores, comportamientos, etc. que son tan importantes para nosotros.

Nos hacemos la ilusión de que cumple todos los requisitos. Creemos que hemos elegido conscientemente y con conocimiento de causa. Pero como bien saben los expertos en marketing y publicidad, la realidad es bien distinta: decidimos con el corazón y después justificamos nuestra decisión con la razón.

Nos engañamos a nosotros mismos, pero solamente en una cosa, en cómo tomamos la decisión ya que, independientemente de cual sea el mecanismo decisorio, hay algo bien cierto: elegimos exactamente lo que necesitamos.

Por increíble que parezca, nuestro patrón de elección de pareja tiene a menudo una base originada por la primera relación de referencia con la que tenemos contacto cuando se está formando en nuestro cerebro nuestro patrón del mundo: la relación entre nuestros padres.

En una edad tan temprana, antes de los 8 años de edad, nuestro cerebro es incapaz de razonar acerca de la idoneidad de las vivencias que experimentamos. Simplemente las absorbemos. Años después seremos capaces de analizarlas y catalogarlas como buenas o malas, nutritivas o destructivas, pero a pesar de esto, de nuestro raciocinio posterior, se habrán quedado fijadas en nuestro cerebro como un modelo a seguir.

Los niños suelen sentirse responsables de la felicidad de sus padres. No tienen una comprensión objetiva del mundo y presienten que depende de ellos restaurar el equilibrio de la familia. Como realmente no depende de ellos, nunca lo llegan a conseguir, y se queda en su inconsciente como un asunto pendiente que intentan compensar, sin saberlo, el resto de su vida en una y otra relación fallida. Siguen intentando descubrir cómo sanar su doloroso pasado por medio de las relaciones del presente.

Es como si ese modelo se hubiese quedado como una referencia que solamente opera de forma inconsciente en nosotros y por eso muchas veces pasa desapercibida. Entonces nos encontramos una y otra vez que damos con el mismo prototipo de pareja. Parece que esta es la definitiva, que por fin nos hemos escapado del patrón, pero con el paso de algunos meses, nos damos cuenta de que estamos otra vez en la casilla de salida. ¿Te ha pasado alguna vez?

Como adultos, tendemos a relacionarnos como lo hacían nuestros padres. Si nuestras relaciones de la infancia fueron cariñosas y cooperativas, probablemente recrearemos relaciones cariñosas y cooperativas con nuestros seres queridos. Si por el contrario, en esas relaciones faltó cariño o fueron conflictivas probablemente repetiremos ese mismo tipo de relaciones problemáticas con aquellos que nos rodean.

La pauta que seguimos es, si somos hombres, relacionarnos con nuestras compañeras o esposas de la misma manera que nuestros padres se relacionaron con nuestras madres, o justamente la contraria, o incluso pasando de una forma de relación a otra alternativamente incluso con la misma persona.

En el caso de las mujeres, el comportamiento es el mismo, pero el modelo a seguir suele ser el paterno. O bien copiamos el comportamiento de nuestras madres, o bien lo sobre compensamos yéndonos al otro extremo.

Lo normal cuando se escucha o lee por primera vez esta aseveración es sentir un rechazo automático. Si después de leer estas líneas tu primera reacción es pensar "qué interesante, esto le pasa a mi esposo o a mi esposo, pero no a mi" la sugerencia es que mires un poco más profunda y honestamente a tu propio comportamiento. Sobre todo porque este conocimiento no te servirá de nada cuando detectes el comportamiento patrón de tu pareja, sino cuando reconozcas el tuyo propio, ya que uno no puede hacer nada para que el otro cambie, simplemente podemos cambiarnos a nosotros mismos.

Este nuevo conocimiento acerca de nuestro propio patrón nos dará las claves para sanar. De esta forma seremos capaces de eliminar la necesidad incosciente y primordial que nos acompaña desde niños: el resolver las situaciones conflictivas de nuestros padres.

¿Qué podemos hacer al respecto?

Aunque se trate de un patrón inconsciente, existen ciertas pautas que podemos seguir para salir de este bucle hacia nuestra libertad y hacia relaciones saludables de una vez por todas.

1. Llevar el patrón al nivel consciente.

La única forma es hacer conscientes estos patrones inconscientes. El trabajo de autoobservación y autoreflexión es la única salida de este callejón. A partir de aquí podremos trabajar con este comportamiento autodestructivo.

2. Ser honestos con nosotros mismos.

Ver nuestros propios errores nunca será fácil. Puede ser doloroso reconocer que esto que nos pasa en cierto modo está provocado por nosotros mismos, pero es necesario ser lo más honestos posible para poder comenzar a sanar.

3. No esforzarnos en tener razón.

Nuestro objetivo en este punto debe ser sanar. Para eso, es necesario renunciar a tener razón. Reza un dicho "tienes razón pero vas a la cárcel". La razón nos mantendrá en la cárcel. Podremos acabar con esta relación, pero es seguro que la próxima vez que decidamos volveremos a elegir en función de esta necesidad primordial: solucionar un conflicto que no nos pertenece.

4. Ver esta relación como una oportunidad de romper esta cadena.

Por muy graves que sean nuestros problemas en esta relación, debemos estar agradecidos. Agradecidos porque nos está sirviendo como un marco de referencia para sanar un conflicto interior, nuestro, que estaba allí antes que la pareja y que se mantendrá después si no valoramos esta gran oportunidad que la persona que nos acompaña en la vida en este momento nos está brindando.

5. Decidir de forma consciente cómo comportarnos.

Una vez que hemos detectado el patrón ya sabemos cuál es el comportamiento que queremos cambiar. El siguiente paso es decidir conscientemente y poner en práctica una nueva forma de comportamiento más ecológica y nutritiva para todas las partes.

6. Aceptar que estamos en fase de aprendizaje.

Eso no quiere decir que será fácil, ya que suele ser un patrón tremendamente arraigado e inconsciente. Simplemente debemos felicitarnos por conocerlo y ser permisivos con nosotros mismos en estas primeras fases de cambio. Estamos en fase de aprendizaje y necesitamos repetición para conseguir que el nuevo comportamiento positivo se convierta en un patrón inconsciente. Sólo en ese momento habremos ganado la partida y seremos libres de nuestras cadenas del pasado.

7. Perdonar a nuestros padres.

Y por último, no debemos caer en la tentación de culpar a nuestros padres por habernos inoculado este comportamiento ya que, seguramente, anteriormente también les fue inoculado a ellos. Simplemente tenemos que asumir nuestra responsabilidad para con nosotros mismos y para futuras generaciones de cortar este patrón de comportamiento inconsciente, para siempre.

Siempre existe una alternativa. Si algo parecido está ocurriendo en tu vida, no eres el único o la única, y por supuesto no estás solo. Nosotros podemos ayudarte. Normalmente dejamos que situaciones como esta se nos vayan de las manos, hasta caer en desesperación o peor en depresión. Entonces acudimos aun psicólogo, pero esta no es la solución. Tu vida puede cambiar antes, con la ayuda profesional indicada y en unas pocas semanas. ¿Cómo te sentirías si tus problemas de pareja o de relación con los demás desaparecieran para siempre? Sería fantástico, ¿verdad?. Pues simplemente pídenos información. Te daremos una sesión gratuita, personalizada e individual, que te permitirá detectar tus patrones limitantes y tu autosabotaje. Después podrás decidir si seguir con el proceso o no. Estaremos encantados de ayudarte.

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Publicado en Relaciones y pareja

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