Coaching Online y en México DF - Displaying items by tag: gestión del tiempo Factoría de Inspiración

El éxito no da la felicidad

 

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Párate a pensar en un momento, cuándo fue la última vez que fuiste feliz. ¿Qué ocurrió? ¿Qué estaba pasando? ¿Qué había de diferente? Quizá estabas con una persona nueva, habías conseguido un ascenso, alguien te había hecho un reconocimiento. ¿Recuerdas si había esfuerzo, lucha, o dificultad? Creo que no.

La felicidad no funciona así, el esfuerzo y la lucha generan tensión, estrés, ansiedad. Es muy importante tener una meta en la vida, un motivo para vivir, esto es lo que realmente genera felicidad. ¿Tienes un verdadero motivo para vivir?

Cuando alcanzamos una meta, sentimos felicidad, exaltación, satisfacción, como quieras llamarle. Pero ¿cuánto dura esa sensación? Pareciera que una vez que alcancemos el éxito en algo, seremos felices para el resto de nuestras vidas: cuando apruebe la oposición ¿a cuántos funcionarios verdaderamente felices conoces?; cuando Miguelito me ame, cuando me promocionen, cuando acabe de pagar la hipoteca, cuando consiga otro trabajo.

El asunto es que la felicidad que deriva la consecución de una meta es siempre temporal. No dura para siempre. Nuestra voz interior en seguida nos indicará una meta más lejana, con otra promesa de la felicidad. "Ahora sí seré feliz". ¿Y qué pasa entonces? que el trabajo no es como esperaba, resulta que Miguelito no es tan genial como pensaba, en este nuevo puesto tengo que trabajar más horas y no veo a mi familia...

Entonces surge una nueva promesa de felicidad: cuando monte mi propia empresa, cuando me divorcie seré feliz, cuando tenga una nueva pareja seré más feliz... y por qué no decir una de las más populares: cuando me jubile seré feliz. Lo malo de esta última es que cuando finalmente nos jubilamos nos damos cuenta de que aun así no somos felices. Es por esto que a muchas personas, poco después de jubilarse, se les presenta una enfermedad grave y mueren. ¿Te suena esta historia?.

Es el juego de perseguir la zanahoria. Utilizamos como motivador una felicidad futura que nunca llega. Vivimos como los hámsteres corriendo en la rueda, más y más deprisa, en una trampa sin fin. Y después, ¿qué pasa después? Que la vida se acaba.

¿Qué podemos hacer entonces?. Pues empecemos por abandonar la zanahoria. Pero cuidado, la zanahoria no es la meta, es el resultado. Tengamos una motivación, auténtica, verdadera por la que vivir. No es el apego a la meta, sino el apego al resultado lo que impide nuestra felicidad.

Además, se realista por un momento, el resultado NUNCA dependió de ti. Entonces, ¿Tengo que dejar de hacer todo lo que esté en mi mano para conseguir la meta? Por supuesto que no. El seguimiento de la meta es tu trabajo, tu misión. Si no pones toda la carne en el asador, difícilmente conseguirás lo que quieres, aunque podrías conseguirlo. Cómo lo hagas es tu elección. Pero, en cualquier caso, el resultado nunca dependió de ti.

Como dijo Claudio Coelho en el Alquimista, somos como ese malabarista en medio de la plaza que, con sólo dos manos, solamente puede manejar dos de los malabares al mismo tiempo. Necesariamente, en el momento adecuado, se tiene que aventurar y lanzar graciosamente el resto de los malabares al cielo, confiando en que describan su figura en el aire y caigan de vuelta en sus manos, para volver a ser lanzados en un juego sin fin.

¿Y tiene que entrenar el malabarista? Por supuesto. ¿Tiene que poner todo su esfuerzo y luchar por dar el toque maestro a su ejercicio? Creo que no. Un magnífico trabajo depende más de la dedicación, la perseverancia y el amor que se le entregue, que al esfuerzo, la lucha y la ansiedad. ¿Cómo puedes amar algo que te quita en lugar de darte? ¿Cómo puede estar tu trabajo marcado por tu excelencia si no le pones lo mejor de ti? ¿Y qué es lo mejor de ti? Tu esencia. Tu amor.

Cuando pones todo de ti en lo que haces, lo sabes porque se da un sentimiento de disfrute, el tiempo parece detenerse, la sensación de ti mismo desparece. Fluyes. Esos momentos cumbre son los que nos realizan, los que nos llenan de satisfacción, de amor, nos llenan, no nos vacían, somos capaces de todo. Ahora sí. Esto es.

Si analizas estas experiencias, en lo que se diferencian de las otras, las del esfuerzo y la lucha, no es el resultado final. No son los 'qué' alcanzas, sino los 'cómo' los alcanzas. Es el camino, lo que pones en tu vida, cómo decides vivirla, cómo alcanzas tus metas lo que te aporta felicidad. No sólo en el resultado, sino en el camino.

La felicidad no puede estar en el futuro, porque el futuro no existe. Lo único que existe es el ahora, ahora y ahora y ahora.... Es este momento el único que siempre tendrás. ¿Qué tendría que pasar para que fueras feliz ahora? En tu mundo, según lo vives en este momento, tendrías que estar consiguiendo algo permanentemente. Pero la vida no funciona así.

Imagina el momento más importante de tu vida. El momento en el que no te quedarán ya más momentos. Cuando seas consciente de que ese momento ha llegado y te hagas la pregunta ¿he sido feliz? ¿de qué momentos te acordarás? Llena tu vida AHORA de esos momentos. No lo dejes para mañana, porque el mañana nunca llega. Sólo existe el ahora...

 

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El círculo del 99

 

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Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente. El sirviente del rey triste, era muy feliz. El rey estaba como loco. No conseguía explicarse como el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de sobras de los cortesanos.

Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó lo que sucedía.

- ¿Por qué él es feliz?
- Ah, majestad, lo que sucede es que el está fuera del círculo.
- ¿Fuera del círculo?
- Así es.
- ¿Y eso lo hace feliz?
- No, Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
- A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.
- Así es.
- Y él no está. ¿Y cómo salió?
- ¡Nunca entró!
- ¿Que círculo es ese?
- El círculo del 99.
- Verdaderamente no entiendo nada.
- La única manera para que entiendas, sería mostrartelo en los hechos.
- ¿Cómo?
- Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
- Eso, obliguémoslo a entrar.
- No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, el entrará solito, solito.
- ¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
- Sí, se dará cuenta.
- Entonces no entrará.
- No lo podrá evitar.
- Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y ¿de todos modos entrará en él y no podrá salir?
- Tal cual Majestad. ¿Estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?
- Si.
- Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más, ni una menos, ¡¡¡99!!!
- ¿Qué más? ¿Llevo a los guardias por si acaso?
- Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.
- Hasta la noche.

Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron al alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía: "ESTE TESORO ES TUYO. ES EL PREMIO POR SER UN BUEN HOMBRE. DISFRÚTALO Y NO CUENTES A NADIE COMO LO ENCONTRASTE" y la dejó en la puerta del sirviente.

El sirviente agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra su pecho, miró hacia todos lados y entró a su casa. Él, que nunca había tocado una de esas monedas, tenía hoy una montana de ellas para él. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacia brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacia pilas de monedas: Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis... mientras sumaba 10, 20, 30, 40, 50 60... hasta que formó la ultima pila: ¡¡¡9 monedas!!!.
Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa. "No puede ser", pensó. ¡Me robaron! gritó.

Me robaron, ¡¡malditos!!. "99 monedas. Es mucho dinero", pensó. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un numero completo - pensaba - Cien es un numero completo pero noventa y nueve, no.

El rey y su asesor miraban la escena por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se le habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que asomaban sus dientes.

El sirviente guardo las monedas en la bolsa, la escondió entre la leña y se sentó a hacer cálculos.

¿Cuanto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda numero cien? Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro para conseguirla.

Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas un hombre es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el calculo.
Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario. Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. El mismo, después de todo, terminaba su tarea en el palacio a las cinco de la tarde, podria trabajar hasta la noche. Sacó las cuentas sumando esas extras, en siete años reuniría el dinero.

Y así siguió durante horas haciendo sus cálculos ... El rey y el sabio volvieron al palacio. ¡¡¡¡El paje había entrado en el círculo del 99!!!!

Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando y de pocas pulgas.

- ¿Qué te pasa? - preguntó el rey de buen modo.
- Nada me pasa, nada me pasa.
- Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.
- Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?

No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.

Todos nosotros hemos sido educados con esta ideología: Siempre nos falta algo para estar completos y solo completos se puede gozar de lo que se tiene. Por lo tanto, nos enseñaron, la felicidad deberá esperar a completar lo que falta. Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida.

Pero que pasaría si la iluminacion llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe que nuestras 99 monedas son el cien por ciento del tesoro, que no nos falta nada, que nadie se quedó con lo nuestro, que nada tiene de más redondo cien que noventa y nueve, que esta es solo una trampa, una zanahoria puesta frente a nosotros para que jalemos del carro, cansados, malhumorados, infelices o resignados. Una trampa para que nunca dejemos de empujar y que todo siga igual... ¡eternamente igual! Cuántas cosas cambiarían si pudiéramos disfrutar de nuestros tesoros tal como están. Pero ojo, reconocer en 99 un tesoro no quiere decir abandonar los objetivos. No quiere decir conformarse con cualquier cosa.

Porque ACEPTAR es una cosa y RESIGNARSE es otra...

Pero eso es parte de otro cuento...

 

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Acaba con tu insatisfacción laboral

 

2034-Businessman-working-on-the-currency-chart-line¿Para qué trabajas? ¿Alguna vez te has hecho esa pregunta? ¿Qué es lo que te levanta cada mañana? ¿La hipoteca, tus vacaciones anuales, el colegio de tus hijos, las deudas...?

El trabajo es siempre un medio para algo más. Pero ¿un medio para qué? No es tu trabajo lo importante, lo importante es el motivo por el que trabajas. Normalmente, cuando una persona tiene claro para qué trabaja, se siente menos frustrada con su trabajo.

Está bien, puede que no sea el trabajo de tu vida, pero paga tus deudas, tu nivel de vida, te da prestigio entre tus conocidos, te permite estar fuera de casa muchas horas, paga tus vacaciones, te permite realizarte como persona o ayudar a otros, contribuir al mundo de alguna manera. Cualquiera de esas motivaciones es valiosa en sí misma, una vez que sabes para qué te levantas de la cama cada día.

Cuando empezamos en un nuevo trabajo estamos llenos de expectativas. El salario es bueno, el puesto es lo suficientemente retador, lo contamos a parientes y amigos. Nos sentimos realizados... por un tiempo.

Unos meses más tarde, la realidad toma su lugar. Empezamos a relacionarnos con nuestros compañeros, tenemos que hacernos un sitio en la organización, descubrimos las partes "feas" del trabajo, los jefes vuelcan sus expectativas sobre nosotros, y el nivel de satisfacción comienza a descender en pocos meses. Poco a poco comienza a ser más difícil levantarse por las mañanas y los domingos por la tarde nos encontramos de mal humor sin motivo aparente.

Lo que pasa es que hemos perdido de vista la razón por la que empezamos este trabajo. Porque era un paso ascendente en nuestra carrera, porque era una empresa con proyección, por el dinero, porque estába cerca de casa, porque era un trabajo "puente" a la espera de otro mejor... etc. Rápidamente olvidamos los beneficios iniciales del trabajo por los que lo elegimos.

La propuesta es que hagas una profunda reflexión sobre si de verdad estás tan mal en este puesto. Si la respuesta es sí, la solución es cambiar de trabajo o al menos depositar tu energía en encontrar otro trabajo, no en cambiar a tu jefe o a tus compañeros o a tus clientes.

Pero sobre todo, deja de quejarte y pon manos a la obra. Dedica el tiempo y el esfuerzo suficiente en tu puesto actual para no ser despedido. Te ayudará tener presente que antes o después ya no estarás allí por más tiempo. Ten paciencia y entrega tu energía a lo nuevo. No la malgastes con la queja que te llevará a entrar en un círculo de insatisfacción permanente que afectará a otras áreas de tu vida.

Pero si después de analizar profundamente los pros y los contras de tu puesto, decides quedarte, por la situación del mercado laboral, porque llevas muchos años en el mismo puesto, porque no quieres renunciar a la indemnización, ... por las razones que sean, sobre todo ¡deja de quejarte!. Al final, continuar con este trabajo es lo que TÚ has elegido para ti.

De todos modos, si tu decisión final es quedarte, no está todo perdido. No es necesario que te resignes a una vida de sufrimiento. Estos tres sencillos pasos te ayudarán no solo a sobrevivir en un puesto que aborreces, sino a conseguir estar satisfecho con tu trabajo. ¿No te lo crees?. Pruébalo:

1. Ten presente por qué estás allí. Escribe en un papel los pros de este trabajo y léelo cada vez que te entre bajón laboral, los domingos por la tarde, los lunes por la mañana, antes de la reunión de tres horas con tu jefe, cada vez que recibas una queja injustificada, cada vez que alguien no cumpla con su trabajo y pagues tú las consecuencias. Que sea tu mantra: "Yo elijo estar en este trabajo por mi propio interés, porque me ofrece... y además me proporciona ... y ... Esto hace que merezca la pena estar aquí".

2. Haz algo con los contras. Seguro que si le dedicas 10 minutos encuentras 3 ideas para solucionar algunos de los contras de tu lista, sobre todo los que dependan de ti, pero también los que no. Si no soportas a tus compañeros pide un traslado, aunque sólo sea a otra mesa que te mantenga alejado físicamente de sus comentarios, si el salario es bajo haz un plan para pedir un aumento, si estás aburrido de hacer siempre lo mismo pide participar en algún proyecto que esté en marcha en la empresa (esto además te dará puntos para pedir el aumento), etc. Seguro que si lo piensas un poco te salen más. Pero si tu voz interior te sigue diciendo en tono despreciativo "para qué... no merece la pena... no se lo merecen..." entonces lee el siguiente punto.

3. Trabaja para ti, para nadie más. Al contrario de lo que siempre te han dicho, no trabajas para tu empresa, no trabajas para tu jefe, no trabajas compañeros, no trabajas para tus clientes, TRABAJAS PARA TI, para alcanzar todo aquello que este trabajo te proporciona. Imagina que solamente trabajases para ti, para tu propia satisfacción personal. Ponte tus propios objetivos semanales y cúmplelos. Fija un estándar de trabajo que sea retador para ti. Simplemente haz un buen trabajo bajo tu criterio. En última instancia, tu satisfacción personal es lo que cuenta. Nunca puede llover a gusto de todos. Además, si tus resultados mejoran, tu autoestima crecerá, te hará más visible para posibles promociones (y perder de vista a tu jefe y alguno de tus compañeros), serás más competente (con lo que tendrás más fuerza a la hora de exigir) y tu jefe estará mucho más contento (si es que eso dependió alguna vez de ti). Todo son ventajas.

Pero lo más importante es que, si sigues estos pasos, estarás más satisfecho contigo mismo. Eso, no tiene precio.

 

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La excelencia es... según Tom Peters

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La Excelencia es la mejor defensa.

La Excelencia es el mejor ataque.

La Excelencia es la respuesta cuando las cosas van bien.

La Excelencia es la respuesta cuando las cosas van mal.

La Excelencia es para lo grande.

La Excelencia es para lo pequeño.

La Excelencia es una relación.

La Excelencia es una filosofía.

La Excelencia es una aspiración.

La Excelencia es ilimitada.

La Excelencia es una valoración útil.

La Excelencia es ejecución.

La Excelencia es egoísta.

La Excelencia es generosa.

La Excelencia es lo que no te deja dormir.

La Excelencia es un objetivo variable.

La Excelencia es todo aquello que no tiene... límites.

La EXCELENCIA. Siempre.

Si no es la EXCELENCIA, ¿qué?

Si no es la EXCELENCIA ahora, ¿cuándo?

 

Tom Peters, Las pequeñas grandes cosas


 

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TEST - La autoestima y la relación con los otros

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La forma en la que nos vemos y nos valoramos a nosotros mismos o autoestima, depende en gran medida de cómo nos relacionamos con los demás. 

Una infancia basada en el rechazo de nuestros semejantes, puede marcar un percepción de sí mismo del niño de poca valía que puede acompañarle por el resto de su vida. Asimismo, un "fracaso" laboral o matrimonial, puede hacer tambalear nuestros propios cimientos poniendo en duda, no solo nuestras capacidades, sino nuestra percepción de valía.

Eric Berne, fundador del Análisis Transacional, describió cuatro formas de comprender el modo en que nos situamos frente a los demás y que son reflejo directo de nuestro nivel de autoestima. Las denominó "Las posiciones de vida" y dependen de las imagen que tenemos de nosotros mismos, de los demás y de las relaciones que tenemos con ellos. De ellas, tres revelan algún tipo de minusvaloración en la propia autoestima.

Te proponemos un ejercicio de autodiagnóstico sobre tus posiciones de vida*. A Continuación encontrarás una descripción de las cuatro posiciones de vida según Eric Berne.

En cada una de las 8 cuestiones siguiente referidas a tu vida profesional, reparte 10 puntos en función de la frecuencia con la que actúas de esa manera:

1. Estilo de mando

a) Me justifico, me defiendo, a veces critico, a veces me protejo.

b) Utilizo el control y la persuasión. No dudo en presionar.

c) Ayudo a las personas. Mi simpatía me ayuda a ser aceptado.

d) Informo, propongo ocasiones de desarrollo, analizamos juntos los problemas y las oportunidades.

2. Consideración de los problemas

a) Intento eludirlos, me dan igual.

b) Me mantengo en los objetivos y también en la calidad del trabajo de cada uno.

c) Me preocupa sobre todo mantener los objetivos.

d) Actúo de modo que todos estén satisfechos

3. Actitud ante las reglas

a) Para mi, las reglas son sólo reglas, eso es todo.

b) Las reglas son algo bueno. Hago incapié en que se sigan.

c) Son reglas de conducta. Son útiles, pero no debemos ser sus prisioneros.

d) Pienso que debemos esforzarnos en seguirlas.

4. Opinión sobre los conflictos

a) Los conflictos pueden ser útiles. Muchas veces resultan ocasiones para progresar.

b) No me gustan nada los conflictos, pues dañan las relaciones.

c) Creo que primero hay que pensar en el trabajo y no arreglar el mundo.

d) No son asunto mío.

5. Reacción a la cólera

a) No me gusta enferntarme a la cólera, me resulta lamentable.

b) Me convierte en alguien muy desagradable y desconfiado.

c) En ese caso, provoco una buena confrontación.

d) No me gusta la gente que se encoleriza, pues luego rumio mi rencor.

6. Actitud hacia el superior

a) Observo perfectamente sus puntos débiles y a veces lo critico.

b) Lo hago todo lo mejor que puedo. Espero que se me valore.

c) Cada uno con su tarea.

d) Discutimos, intercambiamos pareceres, negociamos.

7. Humor

a) Hago reír a mi costa.

b) Practico la ironía desilusionada.

c) Sé encontrar la palabra que libera y distiende.

d) Mi humor es cáustico y mordaz.

8. Actitud de base

a) ¡Haré que vayas!

b) ¡Voy contigo!

c) ¡Hay que ir allí!

d) ¡Ir aquí o allí!

Los resultados

Sitúa en el cuadro los puntos que le hayas dado a cada posición.

Posiciones                                       (++)   (+-)   (-+)   (--)

1. Estilo de mando                            d__    b__    c__   a__

2. Consideración de los problemas     b__    c__    d__   a__

3. Actitud hacia el superior                c__    b__    d__   a__

4. Opinión sobre los conflictos           a__    c__    b__   d__

5. Reacción a la cólera                     c__    d__    a__   b__

6. Actitud hacia el superior               d__    a__    b__   c__

7. Humor                                        c__    d__    a__   b__

8. Actitud de base                           b__    a__    c__   d__

PUNTUACIÓN TOTAL                     ___    ___    ___   ___

RESULTADOS:

En general, todos tenemos una posición dominante y una segunda posición que adoptamos en situaciones de estrés. Consulta cuál de las posiciones de vida mantienes, según Berne. 

1. No me acepto, pero acepto a los demás (- +)

Esta posición es resultante de dificultades en la infancia: modo de educación en exceso permisivo y sobreprotector o demasiado rígido o exigente. Una vez adulto, este individuo no confía en sí mismo ni tampoco en los demás. Admira a los otros y se cree incapaz de hacer lo que ellos hacen. Muy a menudo padece ansiedad y a veces es depresivo.

2. Me acepto, pero no acepto a los demás (+ -)

Cuando un niño no ha tenido la seguridad y el apoyo necesario para un crecimiento armonioso, y ha debido "luchar para existir", sucede que, una vez adulto, se hace duro y depreciativo hacia los demás. Eso también puede ocurrir cuando al niño no se le han puesto límites con firmeza y a la vez con tacto. Crece entonces "a la buena de Dios" y llega a tratar a los demás como si fuesen esclavos a su servicio. Este comportamiento puede parecer a primera vista como de "alta autoestima", lo que no es el caso. Se trata de una actitud que revela una profunda perturbación de la autoestima.

3. No me acepto ni acepto a los demás (- -)

Esta posición refleja una seria falta de autoestima. "¿Y esto para qué sirve?", "de todos modos me van a engañar", "¿por qué todo el mundo va contra mi?", "no vale la pena intentarlo", "todos son idiotas". Estas personas almacenan en su interior mucho odio contra el mundo en general. No le ven sentido alguno a su vida. Este comportamiento puede parecer a primera vista de "alta autoestima", lo que no es el caso. Se trata de una actitud que delata una profunda perturbación de la autoestima.

4. Me acepto, reconozco mi valor y acepto a los demás reconociéndoles el suyo (+ +)

Estas personas tiene una autoestima excelente. Su diálogo interior es positivo. Frente a un nuevo reto, su vocecilla interior les dice: "¡Lo vas a conseguir, tú puedes, venga!". Para quienes viven en esta posición, les es posible vivir plenamente aceptándose con sus sombras y sus luces, siendo capaces de abrirse, de escuchar y de ser realistas.

 

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Foto cortesía de http://dryicons.com

 

*Test extraído de CHALVIN, Dominique, et alii, Analyse Transactionnelle et relations de travail, Ed. ESF, 1979

 

 

 

 

La madurez puente entre la mediocridad y la excelencia

Definitivamente, lo que diferencia a un empresario o un empleado-emprendedor de un empleado, empresario o directivo mediocre es su nivel de madurez, que se refleja en su manera de pensar, sentir y actuar.

CULPAR

Dicho de otra manera, un empresario no puede tener la madurez de un niño al emprender o dirigir su empresa. El niño está orientado hacia el exterior y es un ser dependiente. Sabe que hay una persona que cuida de él, que tomará las decisiones por él, que hará o no lo que él debería hacer y que tiene la culpa de lo que le sucede. Esto se manifiesta en típicas expresiones infantiles como: "el profesor me tiene manía, él tiene la culpa", "mi papá tuvo la culpa de lo que nos pasó" y trasladadas al mundo de los adultos: "mi jefe me odia, tiene la culpa de que yo sea tan infeliz", "mi esposa nunca me presta atención", "los vendedores no hacen su trabajo, por eso nada funciona".

El estado emocional de dependencia nos alejará del mayor de todos los tesoros: la capacidad de cambiar. Mirar hacia dentro y escoger nos permite movernos y adaptarnos, observar qué debemos cambiar, qué no está funcionando en nosotros y qué nos detiene. Hoy no es el más grande el que se come al más pequeño, sino que es el más veloz el que se come al más lento.

ASUMIR

La madurez de un adulto está orientada hacia su interior, le permite reconocer que ya no hay nadie que haga o deje de hacer las cosas por nosotros. El signo más claro de este estado es la conciencia de que podemos escoger. Cualquiera que sea la situación en que nos encontremos, podemos escoger traspasando la frontera del miedo o la pereza. Podemos escoger y, no sólo eso, lo que es más importante, sabemos que siempre seremos los responsables de nuestras decisiones. Pensar de esta manera permite averiguar qué debe cambiar. El cambio es la única manera de mantenernos al día. Si sólo se buscan los errores y las fortalezas fuera, nunca se puede cambiar.

Una persona madura parte de un estado de madurez llamado independencia para iniciar sus proyectos. No funcionan en el estado de dependencia. La dependencia nos lleva a culpar y la culpa a la frustración y el odio. Sin embargo, una vez situados en la independencia, podemos dar un paso más y entregarnos a la sabiduría de las relaciones inter-dependientes.

COMBINAR

El tercer estado, la interdependencia, es la clave del gran crecimiento personal y profesional. Si sientes que has tocado techo, entonces es el momento de buscar otros ámbitos para crecer. Es el momento de decirle al delfín que sea nuestro socio en el agua mientras nosotros nos desarrollamos en tierra firme. En la empresa, la madurez nos premia con el entendimiento de que la conquista es posible gracias al talento de todos y al conocimiento y control de los defectos y las carencias de todos. Trabajar con muchos talentos también significa conocer y soportar las debilidades de cada uno. Un directivo maduro sabe mover las piezas del ajedrez de los talentos de tal forma que todos los que le rodean resulten beneficiados y nunca perjudicados.

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Todo lo que quieres saber sobre el coaching

En este post te ofrecemos respuesta a todo lo que siempre has querido saber sobre el coaching. 

Si tienes alguna pregunta más, puedes plantearnosla escribiendo a This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. . Si lo haces, tendrás una sesión gratis para ti o para quien tu quieras. Pregúntanos.

¿Qué es el coaching?

El coaching es una disciplina que ayuda a las personas a resolver todo tipo de problemas o a mejorar algún aspecto de un área determinada de su vida: personal, profesional, económico, conyugal, social, de comunicación, con personas conflictivas, etc.

¿En qué consiste?

Consiste en seguir un proceso que consta de un número fijo o variable de sesiones en las que el cliente, acompañado por el coach, de forma individual y privada, explora su problema para encontrar alternativas viables para darle solución.

El cliente trabajará con el coach explorando sus patrones de comportamiento, creencias limitantes, autosabotaje, bloqueos, etc, y descubriendo nuevas herramientas personales que le apoyarán para salir de su situación, hasta solucionar el problema.

El coach acompaña y guía al cliente para que él mismo encuentre sus propias soluciones, las que más le sirven a él. Por este motivo es un trabajo a medida, adaptado a la situación, tiempos y modos de cada uno.

¿Es como un psicólogo?

No, la psicología trata patologías como manía, depresión, trastorno bipolar, etc. El coaching trata problemas o situaciones difíciles en las que se encuentran personas psicológicamente sanas.

¿Es como un consultor?

La diferencia entre el coaching y la consultoría es que un consultor te analiza, diagnostica y te da instrucciones precisas de lo que debes hacer. El coach es un guía que en ningún caso ofrece consejos o soluciones. Es el propio cliente el que encuentra las soluciones que más encajan con él mismo.

¿Si es el cliente el que encuentra sus propias soluciones, para qué es necesario un coach?

Es necesario un coach ya que, por sí mismo, el cliente no es capaz de solucionar un problema. Si fuese capaz, ya no tendría el problema.

El coach proporciona un punto de vista más amplio sobre la situación y ayuda al cliente a encontrar sus propios recursos para solucionar esta y cualquier situación que se le presente en el futuro.

Según un estudio realizado por la International Coaching Federation (ICF), el 99% de los encuestados que participaron en un proceso de coaching mostraron su total satisfacción con la experiencia. De hecho, el 96% declaró que lo repetiría en las mismas circunstancias.

¿Cuántas sesiones se necesitan para cumplir el objetivo?

Entre diez y doce sesiones. Esto supone que con sesiones semanales en dos meses una persona puede haber solucionado para siempre su problema. Lo realmente importante no son la cantidad de sesiones, sino la apertura, el grado de profundidad al que quiere llegar y lo decidido que esté a solucionar el problema.

¿Y cómo se trata mi problema?

Usted, con la guía del coach, explorará su problema en profundidad desde un enfoque diferente. Será capaz de encontrar diferentes alternativas para encontrar la solución, eliminará barreras que le bloquean y estará totalmente motivado para conseguirlo.

¿Cómo me daré cuenta de que estoy progresando?

Se dará cuenta desde el primer día. Un buen coach medirá permanentemente su progreso y se adaptará fielmente al cumplimiento de su objetivo en el menor plazo posible.

¿Cuánto tardo en notar los avances del proceso?

Desde el primer momento. En cuanto entre en la dinámica del coaching, su forma de afrontar la vida será completamente diferente. Eso está garantizado.

¿Cuánto duran las sesiones?

Lo normal es una duración de una hora aproximadamente. Este es el tiempo óptimo para que la sesión sea productiva y enfocada al resultado.

¿Cuánto vale?

La media suele estar entre 150 y 250 dólares en el caso del coaching personal. En el ejecutivo pueden duplicarse estas tarifas y en el coaching de equipos cada sesión puede alcanzar los 4000 dólares. En nuestro caso, intentamos que las tarifas sean lo más razonables posibles. Puedes consultarnos enviándonos un correo.

Si quieres saber más contacta con nosotros por e-mail a  This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.  o en el teléfono (55) 1253 7284, donde te asesoraremos presonalmente.

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¡Comienza a vivir la vida que quieres!

 

 

¿Qué es el coaching?

 

Comenzar un proceso de coaching no solamente es útil para crecer personal y profesionalmente, sino que se configura como una de las técnicas más efectivas para superar situaciones difíciles o de cambio y para alcanzar el éxito en proyectos personales y profesionales.

El coaching nació durante el siglo pasado como herramienta para mejorar el rendimiento de las personas. Originariamente se desarrolló con el objetivo de alcanzar la excelencia el mundo del deporte por Sir John Whitmore y Timothy Gallwey. Posteriormente fue adoptado por el mundo empresarial y del desarrollo personal con grandes resultados. Está influido por diferentes disciplinas como la psicología positiva, la psicología humanista, el exitencialismo, además de otras corrientes cuyo propósito consiste en que cada persona alcance su máximo potencial.

Actualmente, se ha convertido en la herramienta que utilizan deportistas de élite, directivos de grandes compañías y personas de éxito en todo el mundo. Esta potente técnica ha demostrado sobradamente su gran efectividad a la hora de clarificar objetivos, alcanzar metas, trazar planes de acción, potenciar la responsabilidad y aumentar la conciencia.

¿Para qué sirve el coaching?

A veces parece increíble que algunas situaciones se puedan superar. Vivimos la mayor parte del tiempo andando por el mismo camino que nos conduce una y otra vez al mismo resultado no deseado. El coaching es la palanca que sirve de apoyo para dar el salto fuera del surco que nos mantiene en el sufrimiento y la insatisfacción. Entre otras muchas aplicaciones, se pueden destacar las siguientes:

  • Elegir o reconducir la carrera profesional
  • Aumentar la inteligencia emocional, es decir, la reacción emocional ante los acontecimientos
  • Mejorar el equilibrio personal / profesional
  • Incrementar la calidad de vida
  • Potenciar la autoestima y la seguridad en uno mismo
  • Encontrar el propósito
  • Minimizar la apatía y la falta de sentido
  • Alcanzar los objetivos personales y profesionales
  • Superar situaciones difíciles como cambios forzados, pérdidas o duelos

 

¿En qué consiste?

Consiste en completar un proceso de ocho a diez sesiones de una hora de duración en las que estarás tú sólo con un coach que te ayudará,personalmente, a definir tus objetivos y cumplirlos con éxito. A diferencia de los cursos, esta modalidad supone un marco seguro y confidencial para que puedas profundizar junto a tu coach hasta donde tú quieras.

El coaching es efectivo en un 95% de los casos, depende sobre todo de tu implicación con el objetivo y de las ganas que tengas de conseguirlo. Puedes leer un artículo con mas información en este link Todo lo que quieres saber sobre el coaching.

Nosotros impartimos sesiones de Coaching Presencial en Madrid y si estás en el DF, en más de 20 ubicaciones (Polanco, Insurgentes, Santa Fe, Reforma, etc.). Allí te encontrarás con tu coach semanalmente por una hora. Aquí puedes checar Dónde estamos.

Si crees que el coaching te puede ayudar, contacta con nosotros por e-mail a This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.  o en el teléfono (55) 1253 7284, donde te asesoraremos presonalmente.

¡Comienza a vivir la vida que quieres!

¿Cuándo fue la última vez que te preguntaste "qué quiero ser"?

¿Te has planteado cómo será tu vida dentro de cinco años?

 

Seguramente estarás en una situación totalmente diferente de la que estás en este momento, pero con certeza habrás llegado a alguna parte. La cuestión es ¿a dónde?

En la vorágine de lo urgente quizá nos parezca una pérdida de tiempo preguntarnos ¿dónde estaré dentro de cinco años?. Y todavía más importante ¿dónde quiero estar?. Lo chistoso del asunto es que si no me planteo dónde quiero estar dentro de cinco años, ¿qué determinará a donde llegaré?. La respuestas son variadas: las circunstancias, las decisiones de otros, la suerte, el destino... pero todas ellas apuntan a un viaje sin rumbo.

Quizá ahora pueda sonar mejor la idea de parar cinco minutos y empezar a plantearte ¿dónde quiero estar dentro de cinco años? ¿Cómo voy a vivir dirante ese tiempo? ¿Qué es importante para mi ahora que lo seguirá siendo en ese momento?

Te propongo un ejercicio muy simple. Cierra los ojos. Acuérdate de ti mismo hace cinco años. ¿Cómo eras?. De cero a diez, ¿qué puntuación te pondrías?, ¿cómo te definirías?. Te propongo completar este ejercicio con lápiz y papel:

Área                     Puntos                       Frase

Físicamente
Mentalmente
Emocionalmente
Atractivo
Relaciones
Ambiente de vida
Socialmente
Espiritualmente
Carrera
Financieramente

Muy bien. Ahora repite el ejercicio con tus valoraciones para tu estado actual. Cuando lo hayas hecho, tómate cinco minutos y escribe en un par de frases lo que ha surgido de esta comparación. Revelador, ¿no?.

Por último, repite el ejercicio con lo que querrías para ti dentro de cinco años si supieras que, por el mero hecho de ponerlo en esta lista, se hará realidad. ¿Cuánto deseas que esto sea tu futuro dentro de cinco años? ¿Estás dispuesto a empezar ahora a elevar tu estándar de vida para que estos cambios se hagan realidad?.

Si la respuesta es sí, quizá quieras saber cuál es la primera herramienta para poner en marcha tu nueva vida: el poder de las decisiones...

 


 

Si esto tiene que ver contigo y quieres dar un cambio a tu vida, contacta con nosotros por e-mail a   This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.  o en el teléfono (55) 1253 7284, donde te asesoraremos presonalmente.

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La parábola del granjero y el trigo

Desgracia sólo significa que las cosas no encajan con tus deseos; y las cosas nunca encajan con tus deseos, no pueden hacerlo. Las cosas simplemente siguen su naturaleza. Lao Tsé llama a esta naturaleza el Tao. Buda llama a esta naturaleza el Dhamma. Mahavir definió la religión como «la naturaleza de las cosas».

No se puede hacer nada: el fuego es caliente y el agua fresca. El hombre sabio es el que se relaja con la naturaleza de las cosas; él sigue la naturaleza de las cosas. Y cuando sigues la naturaleza de las cosas, no lanzas ninguna sombra. No hay desgracia. Entonces, incluso la tristeza es luminosa, incluso la tristeza tiene su belleza. No es que la tristeza no se vaya a presentar; se presentará, pero no será tu enemiga. Serás amigo suyo porque verás su necesidad. Podrás ver su gracia, podrás ver por qué está ahí y por qué es necesaria.

He oído una antigua parábola; debe ser muy antigua porque por aquellos tiempos Dios vivía en la tierra. Un día se le acerco un hombre, un viejo granjero, y dijo: —Mira, puede que seas Dios y que hayas creado el mundo, pero tengo que decirte una cosa: no eres un granjero. No conoces ni el ABC de llevar una granja. Tienes algo que aprender.

—¿Qué me aconsejas? —dijo Dios.

—Dame un año de tiempo y durante ese periodo deja que haga las cosas a mi manera para ver qué pasa. ¡La pobreza será barrida de la faz de la tierra!

Dios aceptó: concedió un año al granjero. Naturalmente éste pidió las mejores condiciones: nada de tormentas ni vientos fuertes, ningún peligro para la cosecha. Todo era cómodo, agradable, y él se sentía muy feliz. ¡El trigo crecía tanto! Cuando quería sol, tenía sol; cuando quería lluvia, tenía lluvia, toda la que quería. Aquel año todo era correcto, matemáticamente correcto. Pero cuando se cosechó, no había nada dentro del trigo.

El granjero estaba sorprendido. Y preguntó a Dios: —¿Qué ha pasado? ¿Qué ha fallado?

—Como no había desafíos —dijo Dios—, como no había conflicto ni fricción, como evitaste todo lo malo, el trigo permaneció impotente. Es imprescindible luchar un poco. Las tormentas son necesarias, los rayos y truenos son necesarios. Ellos agitan el alma dentro del trigo.

Esta parábola es de inmenso valor. Si sólo eres feliz y feliz y feliz, la felicidad perderá todo su sentido. Será como si alguien escribiera con tiza blanca en una pared blanca. Nadie será capaz de leerlo. Tienes que escribir en una pizarra negra, entonces se puede leer.

La noche es tan necesaria como el día. Y los días de tristeza son tan esenciales como los días alegres. A esto es a lo que yo llamo comprensión. Una vez que lo entiendes, te relajas; y en esa relajación está la rendición. Dices: «Que se haga tu voluntad». Dices: «Haz lo que te parezca correcto. Si hoy hacen falta nubes, dame nubes. No me escuches, mi comprensión es limitada. ¿Qué sé yo de la vida y sus secretos? ¡No me escuches! Sigue haciendo tu voluntad». Y, poco a poco, cuanto más veas el ritmo de la vida, el ritmo de la dualidad, el ritmo de la polaridad, dejas de preguntar, dejas de elegir.

Éste es el secreto. Vive con este secreto y ve su belleza. Vive con este secreto y de repente te quedarás sorprendido: ¡Qué grandes son las bendiciones de la vida! ¡Cuánto se te está dando a cada momento!


 

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