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Tú eres el CEO de tu vida

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¿Para quién trabajas? Cuando llega el final del día llegamos a casa con una sensación corporal. Casi siempre es cansancio, pero teñido de algo más. Muchas veces volvemos frustrados con lo que ha pasado, con lo que hemos hecho. Otras regresamos llenos de satisfacción, con la sensación de un trabajo bien hecho.

Multiplica esto por los 242 días laborales de media que trae el año y sumarás un montón de sensaciones de fracaso o de satisfacción. ¿De qué depende el resultado final? En una parte, claro está de las circunstancias, pero, si somos sinceros con nosotros mismos, SABEMOS que hasta cierto punto, nuestra actitud marca la diferencia. A pesar de la crisis, a pesar de los clientes, a pesar de los jefes, el pesar más grande es el a pesar de mi mismo y mi actitud ante las cosas. 

Cuenta la leyenda que un viajero francés realizaba a caballo el Camino de Santiago y que al pasar cerca de Miranda de Ebro, en la confluencia de las provincias de Vitoria, Logroño y Burgos, avistó una cantera. Observador avezado, se quedó perplejo al contemplar a tres canteros que afanosos realizaban el mismo trabajo, el mismo trabajo, con una actitud bien diferente entre los tres. Detuvo su montura y observó más atentamente para intentar comprender qué hacía que cada uno se condujera de manera tan dispar. El primer cantero, se paraba constantemente durante la realización de su trabajo, se quejaba, vociferaba y maldecía asqueado.

El segundo, se mostraba silencioso, ensimismado, y como el anterior, utilizaba las herramientas propias de los canteros, cincel, escoplo y martillo, para dar forma a la enorme piedra arrancada de la tierra. Sus paradas no iban acompañadas de quejas, sólo de una atención concentrada para comprobar la calidad de su propio trabajo. El tercer cantero, como los anteriores, también cincelaba, también comprobaba, pero entonaba una alegre canción, ensimismado en su trabajo. Sus paradas de comprobación iban acompañadas de gestos claros de interpretar: se sentía satisfecho de lo que hacía.

La aparente disonancia, hacía que el viajero francés se fijara con más ahínco en los canteros, tratando de medir cualquier gesto o circunstancia que le diera la clave de sus comportamientos. Nada. Pasado el tiempo se rindió. No comprendía, así que decidió preguntarles.

Se dirigió al primer cantero y le preguntó: “¿qué hace usted?. El cantero le miró de soslayo escéptico del interés del francés. Le explicó entre dientes que pasaba, del alba al anochecer, la jornada haciendo lo mismo, día a día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año. Maldecía su mala suerte.

El segundo se sorprendió de la pregunta, -¿que qué hago?- y le explicó como daba forma a las piedras que le traían de más arriba. Se preocupaba de forma casi obsesiva que quedaran en forma cúbica. Y diciendo esto, continuó.

El tercer cantero, ya le esperaba; lo recibió con una sonrisa; y antes de que el francés pudiera decir nada, se anticipó contestándole con evidente satisfacción: “estamos construyendo la Catedral de Burgos”, y siguió con su trabajo y sus cantos.


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Publicado en Desarrollo de carrera

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