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Cómo vencer al más temido enemigo: el miedo

 

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"Los cuentos se inventaron para dormir a los niños y despertar a los adultos"
Por Jorge Bucay

La idea de este cuento llegó a mí escuchando un relato de Enrique Mariscal. Me permití, partir de allí prolongar el cuento transformarlo en otra historia con otro mensaje y otro sentido. Así como está ahora se lo regalé una tarde a mí amigo Norbi.


Había una vez, en un reino muy lejano y perdido, un rey al que le gustaba sentirse poderoso. Su deseo de poder no se satisfacía sólo con tenerlo, él, necesitaba además, que todos lo admiraran por ser poderoso, así como la madrastra de Blanca Nieves no le alcanzaba con verse bella, también él necesitaba mirarse en un espejo que le dijera lo poderoso que era.


Él no tenía espejos mágicos, pero contaba con un montón de cortesanos y sirvientes a su alrededor a quienes preguntarle si él, era el más poderoso del reino.


Invariablemente todos le decían lo mismo:


-Alteza, eres muy poderoso, pero tú sabes que el mago tiene un poder que nadie posee: Él, él conoce el futuro.
( En aquel tiempo, alquimistas, filósofos, pensadores, religiosos y místicos eran llamados, genéricamente "magos").
El rey estaba muy celoso del mago del reino pues aquel no sólo tenía fama de ser un hombre muy bueno y generoso, sino que además, el pueblo entero lo amaba, lo admiraba y festejaba que él existiera y viviera allí. No decían lo mismo del rey. Quizás porque necesitaba demostrar que era él quien mandaba, el rey no era justo, ni ecuánime, y mucho menos bondadoso.

Un día, cansado de que la gente le contara lo poderoso y querido que era el mago o motivado por esa mezcla de celos y temores que genera la envidia, el rey urdió un plan: Organizaría una gran fiesta a la cual invitaría al mago y después la cena, pediría la atención de todos. Llamaría al mago al centro del salón y delante de los cortesanos, le preguntaría si era cierto que sabía leer el futuro. El invitado, tendría dos posibilidades: decir que no, defraudando así la admiración de los demás, o decir que sí, confirmando el motivo de su fama. El rey estaba seguro de que escogería la segunda posibilidad. Entonces, le pediría que le dijera la fecha en la que el mago del reino iba a morir. Éste daría una respuesta, un día cualquiera, no importaba cuál. En ese mismo momento, planeaba el rey, sacar su espada y matarlo. Conseguiría con esto dos cosas de un solo golpe: la primera, deshacerse de su enemigo para siempre; la segunda, demostrar que el mago no había podido adelantarse al futuro, y que se había equivocado en su predicción. Se acabaría, en una sola noche. El mago y el mito de sus poderes...

Los preparativos se iniciaron enseguida, y muy pronto el día del festejo llegó... ...Después de la gran cena. El rey hizo pasar al mago al centro y ante le silencio de todos le preguntó:
- ¿Es cierto que puedes leer el futuro?
- Un poco – dijo el mago.
- ¿Y puedes leer tu propio futuro, preguntó el rey?
- Un poco – dijo el mago.
- Entonces quiero que me des una prueba - dijo el rey - ¿Qué día morirás?. ¿ Cuál es la fecha de tu muerte?
El mago se sonrió, lo miró a los ojos y no contestó.
- ¿Qué pasa mago? - dijo el rey sonriente -¿No lo sabes?... ¿no es cierto que puedes ver el futuro?
- No es eso - dijo el mago - pero lo que sé, no me animo a decírtelo.
- ¿Cómo que no te animas?- dijo el rey-... Yo soy tu soberano y te ordeno que me lo digas. Debes darte cuenta de que es muy importante para el reino, saber cuando perdemos a sus personajes más eminentes... Contéstame pues, ¿cuándo morirá el mago del reino?

Luego de un tenso silencio, el mago lo miró y dijo:
- No puedo precisarte la fecha, pero sé que el mago morirá exactamente un día antes que el rey...
Durante unos instantes, el tiempo se congeló. Un murmullo corrió por entre los invitados.
El rey siempre había dicho que no creía en los magos ni en las adivinaciones, pero lo cierto es que no se animó a matar al mago.

Lentamente el soberano bajó los brazos y se quedó en silencio... Los pensamientos se agolpaban en su cabeza. Se dio cuenta de que se había equivocado. Su odio había sido el peor consejero.

- Alteza, te has puesto pálido. ¿Qué te sucede? – preguntó el invitado.
- Me siento mal - contestó el monarca – voy a ir a mi cuarto, te agradezco que hayas venido.
Y con un gesto confuso giró en silencio encaminándose a sus habitaciones...
El mago era astuto, había dado la única respuesta que evitaría su muerte. ¿Habría leído su mente?
La predicción no podía ser cierta. Pero... ¿Y si lo fuera?...
Estaba aturdido. Se le ocurrió que sería trágico que le pasara algo al mago camino a su casa.
El rey volvió sobre sus pasos, y dijo en voz alta:
- Mago, eres famoso en el reino por tu sabiduría, te ruego que pases esta noche en el palacio pues debo consultarte por la mañana sobre algunas decisiones reales.
- ¡ Majestad!. Será un gran honor... – dijo el invitado con una reverencia.

El rey dio órdenes a sus guardias personales para que acompañaran al mago hasta las habitaciones de huéspedes en el palacio y para que custodiasen su puerta asegurándose de que nada pasara...
Esa noche el soberano no pudo conciliar el sueño. Estuvo muy inquieto pensando qué pasaría si el mago le hubiera caído mal la comida, o si se hubiera hecho daño accidentalmente durante la noche, o si, simplemente, le hubiera llegado su hora. Bien temprano en la mañana el rey golpeó en las habitaciones de su invitado.

Él nunca en su vida había pensado en consultar ninguna de sus decisiones, pero esta vez, en cuánto el mago lo recibió, hizo la pregunta... necesitaba una excusa.
Y el mago, que era un sabio, le dio una respuesta correcta, creativa y justa.
El rey, casi sin escuchar la respuesta alabó a su huésped por su inteligencia y le pidió que se quedara un día más, supuestamente, para "consultarle" otro asunto... (obviamente, el rey sólo quería asegurarse de que nada le pasara).
El mago – que gozaba de la libertad que sólo conquistan los iluminados – aceptó...

Desde entonces todos los días, por la mañana o por la tarde, el rey iba hasta las habitaciones del mago para consultarlo y lo comprometía para una nueva consulta al día siguiente.
No pasó mucho tiempo antes de que el rey se diera cuenta de que los consejos de su nuevo asesor eran siempre acertados y terminara, casi sin notarlo, teniéndolos en cuenta en cada una de las decisiones.
Pasaron los meses y luego los años.

Y como siempre... estar cerca del que sabe vuelve el que no sabe, más sabio. Así fue: el rey poco a poco se fue volviendo más y más justo. Ya no era despótico ni autoritario. Dejó de necesitar sentirse poderoso, y seguramente por ello dejó de necesitar demostrar su poder. Empezó a aprender que la humildad también podía ser ventajosa empezó a reinar de una manera más sabia y bondadosa.

Y sucedió que su pueblo empezó a quererlo, como nunca lo había querido antes. El rey ya no iba a ver al mago investigando por su salud, iba realmente para aprender, para compartir una decisión o simplemente para charlar, porque el rey y el mago habían llegado a ser excelentes amigos.
Un día, a más de cuatro años de aquella cena, y sin motivo, el rey recordó. Recordó aquel plan aquel plan que alguna vez urdió para matar a este su entonces más odiado enemigo Y sé dio cuenta que no podía seguir manteniendo este secreto sin sentirse un hipócrita.

El rey tomó coraje y fue hasta la habitación del mago. Golpeó la puerta y apenas entró le dijo:
- Hermano, tengo algo que contarte que me oprime el pecho
- Dime – dijo el mago – y alivia tu corazón.
- Aquella noche, cuando te invité a cenar y te pregunté sobre tu muerte, yo no quería en realidad saber sobre tu futuro, planeaba matarte y frente a cualquier cosa que me dijeras, porque quería que tu muerte inesperada desmitificara para siempre tu fama de adivino. Te odiaba porque todos te amaban... Estoy tan avergonzado...
- Aquella noche no me animé a matarte y ahora que somos amigos, y más que amigos, hermanos, me aterra pensar lo que hubiera perdido si lo hubiese hecho.
Hoy he sentido que no puedo seguir ocultándote mi infamia.
Necesité decirte todo esto para que tú me perdones o me desprecies, pero sin ocultamientos.

El mago lo miró y le dijo:
- Has tardado mucho tiempo en poder decírmelo. Pero de todas maneras, me alegra, me alegra que lo hayas hecho, porque esto es lo único que me permitirá decirte que ya lo sabía. Cuando me hiciste la pregunta y bajaste tu mano sobre el puño de tu espada, fue tan clara tu intención, que no hacía falta adivino para darse cuenta de lo que pensabas hacer, - el mago sonrió y puso su mano en el hombro del rey. – Como justo pago a tu sinceridad, debo decirte que yo también te mentí... Te confieso hoy que inventé esa absurda historia de mi muerte antes de la tuya para darte una lección. Una lección que recién hoy estás en condiciones de aprender, quizás la más importante cosa que yo te haya enseñado nunca.
Vamos por el mundo odiando y rechazando aspectos de los otros y hasta de nosotros mismos que creemos despreciables, amenazantes o inútiles... y sin embargo, si nos damos tiempo, terminaremos dándonos cuenta de lo mucho que nos costaría vivir sin aquellas cosas que en un momento rechazamos.

Tu muerte, querido amigo, llegará justo, justo el día de tu muerte, y ni un minuto antes. Es importante que sepas que yo estoy viejo, y que mi día seguramente se acerca. No hay ninguna razón para pensar que tu partida deba estar atada a la mía. Son nuestras vidas las que se han ligado, no nuestras muertes.
El rey y el mago se abrazaron y festejaron brindando por la confianza que cada uno sentí en esta relación que habían sabido construir juntos...

Cuenta la leyenda... que misteriosamente... esa misma noche... el mago... murió durante el sueño.
El rey se enteró de la mala noticia a la mañana siguiente... y se sintió desolado.
No estaba angustiado por la idea de su propia muerte, había aprendido del mago a desapegarse hasta de su permanencia en el mundo. Estaba triste, simplemente por la muerte de su amigo.

¿Qué coincidencia extraña había hecho que el rey pudiera contarle esto al mago justo la noche anterior a su muerte?.
Tal vez, tal vez de alguna manera desconocida el mago había hecho que él pudiera decirle esto para quitarle su fantasía de morirse un día después. Un último acto de amor para librarlo de sus temores de otros tiempos... Cuentan que el rey se levantó y que con sus propias manos cavó en el jardín, bajo su ventana, una tumba para su amigo, el mago.
Enterró allí su cuerpo y el resto del día se quedó al lado del montículo de tierra, llorando como se llora ante la pérdida de los seres queridos.

Y recién entrada la noche, el rey volvió a su habitación.
Cuenta la leyenda... que esa misma noche... veinticuatro horas después de la muerte del mago, el rey murió en su lecho mientras dormía... quizás de casualidad... quizás de dolor... quizás para confirmar la última enseñanza del maestro.

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Test: Mide tu Inteligencia Emocional

 

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El término Inteligencia Emocional (IE) se refiere a la capacidad humana de sentir, entender, controlar y modificar estados emocionales en uno mismo y en los demás. Inteligencia Emocional no significa ahogar las emociones, sino dirigirlas y equilibrarlas hacia estados positivos.

La IE es una herramienta que abarca todas las áreas de la vida. Tiene diversas funciones prácticas que son útiles para diferentes áreas fundamentales de nuestra vida:

 

- Es la base de nuestro bienestar psicológico, ayudando al desarrollo armónico y equilibrado de nuestra personalidad.

- Contribuye a nuestra buena salud física, disminuyendo o eliminando malestares psicosomáticos intrusivos y previniendo enfermedades producidas por desequilibrios emocionales permanentes como la ansiedad, tristeza, angustia, miedo, ira, irritabilidad, etc.

- Favorece nuestro entusiasmo y motivación a movernos o acercarnos hacia lo agradable y alejarnos de lo desagradable.

- Nos permite un mejor desarrollo de nuestras relaciones con las personas, tanto en el área afectiva-familiar, como en la social y laboral-profesional.

- Una alta IE es sinónimo de llevar a un nivel óptimo la relación entre las personas: determina qué tipo de relación mantendremos con nuestros subordinados (liderazgo), con nuestros superiores (adaptabilidad) o con nuestros compañeros (trabajo en equipo).

- Las emociones determinan cómo respondemos, nos comunicamos, nos comportamos y funcionamos en el trabajo.

- Un alta IE implica tener facilidad para tomar conciencia de nuestras emociones, comprender los sentimientos de los demás, tolerar las presiones y frustraciones que soportamos en el trabajo, acentuar nuestra capacidad de trabajar en equipo y adoptar una actitud empática y social, lo cual nos brindará más posibilidades de desarrollo personal.

- Las personas que poseen una elevada IE suelen ser socialmente equilibradas, extravertidas, alegres, poco predispuestas a la timidez y a darle vueltas a sus preocupaciones.

- Demuestran estar dotadas de una notable capacidad para comprometerse con las causas y las personas, suelen adoptar responsabilidades, mantienen una visión ética de la vida, son afables y cariñosas en sus relaciones.

- Su vida emocional es rica y apropiada, se sienten a gusto consigo mismas, con sus semejantes y con el entorno social en el que viven, además tienen visión positiva de ellas mismas y superan mucho antes y mejor los reveses de la vida.

 

Hemos preparado este test que evalúa la Inteligencia Emocional en las personas para que puedas evaluar con toda fiabilidad cuáles son tus puntos fuertes y tus puntos débiles en este sentido. El test evalúa cinco categorías básicas

  1. 1.Autoconocimiento emocional (o conciencia de uno mismo)
  2. 2.Autocontrol emocional (o autorregulación)
  3. 3.Automotivación (incluye la autoestima )
  4. 4.Reconocimiento de emociones ajenas (o empatía)
  5. 5.Relaciones interpersonales (incluye habilidades sociales, asertividad y resolución de conflictos).

 

Test de Inteligencia Emocional

 

Selecciona en cada pregunta, la frecuencia con la que más experimentes la frase que se acerque a tu situación en particular: 

1.- ¿Es fácil para Ud. darse cuenta de lo que los demás esperan de Ud.? 

a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces
 d) Rara vez 
e) Nunca

 

2.- ¿Evita Ud. a las personas que le hacen sentir avergonzado?

a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces 
d) Rara vez
 e) Nunca

 

3.- ¿Cuándo algo le molesta busca excusas para escaparse de la situación dada? 

a) Siempre
 b) Con frecuencia c) A veces 
d) Rara vez 
e) Nunca

 

4.- ¿Llega Ud. alguna vez a dudar de sus sentimientos? 

a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces 
d) Rara vez 
e) Nunca

 

5.- ¿Llega Ud. a tener dificultades a la hora de tomar decisiones?

a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces
 d) Rara vez
 e) Nunca

 

6.- ¿Cuándo algo no le sale como lo esperaba toma las cosas con humor?

a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces
 d) Rara vez 
e) Nunca

 

7.- ¿Evita Ud. a las personas que le hacen sentir culpable por algo que sucedió? 

a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces
 d) Rara vez 
e) Nunca

 

8.- ¿Cuándo Ud. comete algún error en sus actos se da cuenta de ello? 

a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces
 d) Rara vez
 e) Nunca

 

9.- ¿Evita Ud. a las personas que le hacen sentir inferior?

a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces 
d) Rara vez 
e) Nunca

 

10.- ¿Se considera Ud. una persona divertida? 

a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces
 d) Rara vez 
e) Nunca

 

11.- ¿Le gusta a Ud. sentirse el centro de atención de los que la rodean?

a) Siempre
 b) Con frecuencia c) A veces
 d) Rara vez 
e) Nunca

 

12.- ¿Cuando siente mucho coraje por algo que le ha sucedido puede controlarse para no perder el control de sus emociones? 

a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces
 d) Rara vez 
e) Nunca

 

13.- ¿Se siente bien consigo mismo/a ayudando a los demás?

a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces 
d) Rara vez e) Nunca

 

14.- ¿Se considera Ud. una persona indispensable en la vida de los que lo rodean o la rodean? 

a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces 
d) Rara vez 
e) Nunca

 

15.- ¿Cuándo ha pensado que lo que está haciendo le va a salir muy bien y resulta lo contrario le afecta emocionalmente?

a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces 
d) Rara vez 
e) Nunca

 

16.- ¿Cuándo a perdido algo valioso en su vida le resulta difícil de superar? 

a) Siempre
 b) Con frecuencia c) A veces
 d) Rara vez 
e) Nunca

 

17.- ¿Se siente contento (a) con la vida que lleva en la actualidad?

a) Siempre
 b) Con frecuencia c) A veces 
d) Rara vez 
e) Nunca

 

18.- ¿Es importante para Ud. que las demás personas reconozcan sus logros?

a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces 
d) Rara vez 
e) Nunca

 

19.- ¿Cree Ud que detrás de la mayoría de las críticas se esconde una mala intención venga de quien venga?

a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces
 d) Rara vez 
e) Nunca

 

21.- ¿Tiene Ud. la necesidad de sentirse aceptado (a) por todas las personas que conoce? 

a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces 
d) Rara vez
 e) Nunca

 

22.- ¿Siente Ud. que sus sentimientos alteran sus pensamientos?

a) Siempre
 b) Con frecuencia c) A veces 
d) Rara vez 
e) Nunca

 

23.- ¿Cree Ud. que es necesario mostrarse ante los demás con una expresión de alegría, aunque no lo sienta en ese momento? 

a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces 
d) Rara vez 
e) Nunca

 

24.- ¿Le resulta más fácil seguir a otros antes de tomar el mando?

a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces
 d) Rara vez
 e) Nunca

 

25.- ¿Ante la perdida de algo muy importante en su vida es factible que lo tome de manera positiva?

a) Siempre
 b) Con frecuencia c) A veces
 d) Rara vez 
e) Nunca

 

26.- ¿Le incomoda cuando le sacan de su ambiente cotidiano, porque le cuesta adaptarse a nuevas cosas?

 a) Siempre
 b) Con frecuencia c) A veces 
d) Rara vez 
e) Nunca

 

27.- ¿Su conducta depende mucho del estado de ánimo que tenga en ese momento?

 a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces 
d) Rara vez 
e) Nunca

 

28.- ¿Cuando le hacen proposiciones que no le interesan no tiene dificultad para rechazarla?

 a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces
 d) Rara vez 
e) Nunca

 

29.- ¿Cuando le hacen sugerencias sobre aspectos que debe cambiar, lo acepta solo de personas que sean muy cercanas a Ud?

 a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces
 d) Rara vez 
e) Nunca

 

30.- ¿Cuándo esta Ud. en apuros, le cuesta pedir favores y expresar abiertamente lo que necesita?

 a) Siempre 
b) Con frecuencia c) A veces
 d) Rara vez
 e) Nunca

 

Respuestas

 

1.- a) 4 b) 3 c) 2 d) 1 e)  0

2.- a) 0 b) 1 c) 2 d) 3 e) 4

3.- a) 0 b) 1 c) 2 d) 3 e) 4

4.- a) 0 b) 1 c) 2 d) 3 e) 4

5.- a) 0 b) 1 c) 2 d) 3 e) 4

6.- a) 4 b) 3 c) 2 d) 1 e)  0 

7.- a) 0 b) 1 c) 2 d) 3 e) 4

8.- a) 4 b) 3 c) 2 d) 1 e) 0

9.- a) 0 b) 1 c) 2 d) 3 e) 4

10.- a) 4 b) 3 c) 2 d) 1 e) 0

11.- a) 0 b) 1 c) 2 d) 3 e) 4

12.- a) 4 b) 3 c) 2 d) 1 e) 0

13.- a) 4 b) 3 c) 2 d) 1 e) 0

14.- a) 0 b) 1 c) 2 d) 3 e) 4

15.- a) 0 b) 1 c) 2 d) 3 e) 4

16.- a) 0 b) 1 c) 2 d) 3 e) 4

17.- a) 4 b) 3 c) 2 d) 1 e) 0

18.- a) 0 b) 1 c) 2 d) 3 e) 4

19.- a) 0 b) 1 c) 2 d) 3 e) 4

21.- a) 0 b) 1 c) 2 d) 3 e) 4

22.- a) 0 b) 1 c) 2 d) 3 e) 4

23.- a) 0 b) 1 c) 2 d) 3 e) 4

24.- a) 0 b) 1 c) 2 d) 3 e) 4

25.- a) 4 b) 3 c) 2 d) 1 e) 0

26.- a) 0 b) 1 c) 2 d) 3 e) 4

27.- a) 4 b) 3 c) 2 d) 1 e) 0

29.- a) 0 b) 1 c) 2 d) 3 e) 4 

30.- a) 0 b) 1 c) 2 d) 3 e) 4

 

Resultados

De 0 a 30 puntos. Tu coeficiente de inteligencia emocional es bastante bajo. Seguramente tendrás problemas para gestionar tus emociones, en tus relaciones con los demás y en situaciones particularmente estresantes. Para elevar tu coeficiente te recomendamos trabajar personalmente con un coach especializado en inteligencia emocional que te ayudará a elevar tu gestión emocional y además te enseñará algunas técnicas que podrás utilizar en momentos de necesidad. 

De 31 a 60 puntos. Tu coeficiente de inteligencia emocional está por debajo de la media. Es posible que tengas algunos problemas en algunas áreas concretas para gestionar tus emociones, tus relaciones con los demás y en situaciones particularmente estresantes. Para ti, puede ser interesante trabajar algunas áreas donde tu bajo nivel de coeficiente de inteligencia emocional te estén molestando más. Para conseguirlo, podrías leer bibliografía relacionada con este tema, como los libros del máximo experto en la materia Daniel Goleman, o para un trabajo más personalizado podrías trabajar individualmente con un coach personal. 

De 61 a 90 puntos. Tu coeficiente de inteligencia emocional está por encima de la media, pero aun puedes mejorarlo para ganar en tu calidad de vida. Ya estás en el camino pero seguro que existen algunas dificultades para ti en algunos aspectos concretos de la gestión de tus emociones y tus relaciones con los demás. El trabajo personalizado con un coach podría ser perfecto para ti para acabar de pulir esos inconvenientes que puedes estar encontrando en tu vida.

De 91 a 120 puntos. Realmente la gestión de tus emociones no es un problema para ti. En cualquier caso, si quieres puedes afinar aún más tus habilidades para ser un verdadero maestro. Por supuesto un coach personal podría ayudarte a ello, si así lo decides.

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¿Para qué meditar?

 

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Una vez se le pregunto a un maestro de meditación ¿para que meditar? El contesto con esta historia, luego la escribió como introducción a su primer libro de meditación.

"En círculos psicoanalíticos se cuenta una historia bien conocida acerca de un hombre que es atormentado por un sueño recurrente. Este hombre se encuentra atrapado en una habitación; es incapaz de abrir la puerta y escapar. Registra la habitación en busca de la l1ave, pero nunca puede encontrada. Con todas sus fuerzas intenta abrir la puerta, pero ésta no se mueve en lo más mínimo. No hay ninguna manera de salir de la habitación excepto a través de la puerta que él mismo no puede abrir. Está atrapado y tiene miedo. En una sesión con su analista el hombre se refiere a este sueño, el cual ha estado atormentándole durante años. El analista atiende cuidadosamente al relato del sueño, prestando atención a todos los detalles, e indica que quizás la puerta se abre en la dirección opuesta. Cuando tiene este sueño de nuevo, el hombre recuerda dicha sugerencia y descubre que la puerta gira hacia dentro sin resistencia alguna.

Una situación común
Hoy en día mucha gente tiene esta sensación de estar atrapada, de estar encerrada en una vida que ya no parece ser satisfactoria. Sintiendo un sentimiento de callada desesperación y mantenido a distancia a través de una actividad constante o de remedios milagrosos. ¿Quién de entre nosotros no ha sentido alguna vez la necesidad de escapar hacia una nueva vida, fantaseando quizás que uno es liberado por un nuevo y hermoso amante o imaginándonos que ganamos la lotería? Algunos de nosotros nos pasamos la vida esperando; esperando a que pase algo que cambie nuestras vidas. Y aun así, la lección más básica y obvia que la vida ofrece, aparentemente tan difícil de comprender, es la de que la felicidad es un estado mental, y no algo que pueda ser adquirido del mundo exterior o de otras personas.

Todos ambicionamos la felicidad, pero la mayoría de nosotros la buscamos fuera de nosotros mismos; en otras personas, en el trabajo, o en las actividades meramente ociosas. Conforme envejecemos nuestros sueños se desvanecen lentamente. Vamos convirtiéndonos en personas menos idealistas, más pragmáticas. Nos conformamos con lo que tenemos y tratamos de ser filosóficos en relación a esos sueños que nunca se cumplieron, o que sí se cumplieron pero resultaron estar vacíos de la promesa que en otro tiempo habían guardado. En su mayoría nuestras vidas se van asentando sobre moldes previsibles, y mientras tanto lo único que hacemos es contemplar tristemente nuestros sueños rotos o vacíos. En su poema "La Puerta", el poeta e inmunólogo checo Miroslav Holub nos incita a tener el valor de contemplar nuestras vidas con nuevos ojos.

Ve y abre la puerta.
Quizás afuera haya un árbol,
Un bosque, un jardín,
Una ciudad mágica.

Ve y abre la puerta.
Quizás haya un perro hurgando.
Quizás veas una cara, o un ojo,
o la imagen de una imagen.

Ve y abre la puerta.
Si hay niebla,
se despejará.

Ve y abre la puerta.
Aunque no haya nada más
que el tictac de la noche,
aunque no haya nada más
que el sordo aire,
aunque no haya nada,

ve y abre la puerta.
Al menos hará viento.

La puerta de la que el poeta habla es la puerta que se abre hacia dentro para revelar nuestras necesidades más profundas al igual que nuestras más elevadas aspiraciones. La meditación es un modo de abrir esa puerta. Al abrirla das el primer paso en el "sueño" del despertar que, a través de la historia, ha sostenido la imaginación de la humanidad. Es un sueño sin final predeterminado; es una aventura -la aventura de recreamos, de reconvertimos-. Es el gran mito humano del trascenderse a uno mismo.

Llamarlo "mito" no implica que sea irreal. Significa, sin embargo, que es más real; significa que comenzamos a conectar con nosotros mismos de una manera más profunda, a experimentamos a nosotros mismos como partes de algo mucho más grande y más inmenso. Nos adentramos en la totalidad del curso de la vida.

La puerta de la meditación
La puerta de la meditación es la puerta de la conciencia y el amor universal, de la expansión sin un límite conocido. La meditación empieza con el proceso de adentrarse en uno mismo y nos conduce a emerger en la corriente misma de la vida, siendo nuestra separación de ésta la causa de nuestro más profundo descontento. Cuando abrimos esta puerta nunca sabemos lo que vamos a encontrar -sí, puede que sea "un perro hurgando", pero quizás haya "un jardín o una ciudad mágica"-. La meditación es una apertura. Al menos soplará el viento"

Dh. Paramanada del libro Cambia tu mente.

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El enemigo público número 1 de tu felicidad

 

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En toda mi carrera profesional ayudando a personas a cambiar radicalmente sus vidas he tratado todo tipo de casos: relaciones a punto de romperse, personas rotas por haber sufrido una pérdida, heridas de abandono, bancarrota, pérdida de trabajo, falta de realización personal, desequilibrio emocional... Pero todos estos casos tienen algo en común, cualquiera sea la causa que ha llevado a esas personas a un extremo lejos de lo saludable.

Son ejemplos reales de la fábula de la rana y el cocinero. Se cuenta que en una prestigiosa escuela de cocina, a un cocinero novel se le encomendó la tarea de cocer una rana. El muchacho intentó en varias ocasiones colocar la rana en el agua hirviendo sin posibilidad de éxito, ya que el batracio una y otra vez saltaba fuera de la olla nada más tocar el agua. Tras el revuelo en la cocina causado por las peripecias del cocinero para meter la rana en la olla, el jefe de cocina entró a poner orden. Fue entonces cuando el experimentado cocinero en el arte de cocinar ranas desveló al joven cocinero y a todos los presentes cuál era el truco para hervir a una rana sin destrozar todos los cacharros de la cocina.

"Si colocas a una rana en una olla de agua hirviendo, no conseguirás que se quede allí hagas lo que hagas. Lo que tienes que hacer es prepararle un buen baño de agua salada con algunos vegetales donde se pueda sentir bien cómoda. Con el agua todavía fría, deberás colocar a la rana dentro del agua y no se negará a permanecer allí. Una vez esté cómodamente asentada en su baño, enciende el fuego y deja que el agua se vaya calentando poco a poco. A pesar de que el agua suba de temperatura la rana seguirá sintiéndose cómoda y no tendrá ganas de saltar fuera de la olla. Para cuando el agua esté hirviendo, será demasiado tarde para ella. No se habrá dado cuenta de que su vida corría peligro en la comodidad de su baño y tú obtendrás un riquísimo estofado de rana".

Todos hemos mantenido relaciones, trabajos, amistades, hábitos alimenticios, ... por demasiado tiempo hasta llegar a situaciones insostenibles. Corazones rotos, despidos, diabetes... Parece que aparecieron allí de un día para otro, pero si somos honestos con nosotros mismos, llegaremos a la conclusión de que recorrimos ese camino, en mayor o menor medida, por nuestro propio pie.

No me refiero al hecho de tomar malas decisiones, de lo que nadie está libre en el mundo cambiante y vertiginoso que nos ha traído este siglo XXI, sino al hecho de mantener esas malas decisiones a pesar de los reiterados avisos de la vida.

¿Qué nos lleva a hacer eso? Todo empieza con una decisión o con una situación fortuita que, con la información disponible en ese momento, se vislumbraba correcta para nosotros. De la misma forma que la rana, es entonces cuando nos metemos en un agradable baño de agua salada con vegetales que nos hace sentir cómodos. Pero la situación poco a poco va cambiando: factores que no tomamos en cuenta, resulta que el trabajo no era como esperábamos, la persona que elegimos empieza a mostrar comportamientos desagradables, la vida que habíamos planeado no acaba de suceder, quizá un poco más adelante, ...

Todo esto sucede poco a poco, como el agua de la rana, la situación se va calentando pero nosotros seguimos obteniendo cierto grado de comodidad. Nos decimos cosas como: "¿cómo voy a buscar otro trabajo tan pronto?" "habrá tenido un mal día", "yo puedo con esto", etc... Simplemente nos engañamos a nosotros mismos por no asumir una equivocación, un error de cálculo. Esto es así porque en este mundo que vivimos equivocarse es el peor pecado. En lugar de tomarlo como un mero resultado que nos proporciona información para tomar otro rumbo, nos empecinamos en no darnos por aludidos.

En poco tiempo, la situación se habrá convertido en algo demasiado conocido como para cambiarlo. Nos encontramos ya en la olla de agua a punto de hervir pero estamos demasiado entumecidos para dar el salto y salir de ella. Estamos en nuestra mal llamada zona de comodidad.

¿Por qué mal llamada? Porque es muchas cosas pero cómoda no es una de ellas. Puede ser una de las etapas más desagradable y poco satisfactorias de nuestra vida, pero el beneficio percibido de quedarnos allí, en lo conocido es abrumantemente grande. El miedo a lo desconocido, a perder, al éxito, genera muchísima más incomodidad de la que percibimos en la situación conocida, por incómoda y desagradable que esta realmente sea.

En este momento, como a la rana, sólo nos queda una salida, reunir las pocas fuerzas que nos quedan y dar un salto fuera de la olla. Sea lo que sea lo que nos depare la vida fuera de la olla será mejor que lo que nos deparará si nos quedamos dentro: la muerte emocional, financiera, de nuestra autoestima, de nuestra dignidad...

Salir de nuestra zona de comodidad, indudablemente es incómodo, pero nunca nadie ha muerto de incomodidad, sin embargo, vivir dentro de esa zona ha matado más oportunidades y crecimiento que cualquier otra cosa en el mundo.

La felicidad no proviene del conformismo o del miedo. Una vida con miedo no puede vivirse con plenitud. La felicidad es la consecuencia de vivir la vida en un estado permanente de crecimiento, desarrollando nuestro pleno potencial. No es el fin, sino el camino lo que hace la vida digna de ser vivida.

La próxima vez que el hecho de cambiar algo en tu vida te genere cierto grado de incomodidad, véase pereza, miedo, incertidumbre, desgana o que tu voz interior te envíe mensajes como "¿dónde vas a estar mejor que aquí?", "¿quién te has creído que eres?", "al final esto te lo has buscado tú, es lo que mereces" o similares, permítete experimentar la incomodidad. Siéntela. Reconoce que simplemente es una sensación y que no tiene ningún poder sobre ti. Tú decides si "comprar" los argumentos que dicta tu cabeza, si seguir la inercia de la rutina de tu vida o si sigues adelante y das el salto fuera de la olla antes de que sea tarde.
Cuanto más obedeces a la voz, o a la incomodidad, más vas entrando en el abismo de la inactividad, como cuando el agua se va calentando cada vez más pero la rana no se da cuenta hasta que se encuentra con la muerte.

No quiero que te engañes, la sensación de incomodidad, es posible que nunca llegue a desaparecer. Pero eso carece de importancia. De echo, cuando ya no la sientas, si no se ha sustituido por una sensación de contento y plenitud, es seguro que de alguna manera vuelvas a entrar en otra agradable olla de agua fría... por el momento.

El truco es muy fácil. Lo único que tienes que hacer es seguir adelante, con incomodidad o no, con miedo o no. Simplemente dales las gracias por cuidar de ti, por querer protegerte de lo desconocido, esa es su misión sagrada. Te alertan para que tomes las debidas precauciones. Tómalas, pero llegado cierto punto.

Sólo hay un camino: saltar hacia arriba con todas tus fuerzas. 

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Neutralizar comportamientos desagradables con Inteligencia Emocional

 

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Cuando nos topamos con una persona que descarga sus emociones y frustraciones sobre nosotros, podemos elegir entre reaccionar entre lo que consideramos una agresión o, por el contrario, intentar entender lo que siente esa persona.

Piensa en una situación donde alguien se haya comportado de forma desagradable. Te has parado a pensar ¿cuál era su emoción?, ¿cuáles eran sus necesidades?, ¿cómo podrías mostrarle que estabas a la escucha de sus emociones y necesidades?, ¿cuál era el foco de su frustración?.

Este ejercicio de comprensión no tiene nada que ver con ceder, con ser vulnerable o con dejar a los demás que traspasen la línea del abuso. Se trata de aprender a actuar en lugar de reaccionar. De dejar de "comprar" la queja o la provocación del otro para empezar a "ver" y ser capaces de no asumir el asunto del otro como un asunto mío, de ver la situación con desapego y objetividad y no tomarla como algo personal, que no lo es.

Recuerda una situación conflictiva con alguien cercano. Estás en medio de una situación que genera en ti tensiones y nervios. A cada frase de tu interlocutor, te preparas para responder, para lanzar un nuevo argumento. Escuchas las frases, interpretas las intenciones... estás pendiente de las palabras y no de la relación.

A tu interlocutor no lo consideras tanto una persona, cuanto un problema que se ha de resolver. Tienes que tener razón.

En una situación así, imagina que en el punto álgido de la discusión dejas de considerar el problema de "alguien que no está de acuerdo conmigo" y comienzas a observar a esa persona que está dando su opinión, que busca argumentos para defenderla, que, como tú, ha dejado la relación a un lado por el triunfo de su idea.

Durante algunos momentos, observa su respiración, su rostro, su energía... Mira todo el odio y el rencor que despide. Mira con toda la compasión que puedas, porque esa imagen es la imagen de ti mismo. Ese eras tú hace tan solo unos minutos. Despréndete de esa imagen de ti. Esto no es ceder, es deshacerte de tu propio dolor. Porque querer herir al otro con tu propio rencor es como querer envenenar a alguien tomándote tú mismo el veneno. Simplemente, no funciona así.

La escucha empática es uno de los pilares de las relaciones armoniosas. La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de saber qué siente y qué piensa. En un conflicto, nos centramos en nuestras dificultades y pensamos que el responsable es el otro. Pero nos olvidamos que nosotros también somos el otro para los demás.

 

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El éxito no da la felicidad

 

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Párate a pensar en un momento, cuándo fue la última vez que fuiste feliz. ¿Qué ocurrió? ¿Qué estaba pasando? ¿Qué había de diferente? Quizá estabas con una persona nueva, habías conseguido un ascenso, alguien te había hecho un reconocimiento. ¿Recuerdas si había esfuerzo, lucha, o dificultad? Creo que no.

La felicidad no funciona así, el esfuerzo y la lucha generan tensión, estrés, ansiedad. Es muy importante tener una meta en la vida, un motivo para vivir, esto es lo que realmente genera felicidad. ¿Tienes un verdadero motivo para vivir?

Cuando alcanzamos una meta, sentimos felicidad, exaltación, satisfacción, como quieras llamarle. Pero ¿cuánto dura esa sensación? Pareciera que una vez que alcancemos el éxito en algo, seremos felices para el resto de nuestras vidas: cuando apruebe la oposición ¿a cuántos funcionarios verdaderamente felices conoces?; cuando Miguelito me ame, cuando me promocionen, cuando acabe de pagar la hipoteca, cuando consiga otro trabajo.

El asunto es que la felicidad que deriva la consecución de una meta es siempre temporal. No dura para siempre. Nuestra voz interior en seguida nos indicará una meta más lejana, con otra promesa de la felicidad. "Ahora sí seré feliz". ¿Y qué pasa entonces? que el trabajo no es como esperaba, resulta que Miguelito no es tan genial como pensaba, en este nuevo puesto tengo que trabajar más horas y no veo a mi familia...

Entonces surge una nueva promesa de felicidad: cuando monte mi propia empresa, cuando me divorcie seré feliz, cuando tenga una nueva pareja seré más feliz... y por qué no decir una de las más populares: cuando me jubile seré feliz. Lo malo de esta última es que cuando finalmente nos jubilamos nos damos cuenta de que aun así no somos felices. Es por esto que a muchas personas, poco después de jubilarse, se les presenta una enfermedad grave y mueren. ¿Te suena esta historia?.

Es el juego de perseguir la zanahoria. Utilizamos como motivador una felicidad futura que nunca llega. Vivimos como los hámsteres corriendo en la rueda, más y más deprisa, en una trampa sin fin. Y después, ¿qué pasa después? Que la vida se acaba.

¿Qué podemos hacer entonces?. Pues empecemos por abandonar la zanahoria. Pero cuidado, la zanahoria no es la meta, es el resultado. Tengamos una motivación, auténtica, verdadera por la que vivir. No es el apego a la meta, sino el apego al resultado lo que impide nuestra felicidad.

Además, se realista por un momento, el resultado NUNCA dependió de ti. Entonces, ¿Tengo que dejar de hacer todo lo que esté en mi mano para conseguir la meta? Por supuesto que no. El seguimiento de la meta es tu trabajo, tu misión. Si no pones toda la carne en el asador, difícilmente conseguirás lo que quieres, aunque podrías conseguirlo. Cómo lo hagas es tu elección. Pero, en cualquier caso, el resultado nunca dependió de ti.

Como dijo Claudio Coelho en el Alquimista, somos como ese malabarista en medio de la plaza que, con sólo dos manos, solamente puede manejar dos de los malabares al mismo tiempo. Necesariamente, en el momento adecuado, se tiene que aventurar y lanzar graciosamente el resto de los malabares al cielo, confiando en que describan su figura en el aire y caigan de vuelta en sus manos, para volver a ser lanzados en un juego sin fin.

¿Y tiene que entrenar el malabarista? Por supuesto. ¿Tiene que poner todo su esfuerzo y luchar por dar el toque maestro a su ejercicio? Creo que no. Un magnífico trabajo depende más de la dedicación, la perseverancia y el amor que se le entregue, que al esfuerzo, la lucha y la ansiedad. ¿Cómo puedes amar algo que te quita en lugar de darte? ¿Cómo puede estar tu trabajo marcado por tu excelencia si no le pones lo mejor de ti? ¿Y qué es lo mejor de ti? Tu esencia. Tu amor.

Cuando pones todo de ti en lo que haces, lo sabes porque se da un sentimiento de disfrute, el tiempo parece detenerse, la sensación de ti mismo desparece. Fluyes. Esos momentos cumbre son los que nos realizan, los que nos llenan de satisfacción, de amor, nos llenan, no nos vacían, somos capaces de todo. Ahora sí. Esto es.

Si analizas estas experiencias, en lo que se diferencian de las otras, las del esfuerzo y la lucha, no es el resultado final. No son los 'qué' alcanzas, sino los 'cómo' los alcanzas. Es el camino, lo que pones en tu vida, cómo decides vivirla, cómo alcanzas tus metas lo que te aporta felicidad. No sólo en el resultado, sino en el camino.

La felicidad no puede estar en el futuro, porque el futuro no existe. Lo único que existe es el ahora, ahora y ahora y ahora.... Es este momento el único que siempre tendrás. ¿Qué tendría que pasar para que fueras feliz ahora? En tu mundo, según lo vives en este momento, tendrías que estar consiguiendo algo permanentemente. Pero la vida no funciona así.

Imagina el momento más importante de tu vida. El momento en el que no te quedarán ya más momentos. Cuando seas consciente de que ese momento ha llegado y te hagas la pregunta ¿he sido feliz? ¿de qué momentos te acordarás? Llena tu vida AHORA de esos momentos. No lo dejes para mañana, porque el mañana nunca llega. Sólo existe el ahora...

 

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El círculo del 99

 

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Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente. El sirviente del rey triste, era muy feliz. El rey estaba como loco. No conseguía explicarse como el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de sobras de los cortesanos.

Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó lo que sucedía.

- ¿Por qué él es feliz?
- Ah, majestad, lo que sucede es que el está fuera del círculo.
- ¿Fuera del círculo?
- Así es.
- ¿Y eso lo hace feliz?
- No, Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
- A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.
- Así es.
- Y él no está. ¿Y cómo salió?
- ¡Nunca entró!
- ¿Que círculo es ese?
- El círculo del 99.
- Verdaderamente no entiendo nada.
- La única manera para que entiendas, sería mostrartelo en los hechos.
- ¿Cómo?
- Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
- Eso, obliguémoslo a entrar.
- No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, el entrará solito, solito.
- ¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
- Sí, se dará cuenta.
- Entonces no entrará.
- No lo podrá evitar.
- Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y ¿de todos modos entrará en él y no podrá salir?
- Tal cual Majestad. ¿Estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?
- Si.
- Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más, ni una menos, ¡¡¡99!!!
- ¿Qué más? ¿Llevo a los guardias por si acaso?
- Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.
- Hasta la noche.

Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron al alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía: "ESTE TESORO ES TUYO. ES EL PREMIO POR SER UN BUEN HOMBRE. DISFRÚTALO Y NO CUENTES A NADIE COMO LO ENCONTRASTE" y la dejó en la puerta del sirviente.

El sirviente agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra su pecho, miró hacia todos lados y entró a su casa. Él, que nunca había tocado una de esas monedas, tenía hoy una montana de ellas para él. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacia brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacia pilas de monedas: Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis... mientras sumaba 10, 20, 30, 40, 50 60... hasta que formó la ultima pila: ¡¡¡9 monedas!!!.
Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa. "No puede ser", pensó. ¡Me robaron! gritó.

Me robaron, ¡¡malditos!!. "99 monedas. Es mucho dinero", pensó. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un numero completo - pensaba - Cien es un numero completo pero noventa y nueve, no.

El rey y su asesor miraban la escena por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se le habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que asomaban sus dientes.

El sirviente guardo las monedas en la bolsa, la escondió entre la leña y se sentó a hacer cálculos.

¿Cuanto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda numero cien? Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro para conseguirla.

Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas un hombre es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el calculo.
Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario. Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. El mismo, después de todo, terminaba su tarea en el palacio a las cinco de la tarde, podria trabajar hasta la noche. Sacó las cuentas sumando esas extras, en siete años reuniría el dinero.

Y así siguió durante horas haciendo sus cálculos ... El rey y el sabio volvieron al palacio. ¡¡¡¡El paje había entrado en el círculo del 99!!!!

Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando y de pocas pulgas.

- ¿Qué te pasa? - preguntó el rey de buen modo.
- Nada me pasa, nada me pasa.
- Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.
- Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?

No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.

Todos nosotros hemos sido educados con esta ideología: Siempre nos falta algo para estar completos y solo completos se puede gozar de lo que se tiene. Por lo tanto, nos enseñaron, la felicidad deberá esperar a completar lo que falta. Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida.

Pero que pasaría si la iluminacion llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe que nuestras 99 monedas son el cien por ciento del tesoro, que no nos falta nada, que nadie se quedó con lo nuestro, que nada tiene de más redondo cien que noventa y nueve, que esta es solo una trampa, una zanahoria puesta frente a nosotros para que jalemos del carro, cansados, malhumorados, infelices o resignados. Una trampa para que nunca dejemos de empujar y que todo siga igual... ¡eternamente igual! Cuántas cosas cambiarían si pudiéramos disfrutar de nuestros tesoros tal como están. Pero ojo, reconocer en 99 un tesoro no quiere decir abandonar los objetivos. No quiere decir conformarse con cualquier cosa.

Porque ACEPTAR es una cosa y RESIGNARSE es otra...

Pero eso es parte de otro cuento...

 

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Acaba con tu insatisfacción laboral

 

2034-Businessman-working-on-the-currency-chart-line¿Para qué trabajas? ¿Alguna vez te has hecho esa pregunta? ¿Qué es lo que te levanta cada mañana? ¿La hipoteca, tus vacaciones anuales, el colegio de tus hijos, las deudas...?

El trabajo es siempre un medio para algo más. Pero ¿un medio para qué? No es tu trabajo lo importante, lo importante es el motivo por el que trabajas. Normalmente, cuando una persona tiene claro para qué trabaja, se siente menos frustrada con su trabajo.

Está bien, puede que no sea el trabajo de tu vida, pero paga tus deudas, tu nivel de vida, te da prestigio entre tus conocidos, te permite estar fuera de casa muchas horas, paga tus vacaciones, te permite realizarte como persona o ayudar a otros, contribuir al mundo de alguna manera. Cualquiera de esas motivaciones es valiosa en sí misma, una vez que sabes para qué te levantas de la cama cada día.

Cuando empezamos en un nuevo trabajo estamos llenos de expectativas. El salario es bueno, el puesto es lo suficientemente retador, lo contamos a parientes y amigos. Nos sentimos realizados... por un tiempo.

Unos meses más tarde, la realidad toma su lugar. Empezamos a relacionarnos con nuestros compañeros, tenemos que hacernos un sitio en la organización, descubrimos las partes "feas" del trabajo, los jefes vuelcan sus expectativas sobre nosotros, y el nivel de satisfacción comienza a descender en pocos meses. Poco a poco comienza a ser más difícil levantarse por las mañanas y los domingos por la tarde nos encontramos de mal humor sin motivo aparente.

Lo que pasa es que hemos perdido de vista la razón por la que empezamos este trabajo. Porque era un paso ascendente en nuestra carrera, porque era una empresa con proyección, por el dinero, porque estába cerca de casa, porque era un trabajo "puente" a la espera de otro mejor... etc. Rápidamente olvidamos los beneficios iniciales del trabajo por los que lo elegimos.

La propuesta es que hagas una profunda reflexión sobre si de verdad estás tan mal en este puesto. Si la respuesta es sí, la solución es cambiar de trabajo o al menos depositar tu energía en encontrar otro trabajo, no en cambiar a tu jefe o a tus compañeros o a tus clientes.

Pero sobre todo, deja de quejarte y pon manos a la obra. Dedica el tiempo y el esfuerzo suficiente en tu puesto actual para no ser despedido. Te ayudará tener presente que antes o después ya no estarás allí por más tiempo. Ten paciencia y entrega tu energía a lo nuevo. No la malgastes con la queja que te llevará a entrar en un círculo de insatisfacción permanente que afectará a otras áreas de tu vida.

Pero si después de analizar profundamente los pros y los contras de tu puesto, decides quedarte, por la situación del mercado laboral, porque llevas muchos años en el mismo puesto, porque no quieres renunciar a la indemnización, ... por las razones que sean, sobre todo ¡deja de quejarte!. Al final, continuar con este trabajo es lo que TÚ has elegido para ti.

De todos modos, si tu decisión final es quedarte, no está todo perdido. No es necesario que te resignes a una vida de sufrimiento. Estos tres sencillos pasos te ayudarán no solo a sobrevivir en un puesto que aborreces, sino a conseguir estar satisfecho con tu trabajo. ¿No te lo crees?. Pruébalo:

1. Ten presente por qué estás allí. Escribe en un papel los pros de este trabajo y léelo cada vez que te entre bajón laboral, los domingos por la tarde, los lunes por la mañana, antes de la reunión de tres horas con tu jefe, cada vez que recibas una queja injustificada, cada vez que alguien no cumpla con su trabajo y pagues tú las consecuencias. Que sea tu mantra: "Yo elijo estar en este trabajo por mi propio interés, porque me ofrece... y además me proporciona ... y ... Esto hace que merezca la pena estar aquí".

2. Haz algo con los contras. Seguro que si le dedicas 10 minutos encuentras 3 ideas para solucionar algunos de los contras de tu lista, sobre todo los que dependan de ti, pero también los que no. Si no soportas a tus compañeros pide un traslado, aunque sólo sea a otra mesa que te mantenga alejado físicamente de sus comentarios, si el salario es bajo haz un plan para pedir un aumento, si estás aburrido de hacer siempre lo mismo pide participar en algún proyecto que esté en marcha en la empresa (esto además te dará puntos para pedir el aumento), etc. Seguro que si lo piensas un poco te salen más. Pero si tu voz interior te sigue diciendo en tono despreciativo "para qué... no merece la pena... no se lo merecen..." entonces lee el siguiente punto.

3. Trabaja para ti, para nadie más. Al contrario de lo que siempre te han dicho, no trabajas para tu empresa, no trabajas para tu jefe, no trabajas compañeros, no trabajas para tus clientes, TRABAJAS PARA TI, para alcanzar todo aquello que este trabajo te proporciona. Imagina que solamente trabajases para ti, para tu propia satisfacción personal. Ponte tus propios objetivos semanales y cúmplelos. Fija un estándar de trabajo que sea retador para ti. Simplemente haz un buen trabajo bajo tu criterio. En última instancia, tu satisfacción personal es lo que cuenta. Nunca puede llover a gusto de todos. Además, si tus resultados mejoran, tu autoestima crecerá, te hará más visible para posibles promociones (y perder de vista a tu jefe y alguno de tus compañeros), serás más competente (con lo que tendrás más fuerza a la hora de exigir) y tu jefe estará mucho más contento (si es que eso dependió alguna vez de ti). Todo son ventajas.

Pero lo más importante es que, si sigues estos pasos, estarás más satisfecho contigo mismo. Eso, no tiene precio.

 

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TEST - ¿Qué tan tímido eres?

 

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Cuando se nos pide que evaluemos nuestra propia capacidad para ser sociables, normalmente, los resultados son muy diferentes a los que dan sobre nosotros otras personas que nos conocen. Muchas veces nos consideramos a nosotros mismos tímidos o introvertidos, aunque que nuestro entono no opinaría lo mismo.

Para algunos científicos, las personas tímidas o cohibidas tienden a considerarse a sí mismas rechazadas si alguien en un entorno social les rechaza. Si hacen alguna consideración que no es bien recibida sienten que han fracasado, en lugar de considerar a la audiencia como poco receptiva. Otra característica común es que, si se les hace enojar, reaccionan con mayor emotividad que otras personas más extrovertidas.

Éstas son personas consideradas por los teóricos con un alto grado de cohibición o timidez. Esta timidez puede representarse de dos formas: la pública y la privada. La privada es la conciencia de uno mismo o introversión. Afecta a la capacidad de centrarse en el estado interno, disposición de ánimo y motivación personal. La otra forma de timidez es la cohibición pública, que se refiere a la percepción de cumplimiento de las perspectivas y evaluaciones de los demás. Esta última podría degenerar en ansiedad o angustia social, es decir, una sensación frecuente de temor por las opiniones y reacciones de las demás personas respecto a uno mismo en una situación social.

Te proponemos una sencilla autoevaluación del nivel de cohibición o timidez. Sin ánimo de ser exhaustivo o de ser utilizado como una forma de diagnóstico, que debería ser proporcionada por un profesional de la psicología, su propósito es meramente orientarte y darte algunas pistas sobre tu nivel de timidez. 

AUTOEVALUACIÓN: Inventario de la cohibición o timidez

Contesta las siguientes preguntas para determinar tu grado de timidez pública, tu grado de timidez privada o personal y tu grado de ansiedad o angustia social. Al finalizar la "autoevaluación" suma los puntos como se muestra en el recuadro de resultados o puntuación.

1. En una reunión te presentan a una joven. Ella menciona que trabaja en un hospital. Le preguntas si es enfermera. Ella se sonroja y responde que es doctora. Tú:

a) te turbas sobremanera debido a tu torpeza social
b) su desconcierto te divierte, y/o evalúas a la joven como una persona insegura

2. ¿Pasas mucho tiempo tratando de discernir la razón por la que escogiste tu profesión, pensando por qué das dinero a algunas personas en la calle y a otras no, y en general sobre los motivos que tienes para actuar de la forma en que lo haces?

a) sí, mucho
b) Rara vez

3. Cuando vas de compras al supermercado ¿te agrada charlar con el personal, aunque no les conozcas?

a) Rara vez
b) Con frecuencia

4. ¿Pasas mucho tiempo tratando de entenderte a ti mismo?

a) Sí, mucho
b) No, es una pérdida de tiempo

5. Cuando caminas por una zona comercial, ¿te contemplas en los cristales de los aparadores por donde pasas?

a) Sí, con frecuencia
b) No

6. ¿Piensas mucho en la imagen que proyectas en los demás?

a) Sí
b) No, eso no es importante para mi

7. ¿Pasas mucho tiempo tratando de deducir los orígenes de los aspectos de tu personalidad o comportamiento que hacen que seas menos feliz o tengas menos éxito del que de otra forma tendrías?

a) Sí
b) No

8. ¿Con frecuencia te preocupas o angustias cuando tienes que hablar frente a grupos numerosos?

a) Sí
b) No

9. Cuando sales de tu casa ¿te miras al espejo antes de abrir la puerta?

a) Sí
b) No

10. ¿Con frecuencia te preocupa el dejar una buena impresión en los otros?

a) Sí
b) No

11. Cuando se presenta una situación nueva ¿te sientes con frecuencia tímido o inhibido al inicio?

a) Sí, y me toma algún tiempo superarlo
b) No, ¿qué caso tiene?

12. Por lo general, estoy consciente de los cambios en mi estado de ánimo

a) Sí
b) No lo creo

Resultado

Para conocer tu grado de Inhibición personal o timidez, suma dos puntos cada vez que hayas respondido a) en las preguntas 2, 4, 7 y 12

Nivel alto = 6-8 puntos
Nivel medio= 4 puntos
Nivel bajo= 0-2 puntos

Para conocer tu grado de Inhibición o timidez pública, suma dos puntos cada vez que hayas respondido a) en las preguntas 5, 6, 9 y 10

Nivel alto = 6-8 puntos
Nivel medio= 4 puntos
Nivel bajo= 0-2 puntos

Para conocer tu grado de Preocupación o ansiedad social, suma dos puntos por cada vez que hayas respondido a) en las preguntas 1, 3, 8 y 11

Nivel alto = 6-8 puntos
Nivel medio= 4 puntos
Nivel bajo= 0-2 puntos

 

(fuente: Ejercicios Inteligentes. David Gamon, Ph. D. y Allen D. Bragdon)

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La vida es un lienzo en blanco

 

Depende de ti. La vida en sí misma es un lienzo en blanco, se convierte en cualquier cosa que tú pintes en él. Puedes pintar infelicidad, puedes pintar felicidad. Esta libertad es tu gloria.

 

painting


Puedes usar esta libertad de tal forma que toda tu vida se convierta en un infierno, o de tal manera que tu vida se convierta en algo bello, en una bendición, en felicidad, en algo paradisíaco. Todo depende de ti. El hombre tiene toda la libertad. Por eso hay tanta agonía, porque la gente no sabe qué pintar en el lienzo.


Se te ha dejado que lo hagas tú: ésa es la gloria del hombre. Ese es uno de los mayores regalos que Dios te ha hecho. Ningún otro animal ha recibido el regalo de ser libre, todo animal recibe un programa ya fijado. Todos los animales excepto el hombre, están programados. Un perro está destinado a ser perro, y para siempre será un perro; no le es posible ser otra cosa, no hay libertad. Está intrínsecamente programado. El programa está ahí; simplemente seguirá el programa: será un perro. No hay elección para él, no tiene alternativas. Es una entidad absolutamente fija.


Excepto para el hombre, todo está programado. La rosa tiene que ser rosa, el loto tiene que ser loto, el pájaro tendrá alas, el animal caminará a cuatro patas.


El hombre es totalmente libre: ésa es la belleza del hombre, su gloria. El inmenso regalo de Dios es la libertad. Tú no fuiste programado, no llevas incorporado un programa fijo. Tienes que crearte a ti mismo, tienes que ser auto creativo. Así que todo depende de ti. Puedes convertirte en un Buda, en un Bahaudin, o puedes convertirte en un Adolfo Hitler, en un Benito Mussolini. Puedes convertirte en un asesino o en un meditador. Tú puedes elegir entre transformarte en un magnífico florecer de la consciencia, o convertirte en un robot.

Pero recuerda, tú eres el responsable y sólo tú, nadie más que tú.


Un optimista es un hombre que se acerca por la mañana a la ventana y dice: "¡Buenos días, Dios!" Un pesimista es el que va a la ventana y dice: "¡Dios mío! ¿Ya es de día?" Todo depende de ti. Es la misma mañana, quizás la misma ventana, quizás el pesimista y el optimista se alojan en el mismo cuarto, todo depende. ¡Pero qué diferencia cuando dices:"¡ Buenos días, Dios!" y cuando dices: " ¡ Dios mío! ¿Ya es de día?"!

He oído una antigua parábola sufí.

Dos discípulos de un gran Maestro paseaban por el jardín de la casa del Maestro. Se les permitía caminar por él cada día, mañana y tarde. Este paseo era una especie de meditación, una meditación caminando, tal como lo hace la gente zen. No puedes estar sentado durante veinticuatro horas, las piernas necesitan un poco de movimiento, la sangre necesita algo de circulación, así que tanto en el zen como en el sufismo, se medita algunas horas sentado y luego se medita caminando. Pero la meditación continúa, caminando o sentado, la corriente interna sigue siendo la misma.


Ambos eran fumadores. Ambos querían pedirle al maestro permiso para fumar, así que los dos decidieron: "Mañana. A lo sumo dirá "no", pero se lo preguntaremos. De todos modos no parece que fumar en el jardín sea un sacrilegio; no estaremos fumando en su casa".
Al día siguiente se encontraron en el jardín. Uno estaba furioso, furioso porque el otro estaba fumando, y le dijo: ," ¿Qué pasó? Yo también se lo pregunté, pero sencilla y llanamente rehusó y dijo que no. ¿Y tú estás fumando? ¿No estás respetando sus órdenes?" El otro le contestó: "Es que a mí me dijo "sí"" Esto les pareció una injusticia. Y entonces dijo el primero dijo: "Iré inmediatamente a averiguar por qué a mí me dijo que no y a ti que sí".


"Espera un minuto", dijo el otro. "Por favor dime cómo se lo pediste".


"¿Qué cómo se lo pedí? Le pedí algo muy simple: ¿Puedo fumar mientras medito? Y él contestó: "¡No!", y se le veía muy enojado".
El otro empezó a reír y dijo: "Ahora ya sé lo que pasó. Yo le pregunté: ¿Puedo meditar mientras fumo? , y él me dijo: "Sí" ".
Todo depende. Sólo una pequeña diferencia y la vida se convierte en algo totalmente diferente. Ahora bien, hay una gran diferencia; preguntar, "¿Puedo fumar mientras medito?" es incorrecto feo, pero "¿Puedo meditar mientras fumo?", está perfectamente bien. ¡Muy bien! Por lo menos estarás meditando.


La vida no es infelicidad ni felicidad. La vida es un lienzo en blanco y uno tiene que ser verdaderamente artista en este asunto.


Un vagabundo llamó a la puerta de una hostería llamada "Jorge y el Dragón".
—"¿Te sobraría un bocado para un pobre hombre?", le preguntó a la mujer que abrió la puerta.
—"¡No!" gritó ella, dando un portazo.
Unos minutos más tarde el vagabundo volvió a insistir.
La misma mujer abrió la puerta.
—"¿Me podrías dar un bocado para comer?", dijo él.
—"¡Vete de ahí, inútil!" le gritó la mujer. "¡Y no se te ocurra volver nunca más!"
A los pocos minutos el vagabundo volvió a golpear la puerta. La mujer se asomó a la puerta.
—"Perdón", dijo el vagabundo, "pero, ¿podría esta vez hablar con Jorge?".

La vida es la posada llamada "Jorge y el Dragón". También tú puedes pedir hablar con Jorge.

 

Osho, Vida, amor y risa


 

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