Coaching Online y en México DF - Displaying items by tag: hábitos Factoría de Inspiración

El éxito no da la felicidad

 

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Párate a pensar en un momento, cuándo fue la última vez que fuiste feliz. ¿Qué ocurrió? ¿Qué estaba pasando? ¿Qué había de diferente? Quizá estabas con una persona nueva, habías conseguido un ascenso, alguien te había hecho un reconocimiento. ¿Recuerdas si había esfuerzo, lucha, o dificultad? Creo que no.

La felicidad no funciona así, el esfuerzo y la lucha generan tensión, estrés, ansiedad. Es muy importante tener una meta en la vida, un motivo para vivir, esto es lo que realmente genera felicidad. ¿Tienes un verdadero motivo para vivir?

Cuando alcanzamos una meta, sentimos felicidad, exaltación, satisfacción, como quieras llamarle. Pero ¿cuánto dura esa sensación? Pareciera que una vez que alcancemos el éxito en algo, seremos felices para el resto de nuestras vidas: cuando apruebe la oposición ¿a cuántos funcionarios verdaderamente felices conoces?; cuando Miguelito me ame, cuando me promocionen, cuando acabe de pagar la hipoteca, cuando consiga otro trabajo.

El asunto es que la felicidad que deriva la consecución de una meta es siempre temporal. No dura para siempre. Nuestra voz interior en seguida nos indicará una meta más lejana, con otra promesa de la felicidad. "Ahora sí seré feliz". ¿Y qué pasa entonces? que el trabajo no es como esperaba, resulta que Miguelito no es tan genial como pensaba, en este nuevo puesto tengo que trabajar más horas y no veo a mi familia...

Entonces surge una nueva promesa de felicidad: cuando monte mi propia empresa, cuando me divorcie seré feliz, cuando tenga una nueva pareja seré más feliz... y por qué no decir una de las más populares: cuando me jubile seré feliz. Lo malo de esta última es que cuando finalmente nos jubilamos nos damos cuenta de que aun así no somos felices. Es por esto que a muchas personas, poco después de jubilarse, se les presenta una enfermedad grave y mueren. ¿Te suena esta historia?.

Es el juego de perseguir la zanahoria. Utilizamos como motivador una felicidad futura que nunca llega. Vivimos como los hámsteres corriendo en la rueda, más y más deprisa, en una trampa sin fin. Y después, ¿qué pasa después? Que la vida se acaba.

¿Qué podemos hacer entonces?. Pues empecemos por abandonar la zanahoria. Pero cuidado, la zanahoria no es la meta, es el resultado. Tengamos una motivación, auténtica, verdadera por la que vivir. No es el apego a la meta, sino el apego al resultado lo que impide nuestra felicidad.

Además, se realista por un momento, el resultado NUNCA dependió de ti. Entonces, ¿Tengo que dejar de hacer todo lo que esté en mi mano para conseguir la meta? Por supuesto que no. El seguimiento de la meta es tu trabajo, tu misión. Si no pones toda la carne en el asador, difícilmente conseguirás lo que quieres, aunque podrías conseguirlo. Cómo lo hagas es tu elección. Pero, en cualquier caso, el resultado nunca dependió de ti.

Como dijo Claudio Coelho en el Alquimista, somos como ese malabarista en medio de la plaza que, con sólo dos manos, solamente puede manejar dos de los malabares al mismo tiempo. Necesariamente, en el momento adecuado, se tiene que aventurar y lanzar graciosamente el resto de los malabares al cielo, confiando en que describan su figura en el aire y caigan de vuelta en sus manos, para volver a ser lanzados en un juego sin fin.

¿Y tiene que entrenar el malabarista? Por supuesto. ¿Tiene que poner todo su esfuerzo y luchar por dar el toque maestro a su ejercicio? Creo que no. Un magnífico trabajo depende más de la dedicación, la perseverancia y el amor que se le entregue, que al esfuerzo, la lucha y la ansiedad. ¿Cómo puedes amar algo que te quita en lugar de darte? ¿Cómo puede estar tu trabajo marcado por tu excelencia si no le pones lo mejor de ti? ¿Y qué es lo mejor de ti? Tu esencia. Tu amor.

Cuando pones todo de ti en lo que haces, lo sabes porque se da un sentimiento de disfrute, el tiempo parece detenerse, la sensación de ti mismo desparece. Fluyes. Esos momentos cumbre son los que nos realizan, los que nos llenan de satisfacción, de amor, nos llenan, no nos vacían, somos capaces de todo. Ahora sí. Esto es.

Si analizas estas experiencias, en lo que se diferencian de las otras, las del esfuerzo y la lucha, no es el resultado final. No son los 'qué' alcanzas, sino los 'cómo' los alcanzas. Es el camino, lo que pones en tu vida, cómo decides vivirla, cómo alcanzas tus metas lo que te aporta felicidad. No sólo en el resultado, sino en el camino.

La felicidad no puede estar en el futuro, porque el futuro no existe. Lo único que existe es el ahora, ahora y ahora y ahora.... Es este momento el único que siempre tendrás. ¿Qué tendría que pasar para que fueras feliz ahora? En tu mundo, según lo vives en este momento, tendrías que estar consiguiendo algo permanentemente. Pero la vida no funciona así.

Imagina el momento más importante de tu vida. El momento en el que no te quedarán ya más momentos. Cuando seas consciente de que ese momento ha llegado y te hagas la pregunta ¿he sido feliz? ¿de qué momentos te acordarás? Llena tu vida AHORA de esos momentos. No lo dejes para mañana, porque el mañana nunca llega. Sólo existe el ahora...

 

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El círculo del 99

 

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Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente. El sirviente del rey triste, era muy feliz. El rey estaba como loco. No conseguía explicarse como el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de sobras de los cortesanos.

Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó lo que sucedía.

- ¿Por qué él es feliz?
- Ah, majestad, lo que sucede es que el está fuera del círculo.
- ¿Fuera del círculo?
- Así es.
- ¿Y eso lo hace feliz?
- No, Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
- A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.
- Así es.
- Y él no está. ¿Y cómo salió?
- ¡Nunca entró!
- ¿Que círculo es ese?
- El círculo del 99.
- Verdaderamente no entiendo nada.
- La única manera para que entiendas, sería mostrartelo en los hechos.
- ¿Cómo?
- Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
- Eso, obliguémoslo a entrar.
- No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, el entrará solito, solito.
- ¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
- Sí, se dará cuenta.
- Entonces no entrará.
- No lo podrá evitar.
- Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y ¿de todos modos entrará en él y no podrá salir?
- Tal cual Majestad. ¿Estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?
- Si.
- Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más, ni una menos, ¡¡¡99!!!
- ¿Qué más? ¿Llevo a los guardias por si acaso?
- Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.
- Hasta la noche.

Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron al alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía: "ESTE TESORO ES TUYO. ES EL PREMIO POR SER UN BUEN HOMBRE. DISFRÚTALO Y NO CUENTES A NADIE COMO LO ENCONTRASTE" y la dejó en la puerta del sirviente.

El sirviente agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra su pecho, miró hacia todos lados y entró a su casa. Él, que nunca había tocado una de esas monedas, tenía hoy una montana de ellas para él. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacia brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacia pilas de monedas: Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis... mientras sumaba 10, 20, 30, 40, 50 60... hasta que formó la ultima pila: ¡¡¡9 monedas!!!.
Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa. "No puede ser", pensó. ¡Me robaron! gritó.

Me robaron, ¡¡malditos!!. "99 monedas. Es mucho dinero", pensó. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un numero completo - pensaba - Cien es un numero completo pero noventa y nueve, no.

El rey y su asesor miraban la escena por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se le habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que asomaban sus dientes.

El sirviente guardo las monedas en la bolsa, la escondió entre la leña y se sentó a hacer cálculos.

¿Cuanto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda numero cien? Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro para conseguirla.

Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas un hombre es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el calculo.
Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario. Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. El mismo, después de todo, terminaba su tarea en el palacio a las cinco de la tarde, podria trabajar hasta la noche. Sacó las cuentas sumando esas extras, en siete años reuniría el dinero.

Y así siguió durante horas haciendo sus cálculos ... El rey y el sabio volvieron al palacio. ¡¡¡¡El paje había entrado en el círculo del 99!!!!

Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando y de pocas pulgas.

- ¿Qué te pasa? - preguntó el rey de buen modo.
- Nada me pasa, nada me pasa.
- Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.
- Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?

No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.

Todos nosotros hemos sido educados con esta ideología: Siempre nos falta algo para estar completos y solo completos se puede gozar de lo que se tiene. Por lo tanto, nos enseñaron, la felicidad deberá esperar a completar lo que falta. Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida.

Pero que pasaría si la iluminacion llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe que nuestras 99 monedas son el cien por ciento del tesoro, que no nos falta nada, que nadie se quedó con lo nuestro, que nada tiene de más redondo cien que noventa y nueve, que esta es solo una trampa, una zanahoria puesta frente a nosotros para que jalemos del carro, cansados, malhumorados, infelices o resignados. Una trampa para que nunca dejemos de empujar y que todo siga igual... ¡eternamente igual! Cuántas cosas cambiarían si pudiéramos disfrutar de nuestros tesoros tal como están. Pero ojo, reconocer en 99 un tesoro no quiere decir abandonar los objetivos. No quiere decir conformarse con cualquier cosa.

Porque ACEPTAR es una cosa y RESIGNARSE es otra...

Pero eso es parte de otro cuento...

 

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Acaba con tu insatisfacción laboral

 

2034-Businessman-working-on-the-currency-chart-line¿Para qué trabajas? ¿Alguna vez te has hecho esa pregunta? ¿Qué es lo que te levanta cada mañana? ¿La hipoteca, tus vacaciones anuales, el colegio de tus hijos, las deudas...?

El trabajo es siempre un medio para algo más. Pero ¿un medio para qué? No es tu trabajo lo importante, lo importante es el motivo por el que trabajas. Normalmente, cuando una persona tiene claro para qué trabaja, se siente menos frustrada con su trabajo.

Está bien, puede que no sea el trabajo de tu vida, pero paga tus deudas, tu nivel de vida, te da prestigio entre tus conocidos, te permite estar fuera de casa muchas horas, paga tus vacaciones, te permite realizarte como persona o ayudar a otros, contribuir al mundo de alguna manera. Cualquiera de esas motivaciones es valiosa en sí misma, una vez que sabes para qué te levantas de la cama cada día.

Cuando empezamos en un nuevo trabajo estamos llenos de expectativas. El salario es bueno, el puesto es lo suficientemente retador, lo contamos a parientes y amigos. Nos sentimos realizados... por un tiempo.

Unos meses más tarde, la realidad toma su lugar. Empezamos a relacionarnos con nuestros compañeros, tenemos que hacernos un sitio en la organización, descubrimos las partes "feas" del trabajo, los jefes vuelcan sus expectativas sobre nosotros, y el nivel de satisfacción comienza a descender en pocos meses. Poco a poco comienza a ser más difícil levantarse por las mañanas y los domingos por la tarde nos encontramos de mal humor sin motivo aparente.

Lo que pasa es que hemos perdido de vista la razón por la que empezamos este trabajo. Porque era un paso ascendente en nuestra carrera, porque era una empresa con proyección, por el dinero, porque estába cerca de casa, porque era un trabajo "puente" a la espera de otro mejor... etc. Rápidamente olvidamos los beneficios iniciales del trabajo por los que lo elegimos.

La propuesta es que hagas una profunda reflexión sobre si de verdad estás tan mal en este puesto. Si la respuesta es sí, la solución es cambiar de trabajo o al menos depositar tu energía en encontrar otro trabajo, no en cambiar a tu jefe o a tus compañeros o a tus clientes.

Pero sobre todo, deja de quejarte y pon manos a la obra. Dedica el tiempo y el esfuerzo suficiente en tu puesto actual para no ser despedido. Te ayudará tener presente que antes o después ya no estarás allí por más tiempo. Ten paciencia y entrega tu energía a lo nuevo. No la malgastes con la queja que te llevará a entrar en un círculo de insatisfacción permanente que afectará a otras áreas de tu vida.

Pero si después de analizar profundamente los pros y los contras de tu puesto, decides quedarte, por la situación del mercado laboral, porque llevas muchos años en el mismo puesto, porque no quieres renunciar a la indemnización, ... por las razones que sean, sobre todo ¡deja de quejarte!. Al final, continuar con este trabajo es lo que TÚ has elegido para ti.

De todos modos, si tu decisión final es quedarte, no está todo perdido. No es necesario que te resignes a una vida de sufrimiento. Estos tres sencillos pasos te ayudarán no solo a sobrevivir en un puesto que aborreces, sino a conseguir estar satisfecho con tu trabajo. ¿No te lo crees?. Pruébalo:

1. Ten presente por qué estás allí. Escribe en un papel los pros de este trabajo y léelo cada vez que te entre bajón laboral, los domingos por la tarde, los lunes por la mañana, antes de la reunión de tres horas con tu jefe, cada vez que recibas una queja injustificada, cada vez que alguien no cumpla con su trabajo y pagues tú las consecuencias. Que sea tu mantra: "Yo elijo estar en este trabajo por mi propio interés, porque me ofrece... y además me proporciona ... y ... Esto hace que merezca la pena estar aquí".

2. Haz algo con los contras. Seguro que si le dedicas 10 minutos encuentras 3 ideas para solucionar algunos de los contras de tu lista, sobre todo los que dependan de ti, pero también los que no. Si no soportas a tus compañeros pide un traslado, aunque sólo sea a otra mesa que te mantenga alejado físicamente de sus comentarios, si el salario es bajo haz un plan para pedir un aumento, si estás aburrido de hacer siempre lo mismo pide participar en algún proyecto que esté en marcha en la empresa (esto además te dará puntos para pedir el aumento), etc. Seguro que si lo piensas un poco te salen más. Pero si tu voz interior te sigue diciendo en tono despreciativo "para qué... no merece la pena... no se lo merecen..." entonces lee el siguiente punto.

3. Trabaja para ti, para nadie más. Al contrario de lo que siempre te han dicho, no trabajas para tu empresa, no trabajas para tu jefe, no trabajas compañeros, no trabajas para tus clientes, TRABAJAS PARA TI, para alcanzar todo aquello que este trabajo te proporciona. Imagina que solamente trabajases para ti, para tu propia satisfacción personal. Ponte tus propios objetivos semanales y cúmplelos. Fija un estándar de trabajo que sea retador para ti. Simplemente haz un buen trabajo bajo tu criterio. En última instancia, tu satisfacción personal es lo que cuenta. Nunca puede llover a gusto de todos. Además, si tus resultados mejoran, tu autoestima crecerá, te hará más visible para posibles promociones (y perder de vista a tu jefe y alguno de tus compañeros), serás más competente (con lo que tendrás más fuerza a la hora de exigir) y tu jefe estará mucho más contento (si es que eso dependió alguna vez de ti). Todo son ventajas.

Pero lo más importante es que, si sigues estos pasos, estarás más satisfecho contigo mismo. Eso, no tiene precio.

 

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TEST - ¿Qué tan tímido eres?

 

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Cuando se nos pide que evaluemos nuestra propia capacidad para ser sociables, normalmente, los resultados son muy diferentes a los que dan sobre nosotros otras personas que nos conocen. Muchas veces nos consideramos a nosotros mismos tímidos o introvertidos, aunque que nuestro entono no opinaría lo mismo.

Para algunos científicos, las personas tímidas o cohibidas tienden a considerarse a sí mismas rechazadas si alguien en un entorno social les rechaza. Si hacen alguna consideración que no es bien recibida sienten que han fracasado, en lugar de considerar a la audiencia como poco receptiva. Otra característica común es que, si se les hace enojar, reaccionan con mayor emotividad que otras personas más extrovertidas.

Éstas son personas consideradas por los teóricos con un alto grado de cohibición o timidez. Esta timidez puede representarse de dos formas: la pública y la privada. La privada es la conciencia de uno mismo o introversión. Afecta a la capacidad de centrarse en el estado interno, disposición de ánimo y motivación personal. La otra forma de timidez es la cohibición pública, que se refiere a la percepción de cumplimiento de las perspectivas y evaluaciones de los demás. Esta última podría degenerar en ansiedad o angustia social, es decir, una sensación frecuente de temor por las opiniones y reacciones de las demás personas respecto a uno mismo en una situación social.

Te proponemos una sencilla autoevaluación del nivel de cohibición o timidez. Sin ánimo de ser exhaustivo o de ser utilizado como una forma de diagnóstico, que debería ser proporcionada por un profesional de la psicología, su propósito es meramente orientarte y darte algunas pistas sobre tu nivel de timidez. 

AUTOEVALUACIÓN: Inventario de la cohibición o timidez

Contesta las siguientes preguntas para determinar tu grado de timidez pública, tu grado de timidez privada o personal y tu grado de ansiedad o angustia social. Al finalizar la "autoevaluación" suma los puntos como se muestra en el recuadro de resultados o puntuación.

1. En una reunión te presentan a una joven. Ella menciona que trabaja en un hospital. Le preguntas si es enfermera. Ella se sonroja y responde que es doctora. Tú:

a) te turbas sobremanera debido a tu torpeza social
b) su desconcierto te divierte, y/o evalúas a la joven como una persona insegura

2. ¿Pasas mucho tiempo tratando de discernir la razón por la que escogiste tu profesión, pensando por qué das dinero a algunas personas en la calle y a otras no, y en general sobre los motivos que tienes para actuar de la forma en que lo haces?

a) sí, mucho
b) Rara vez

3. Cuando vas de compras al supermercado ¿te agrada charlar con el personal, aunque no les conozcas?

a) Rara vez
b) Con frecuencia

4. ¿Pasas mucho tiempo tratando de entenderte a ti mismo?

a) Sí, mucho
b) No, es una pérdida de tiempo

5. Cuando caminas por una zona comercial, ¿te contemplas en los cristales de los aparadores por donde pasas?

a) Sí, con frecuencia
b) No

6. ¿Piensas mucho en la imagen que proyectas en los demás?

a) Sí
b) No, eso no es importante para mi

7. ¿Pasas mucho tiempo tratando de deducir los orígenes de los aspectos de tu personalidad o comportamiento que hacen que seas menos feliz o tengas menos éxito del que de otra forma tendrías?

a) Sí
b) No

8. ¿Con frecuencia te preocupas o angustias cuando tienes que hablar frente a grupos numerosos?

a) Sí
b) No

9. Cuando sales de tu casa ¿te miras al espejo antes de abrir la puerta?

a) Sí
b) No

10. ¿Con frecuencia te preocupa el dejar una buena impresión en los otros?

a) Sí
b) No

11. Cuando se presenta una situación nueva ¿te sientes con frecuencia tímido o inhibido al inicio?

a) Sí, y me toma algún tiempo superarlo
b) No, ¿qué caso tiene?

12. Por lo general, estoy consciente de los cambios en mi estado de ánimo

a) Sí
b) No lo creo

Resultado

Para conocer tu grado de Inhibición personal o timidez, suma dos puntos cada vez que hayas respondido a) en las preguntas 2, 4, 7 y 12

Nivel alto = 6-8 puntos
Nivel medio= 4 puntos
Nivel bajo= 0-2 puntos

Para conocer tu grado de Inhibición o timidez pública, suma dos puntos cada vez que hayas respondido a) en las preguntas 5, 6, 9 y 10

Nivel alto = 6-8 puntos
Nivel medio= 4 puntos
Nivel bajo= 0-2 puntos

Para conocer tu grado de Preocupación o ansiedad social, suma dos puntos por cada vez que hayas respondido a) en las preguntas 1, 3, 8 y 11

Nivel alto = 6-8 puntos
Nivel medio= 4 puntos
Nivel bajo= 0-2 puntos

 

(fuente: Ejercicios Inteligentes. David Gamon, Ph. D. y Allen D. Bragdon)

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10 TIPS PARA SANEAR TUS FINANZAS

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En muchas ocasiones, menos es más. En el caso de tus finanzas personales, todavía más.

Cuando un problema económico nos acecha, lo primero que nos viene a la mente, es ¿dónde puedo conseguir más dinero? Este es un punto realmente importante. Pero sean cuales sean nuestras cualificaciones, ideas, conocimientos, contactos y, por tanto, oportunidades, hasta que éstas se materializan, lo más importante es acomodar nuestros gastos a la situación real del momento presente.

Todos hemos pasado por dificultades económicas en algún momento de nuestra vida, pero también es verdad que hemos sido de las generaciones más afortunadas en cuanto a prosperidad y riqueza. No estamos acostumbrados a los tiempos duros de tiempos pasados, aquellos que nuestras madres y abuelas nos relataban, a los que prestábamos bastante poca atención, pero que hoy, nos pueden sacar de más de un apuro.

¿Por dónde empezar? Puedes preguntar a tu madre cómo se lo hacía para llegar a fin de mes hace ya mas de unas décadas o quizá estos sencillos consejos te puedan inspirar.

1. Salda tus deudas.

Esta es una sencilla regla: si no tienes, no gastes. ¿Fácil no? Recurrir a créditos personales o a tarjetas de crédito es ponerle las cosas difíciles al futuro, que siempre y por definición es incierto.

¿Y si ya es demasiado tarde? Nunca es demasiado tarde. Elabora un plan de cancelación de deuda. Calcula cuanto suman todas tus deudas. Divide la cantidad de entre 12, 24 y 36. Las cantidades resultantes son lo que tendrás que separar de tus ingresos para ver tu deuda a cero en 12, 24 o 36 meses. No se trata de que te agobies, así que elige la cantidad más alta posible con la que te sentirías cómodo de prescindir cada mes y haz un apartado automático (cheque, transferencia, metálico, etc.) cada mes, nada más cobrar tu paga, y sin excepción para cancelar tu deuda. Los meses pasan inexorablemente, tú decides si llevar la pesada carga de tus deudas indefinidamente o poner fecha a su sentencia de muerte y saborear la verdadera libertad.

2. Ahorra un 10% de tu sueldo

Después de apartar la cantidad mensual para cancelar deudas, o aún mejor si has seguido el punto 1 y ya no las tienes, aparta un 10% de tu sueldo cada mes nada más cobrarlo. Rápidamente te acostumbrarás a no contar con esta cantidad. No te costará nada y la recompensa es fantástica: a final del año tendrás como regalo una paga extra acumulada de más de un salario mensual. Suena bien, ¿eh?. A qué estás esperando.

3. Optimiza tus compras

Para que prescindir de las cantidades para cancelar deudas y conseguir ahorros de una forma más fácil, es posible que tengas que acomodar tus gastos mensuales. Haz una lista de todo lo que compraste el mes pasado. Piensa por un momento si necesitabas todo lo que compraste: un par de zapatos nuevos, ir al concierto del año, tu revista favorita, visitar ese restaurante tan caro, ... Decide de qué cosas no quieres prescindir y desecha las otras. Si has puesto en marcha el paso 2, a final del año tendrás dinero más que suficiente para premiarte con uno de estos caprichos.

4. Otra forma de ir al supermercado

Es bien sabido que lo mejor es ir al supermercado sin hambre. ¿Sabes por qué? El hambre nos hará perder el sentido de la objetividad para intentar saciarnos comprando todo lo que se nos antoje, incluyendo aquello que dañará nuestra salud y, por supuesto, ¡nuestro bolsillo!.

Incluso si no tienes hambre, las empresas comercializadoras llevan años estudiando e invirtiendo millones de dólares en conocer tus hábitos de consumo ¿Cómo ponerle límite a esto? En primer lugar haz una lista de la compra con lo que necesitas. Una vez que todo esto esté en tu carro, sólo entonces podrás decidir si pasar directamente por caja o si darte UN capricho en esta sesión de supermercado. También te recomiendo no ir con la tarjeta de débito y mucho menos con la de crédito. Intenta estimar el dinero que gastarás en lo que necesitas y añade un 10% para algún imprevisto. Te aseguro que te sorprenderá todo lo que puedes ahorrar haciendo la compra de esta manera.

5. Aficiónate a los artículos de segunda mano

¡No! No me refiero a la ropa o a los zapatos, espero que todavía no hayas llegado a eso. Pero hay ciertos artículos con los que te podrás ahorrar del 20% al 50% de su valor por comprarlos usados.

Un coche pierde el 20% de su valor nada más sacarlo del concesionario. Algunos muebles pueden estar en perfecto estado y la urgencia de sus propietarios en quitárselos de encima puede jugar a tu favor. Electrodomésticos con menos de un año, gadgets devueltos a la tienda con menos de un mes y todas las garantías, libros, artículos de decoración, etc. hará crecer tu cuenta de ahorros como la espuma. Es cierto que existe un pequeño riesgo con estos artículos, pero si vas con cuidado y pides garantías, 9 de cada 10 veces habrás hecho un negocio redondo.

6. Gánales la partida a los grandes almacenes

Los grandes almacenes son las máquinas de vender más eficientes que existen. Saben cómo, cuando, dónde y qué contarte para que consigas SU propósito: hacer que sus cajas registradoras suenen como música celestial para sus oídos cada vez que asaltan tu monedero.

No te dejes cautivar por sus cantos de sirena. ¿Cómo? Planifica tus compras. Igual que haces ahora que has leído el tip número 4 cuando vas al supermercado: elabora una lista de las cosas que puedes necesitar a lo largo del año y elige los mejores momentos para hacer tus compras. Por ejemplo, no esperes a que llegue la temporada de verano para revisar tu zapatero, en época de rebajas has limpieza de zapatos y compra los que necesites para el resto del año. Encontrarás verdaderas gangas. Si alguno de tus electrodomésticos está diciéndote a gritos que el fin de su vida útil está por llegar, aprovecha ese día de descuento especial que lanzan las grandes tiendas para ganarles la partida y conseguir un ahorro espectacular.

7. Mantén una única tarjeta de crédito y NO la uses

Bajo ningún concepto. Si sientes la tentación, vuelve a leer el punto número 1. ¿Quieres ver cómo tus deudas crecen hasta convertirse en una carga que cual agujero negro se traga todo tu dinero mes tras mes? Apuesto a que no. Te propongo una alternativa: pon en marcha el punto número 2 y en unos pocos meses podrás darte el capricho que tanto mereces. ¿La diferencia? En lugar de sentirte culpable por haberte endeudado te sentirás con un montón de energía por la gran recompensa a un trabajo bien hecho.

8. Reduce tus necesidades de bienes y servicios

¿Realmente necesitas una conexión a Internet de máxima velocidad? ¿Cuántos de los minutos que contrataste en tu tarifa telefónica desperdicias todos los meses? ¿Cuántos de tus seguros cubren la misma prestación? ¿Seguro que necesitas tu auto para ir a esa cita? 

Tus posesiones te poseen a ti. En realidad nos hacemos esclavos de las cosas que poseemos y no nos damos cuenta del precio de esa esclavitud. Te propongo que en sólo cinco minutos, con lápiz y papel - y no vale decir "ya, si ya lo se, tiene que ser mucho dinero", no hagas pereza y hazlo- suma cuanto te gastas en taxis, en gasolina en desplazamientos no necesarios, en seguros, en tarifas infladas de telefonía, la televisión por cable que casi no ves, ... Entonces te darás cuenta de cuan esclavo eres. Sólo así podrás romper tus cadenas.

9. Lleva un registro de tus gastos mensuales

¡El saber es poder! Al menos en este caso. En línea con lo anterior, si el ejercicio del punto 8 te ha resultado revelador, llevar un registro de gastos mensuales, te dará un dibujo de tu realidad financiera antes de que se te escape de las manos. Habrá meses en los que podrás gastar un poco más, o incluso, si te has animado a seguir estos tips, igual lo que te apetece es ahorrar un poco más. Si es así ¡enhorabuena!, estás en el camino. En cualquier caso, meter la cabeza en el agujero como las avestruces y hacer como si los gastos no estuvieran allí sólo contribuirá a que te encuentres en el abismo financiero en poco tiempo.

10. Date un capricho de vez en cuando

¡Claro que sí! Es la mejor motivación. Si sigues al menos 5 de las 9 ideas anteriores seguro que te lo podrás permitir. Eso mantendrá tu motivación al 100%, tu sensación de control y tu nivel de energía se mantendrán por las nubes. ¡Te lo mereces!

 


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El arte de la procrastinación o no dejes para mañana...

 

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Al arte de dejar las cosas para otro momento se le llama "procrastinación". Aunque este palabro puede ser una característica que define a algunos individuos, también es cierto que no suele ocurrir en todas las áreas de su vida y, en mayor o menor medida, nos ha afectado a todos en algún momento.

Estos pueden ser algunos de los síntomas que frecuentemente delatan a la procrastinación:

• A veces, lo primero que haces por la mañana antes de iniciar tu trabajo es mirar tu correo personal o tu Facebook (o similar)
• Nunca has realizado completamente ninguna de tus ideas creativas
• Tu escritorio (real o virtual) suele estar desordenado
• Cuando tienes muchas tareas prefieres irte a dormir y levantarte al día siguiente temprano para finalizarla
• Justo después de aceptar un encargo, te vas a tomar un café para relajarte y pensar
• Tu lista de propósitos de año nuevo no cambia desde el siglo pasado.

Si estos síntomas te resultan familiares, aquí tiene un sencillo test para verificalo. Puntúa del o al 3 lo de acuerdo que estás con estas frases siendo 0 = En absoluto, 1 = A veces, 2 = Moderadamente, 3 = mucho.

1. Con frecuencia me digo que lo haré cuando tenga ganas
2. Me irrito cuando las cosas son difíciles
3. Alargo los plazos cuando no tengo ganas de trabajar
4. Prefiero no hacer nada antes que fracasar
5. Soy muy autocrítico
6. Jamás me siento orgulloso de mis realizaciones
7. Temo no lograrlo
8. Me siento culpable cuando pienso en todo lo que debería hacer
9. Nunca tengo ganas de hacer las cosas que debería hacer
10. Odio a las personas que intentan controlarme y decirme lo que debo hacer

Si tu resultado suma más de 15, sigue leyendo, tu procrastinador interior te está jugando una mala pasada.

La procrastinación tiene poco que ver con la pereza, que está más relacionada con tareas que no nos motivan por ser repetitivas y tediosas, por costar esfuerzo ya sea físico o psicológico, o porque la recompensa a corto o medio plazo no sea lo suficientemente atractiva.

Sin embargo, cuando se da la procrastinación suele tener más que ver con un bloqueo interno, algo que secretamente nos impide hacer lo que tenemos previsto en el momento señalado. El Doctor Piers Steel, investigador de la Universidad de Calgary, ha desarrollado una fórmula bautizada como teoría de la motivación temporal, que, según asegura, explica la procrastinación:

U=EV/IS

(U) es la Utilidad de la tarea una vez realizada, que es directamente proporcional a las Expectativas (E) y a (V) que es el Valor que le concedemos a terminar el trabajo. Además es inversamente proporcional a la Inmediatez (I) que requiera la tarea y a la Sensibilidad de cada persona a los retrasos (S).

De acuerdo con esto, las tareas que posponemos sueles suponernos un cierto reto y/o un temor a perder algo, bien mientras las ejecutamos o bien a su término. Suelen ser tareas que tienen que ver con nuestra identidad, con nuestra valía: si soy o no capaz de acabarlas, si pueden ser evaluadas por los demás o en las que puedo fracasar de alguna u otra manera. Es decir, las tareas que queremos que se lleven a cabo mejor y a las que más importancia otorgamos son las que más frecuentemente demoramos.

Según esto, parece claro que más que pereza lo que hay detrás de la procrastinación puede ser un exceso de perfeccionismo o una falta de autoestima, ya que dos de los factores que más favorecen una buena autoestima son la capacidad de controlarse y la autodisciplina, cualidades que son inversamente proporcionales a la procrastinación.

Sin embargo, la procrastinación no es ni mucho menos un defecto de la personalidad o del carácter, ni es un rasgo negativo, aunque así lo pareciera sobre todo el que la padece. Es simplemente un hábito. Como todos los hábitos está incrustado en nuestro inconsciente, que lo usa como una forma de defender al individuo de algo. Ese algo suele ser un temor profundo al fracaso.

Es normal que a priori no lo identifiquemos como tal. Por eso, es tan importante darnos cuenta de que la procrastinación no es un error, sino una fuente de valiosísima información. Cuando nos veamos dejando algo para otro momento, cabe preguntarnos ¿a qué tengo miedo? ¿qué puede salir mal? ¿merece la pena hacerlo tan bien como quiero o es mejor empezar ahora e ir mejorándolo en el proceso? si esto es tan importante como para tener que encontrar el momento adecuado, ¿qué tiene de malo el momento "ahora"? ¿qué puedo perder si al final no encuentro el momento correcto? ¿qué precio estoy pagando -o puedo llegar a pagar- por no llegar a terminar esto? ¿estoy realmente convencido de que lo voy a hacer bien? Todas estas preguntas nos pueden dar mucha información de qué es lo que está pasando en nuestro interior. Este es el primer paso para superarlas y convertirnos en la persona eficiente y eficaz que queremos ser y que queremos que todos reconozcan.

Tips para vencer a tu procrastinador interior

Si el refrán "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy" no tiene que ver contigo, es posible que estos consejos te puedan ser de ayuda:

1. Utiliza sistemas de alerta en tu e-mail, en tu móvil o recurre a los clásicos post-it para recordarte que es el momento de empezar una tarea. Si a pesar de estar avisado, decides posponer su ejecución, puede ser que debas empezar a preguntarte qué pasa en realidad en tu interior.

2. Comprométete con alguien a realizar lo que te propones. Ya sea ir al gimnasio, dejar de fumar, comenzar la dieta o hacerte vegano, es posible que te sirva comprometerte con al menos tres amigos. A muchas personas el no "quedar mal" con otros o infringir su palabra les sirve de motivador para cumplir sus compromisos. ¿Eres uno de ellos?

3. Buscar apoyos. ¡Pide ayuda! A veces, queremos hacer las cosas por nosotros mismos, eso está genial, pero ¿qué tiene de malo un poco de apoyo? Sobre todo si hace que nos cueste menos realizar la tarea. Y si prefieres no inmiscuir a nadie conocido en tus asuntos a mejorar, puedes buscar ayuda profesional. Un coach está para eso, para apoyarte y hacer que superes este hábito con menos esfuerzo y en menos tiempo. Seguro.

4. Asignar un tiempo y una duración para cada tarea. Sin pensar, de forma automática, cuando el reloj marque la hora definida empieza la tarea. Aunque el lienzo se quede en blanco, no importa, cuando toque me pongo y cuando se acabe el tiempo lo dejo. Ese será tu primer éxito para combatir la procrastinación.

5. Mantener el lugar de trabajo ordenado. A mi me da paz interior, le da la importancia debida a la tarea y centra mi mente. ¿Y a ti?

9. Mantener la mente centrada. Igual que el lugar de trabajo, el ruido interno y la suciedad mental no dejan que la creatividad aflore. Si tienes elementos distractores a tu alrededor como el correo abierto, el móvil conectado o música estridente de fondo (por mucho que te guste), tendrás a mano la excusa perfecta para dejar lo que estés haciendo y comenzar una tarea poco productiva como mirar al Facebook, Twitter o contestar ese correo sin importancia que te a saltado encima desde la bandeja de entrada. Hay tiempo para todo, sobre todo si tienes la tranquilidad de haber dejado el trabajo hecho.

10. Hacerlo ¡ahora!. Sin pensar, sin excusas, este momento es como cualquier otro y si crees que habrá otro mejor, te estás engañando a ti mismo y le estás dando alas a tu procrastinador interior.

Ahora mismo, te propongo un ejercicio. Escribe en una hoja de papel las cosas que normalmente dejas para más tarde: ir al gimnasio, llamar a tu madre, leer ese libro que lleva dos años en la estantería, ponerte con el informe, llamas a ese cliente gruñón, pedirle a tu jefe un aumento... lo que sea. ¿Lo has hecho? Bien. Ahora por cada una contesta a las siguientes preguntas:

- ¿A qué tengo miedo?
- ¿Qué es lo peor que puede pasar si lo hago?
- ¿Qué es lo mejor que puede ser si lo hago? (sobre todo que ya no lo tendrás pendiente)
- ¿Qué recompensa me voy a dar cuando lo termine? (ahora sí, ese café o ese vistazo a Facebook)

¿Quieres que te cuente un secreto? Dejar las cosas hechas crea adicción. Genera una gran satisfacción personal y una sensación de poder inmensa, también mejora tu autoestima y eleva tu energía. Es genial cuando lo pruebas.

Pero siempre recuerda, no hay errores, sólo resultados...


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¡Comienza a vivir la vida que quieres!

La vida es un lienzo en blanco

 

Depende de ti. La vida en sí misma es un lienzo en blanco, se convierte en cualquier cosa que tú pintes en él. Puedes pintar infelicidad, puedes pintar felicidad. Esta libertad es tu gloria.

 

painting


Puedes usar esta libertad de tal forma que toda tu vida se convierta en un infierno, o de tal manera que tu vida se convierta en algo bello, en una bendición, en felicidad, en algo paradisíaco. Todo depende de ti. El hombre tiene toda la libertad. Por eso hay tanta agonía, porque la gente no sabe qué pintar en el lienzo.


Se te ha dejado que lo hagas tú: ésa es la gloria del hombre. Ese es uno de los mayores regalos que Dios te ha hecho. Ningún otro animal ha recibido el regalo de ser libre, todo animal recibe un programa ya fijado. Todos los animales excepto el hombre, están programados. Un perro está destinado a ser perro, y para siempre será un perro; no le es posible ser otra cosa, no hay libertad. Está intrínsecamente programado. El programa está ahí; simplemente seguirá el programa: será un perro. No hay elección para él, no tiene alternativas. Es una entidad absolutamente fija.


Excepto para el hombre, todo está programado. La rosa tiene que ser rosa, el loto tiene que ser loto, el pájaro tendrá alas, el animal caminará a cuatro patas.


El hombre es totalmente libre: ésa es la belleza del hombre, su gloria. El inmenso regalo de Dios es la libertad. Tú no fuiste programado, no llevas incorporado un programa fijo. Tienes que crearte a ti mismo, tienes que ser auto creativo. Así que todo depende de ti. Puedes convertirte en un Buda, en un Bahaudin, o puedes convertirte en un Adolfo Hitler, en un Benito Mussolini. Puedes convertirte en un asesino o en un meditador. Tú puedes elegir entre transformarte en un magnífico florecer de la consciencia, o convertirte en un robot.

Pero recuerda, tú eres el responsable y sólo tú, nadie más que tú.


Un optimista es un hombre que se acerca por la mañana a la ventana y dice: "¡Buenos días, Dios!" Un pesimista es el que va a la ventana y dice: "¡Dios mío! ¿Ya es de día?" Todo depende de ti. Es la misma mañana, quizás la misma ventana, quizás el pesimista y el optimista se alojan en el mismo cuarto, todo depende. ¡Pero qué diferencia cuando dices:"¡ Buenos días, Dios!" y cuando dices: " ¡ Dios mío! ¿Ya es de día?"!

He oído una antigua parábola sufí.

Dos discípulos de un gran Maestro paseaban por el jardín de la casa del Maestro. Se les permitía caminar por él cada día, mañana y tarde. Este paseo era una especie de meditación, una meditación caminando, tal como lo hace la gente zen. No puedes estar sentado durante veinticuatro horas, las piernas necesitan un poco de movimiento, la sangre necesita algo de circulación, así que tanto en el zen como en el sufismo, se medita algunas horas sentado y luego se medita caminando. Pero la meditación continúa, caminando o sentado, la corriente interna sigue siendo la misma.


Ambos eran fumadores. Ambos querían pedirle al maestro permiso para fumar, así que los dos decidieron: "Mañana. A lo sumo dirá "no", pero se lo preguntaremos. De todos modos no parece que fumar en el jardín sea un sacrilegio; no estaremos fumando en su casa".
Al día siguiente se encontraron en el jardín. Uno estaba furioso, furioso porque el otro estaba fumando, y le dijo: ," ¿Qué pasó? Yo también se lo pregunté, pero sencilla y llanamente rehusó y dijo que no. ¿Y tú estás fumando? ¿No estás respetando sus órdenes?" El otro le contestó: "Es que a mí me dijo "sí"" Esto les pareció una injusticia. Y entonces dijo el primero dijo: "Iré inmediatamente a averiguar por qué a mí me dijo que no y a ti que sí".


"Espera un minuto", dijo el otro. "Por favor dime cómo se lo pediste".


"¿Qué cómo se lo pedí? Le pedí algo muy simple: ¿Puedo fumar mientras medito? Y él contestó: "¡No!", y se le veía muy enojado".
El otro empezó a reír y dijo: "Ahora ya sé lo que pasó. Yo le pregunté: ¿Puedo meditar mientras fumo? , y él me dijo: "Sí" ".
Todo depende. Sólo una pequeña diferencia y la vida se convierte en algo totalmente diferente. Ahora bien, hay una gran diferencia; preguntar, "¿Puedo fumar mientras medito?" es incorrecto feo, pero "¿Puedo meditar mientras fumo?", está perfectamente bien. ¡Muy bien! Por lo menos estarás meditando.


La vida no es infelicidad ni felicidad. La vida es un lienzo en blanco y uno tiene que ser verdaderamente artista en este asunto.


Un vagabundo llamó a la puerta de una hostería llamada "Jorge y el Dragón".
—"¿Te sobraría un bocado para un pobre hombre?", le preguntó a la mujer que abrió la puerta.
—"¡No!" gritó ella, dando un portazo.
Unos minutos más tarde el vagabundo volvió a insistir.
La misma mujer abrió la puerta.
—"¿Me podrías dar un bocado para comer?", dijo él.
—"¡Vete de ahí, inútil!" le gritó la mujer. "¡Y no se te ocurra volver nunca más!"
A los pocos minutos el vagabundo volvió a golpear la puerta. La mujer se asomó a la puerta.
—"Perdón", dijo el vagabundo, "pero, ¿podría esta vez hablar con Jorge?".

La vida es la posada llamada "Jorge y el Dragón". También tú puedes pedir hablar con Jorge.

 

Osho, Vida, amor y risa


 

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¡Comienza a vivir la vida que quieres!

La excelencia es... según Tom Peters

la-excelencia

La Excelencia es la mejor defensa.

La Excelencia es el mejor ataque.

La Excelencia es la respuesta cuando las cosas van bien.

La Excelencia es la respuesta cuando las cosas van mal.

La Excelencia es para lo grande.

La Excelencia es para lo pequeño.

La Excelencia es una relación.

La Excelencia es una filosofía.

La Excelencia es una aspiración.

La Excelencia es ilimitada.

La Excelencia es una valoración útil.

La Excelencia es ejecución.

La Excelencia es egoísta.

La Excelencia es generosa.

La Excelencia es lo que no te deja dormir.

La Excelencia es un objetivo variable.

La Excelencia es todo aquello que no tiene... límites.

La EXCELENCIA. Siempre.

Si no es la EXCELENCIA, ¿qué?

Si no es la EXCELENCIA ahora, ¿cuándo?

 

Tom Peters, Las pequeñas grandes cosas


 

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¡Comienza a vivir la vida que quieres!

TEST - La autoestima y la relación con los otros

will you follow me

La forma en la que nos vemos y nos valoramos a nosotros mismos o autoestima, depende en gran medida de cómo nos relacionamos con los demás. 

Una infancia basada en el rechazo de nuestros semejantes, puede marcar un percepción de sí mismo del niño de poca valía que puede acompañarle por el resto de su vida. Asimismo, un "fracaso" laboral o matrimonial, puede hacer tambalear nuestros propios cimientos poniendo en duda, no solo nuestras capacidades, sino nuestra percepción de valía.

Eric Berne, fundador del Análisis Transacional, describió cuatro formas de comprender el modo en que nos situamos frente a los demás y que son reflejo directo de nuestro nivel de autoestima. Las denominó "Las posiciones de vida" y dependen de las imagen que tenemos de nosotros mismos, de los demás y de las relaciones que tenemos con ellos. De ellas, tres revelan algún tipo de minusvaloración en la propia autoestima.

Te proponemos un ejercicio de autodiagnóstico sobre tus posiciones de vida*. A Continuación encontrarás una descripción de las cuatro posiciones de vida según Eric Berne.

En cada una de las 8 cuestiones siguiente referidas a tu vida profesional, reparte 10 puntos en función de la frecuencia con la que actúas de esa manera:

1. Estilo de mando

a) Me justifico, me defiendo, a veces critico, a veces me protejo.

b) Utilizo el control y la persuasión. No dudo en presionar.

c) Ayudo a las personas. Mi simpatía me ayuda a ser aceptado.

d) Informo, propongo ocasiones de desarrollo, analizamos juntos los problemas y las oportunidades.

2. Consideración de los problemas

a) Intento eludirlos, me dan igual.

b) Me mantengo en los objetivos y también en la calidad del trabajo de cada uno.

c) Me preocupa sobre todo mantener los objetivos.

d) Actúo de modo que todos estén satisfechos

3. Actitud ante las reglas

a) Para mi, las reglas son sólo reglas, eso es todo.

b) Las reglas son algo bueno. Hago incapié en que se sigan.

c) Son reglas de conducta. Son útiles, pero no debemos ser sus prisioneros.

d) Pienso que debemos esforzarnos en seguirlas.

4. Opinión sobre los conflictos

a) Los conflictos pueden ser útiles. Muchas veces resultan ocasiones para progresar.

b) No me gustan nada los conflictos, pues dañan las relaciones.

c) Creo que primero hay que pensar en el trabajo y no arreglar el mundo.

d) No son asunto mío.

5. Reacción a la cólera

a) No me gusta enferntarme a la cólera, me resulta lamentable.

b) Me convierte en alguien muy desagradable y desconfiado.

c) En ese caso, provoco una buena confrontación.

d) No me gusta la gente que se encoleriza, pues luego rumio mi rencor.

6. Actitud hacia el superior

a) Observo perfectamente sus puntos débiles y a veces lo critico.

b) Lo hago todo lo mejor que puedo. Espero que se me valore.

c) Cada uno con su tarea.

d) Discutimos, intercambiamos pareceres, negociamos.

7. Humor

a) Hago reír a mi costa.

b) Practico la ironía desilusionada.

c) Sé encontrar la palabra que libera y distiende.

d) Mi humor es cáustico y mordaz.

8. Actitud de base

a) ¡Haré que vayas!

b) ¡Voy contigo!

c) ¡Hay que ir allí!

d) ¡Ir aquí o allí!

Los resultados

Sitúa en el cuadro los puntos que le hayas dado a cada posición.

Posiciones                                       (++)   (+-)   (-+)   (--)

1. Estilo de mando                            d__    b__    c__   a__

2. Consideración de los problemas     b__    c__    d__   a__

3. Actitud hacia el superior                c__    b__    d__   a__

4. Opinión sobre los conflictos           a__    c__    b__   d__

5. Reacción a la cólera                     c__    d__    a__   b__

6. Actitud hacia el superior               d__    a__    b__   c__

7. Humor                                        c__    d__    a__   b__

8. Actitud de base                           b__    a__    c__   d__

PUNTUACIÓN TOTAL                     ___    ___    ___   ___

RESULTADOS:

En general, todos tenemos una posición dominante y una segunda posición que adoptamos en situaciones de estrés. Consulta cuál de las posiciones de vida mantienes, según Berne. 

1. No me acepto, pero acepto a los demás (- +)

Esta posición es resultante de dificultades en la infancia: modo de educación en exceso permisivo y sobreprotector o demasiado rígido o exigente. Una vez adulto, este individuo no confía en sí mismo ni tampoco en los demás. Admira a los otros y se cree incapaz de hacer lo que ellos hacen. Muy a menudo padece ansiedad y a veces es depresivo.

2. Me acepto, pero no acepto a los demás (+ -)

Cuando un niño no ha tenido la seguridad y el apoyo necesario para un crecimiento armonioso, y ha debido "luchar para existir", sucede que, una vez adulto, se hace duro y depreciativo hacia los demás. Eso también puede ocurrir cuando al niño no se le han puesto límites con firmeza y a la vez con tacto. Crece entonces "a la buena de Dios" y llega a tratar a los demás como si fuesen esclavos a su servicio. Este comportamiento puede parecer a primera vista como de "alta autoestima", lo que no es el caso. Se trata de una actitud que revela una profunda perturbación de la autoestima.

3. No me acepto ni acepto a los demás (- -)

Esta posición refleja una seria falta de autoestima. "¿Y esto para qué sirve?", "de todos modos me van a engañar", "¿por qué todo el mundo va contra mi?", "no vale la pena intentarlo", "todos son idiotas". Estas personas almacenan en su interior mucho odio contra el mundo en general. No le ven sentido alguno a su vida. Este comportamiento puede parecer a primera vista de "alta autoestima", lo que no es el caso. Se trata de una actitud que delata una profunda perturbación de la autoestima.

4. Me acepto, reconozco mi valor y acepto a los demás reconociéndoles el suyo (+ +)

Estas personas tiene una autoestima excelente. Su diálogo interior es positivo. Frente a un nuevo reto, su vocecilla interior les dice: "¡Lo vas a conseguir, tú puedes, venga!". Para quienes viven en esta posición, les es posible vivir plenamente aceptándose con sus sombras y sus luces, siendo capaces de abrirse, de escuchar y de ser realistas.

 

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Foto cortesía de http://dryicons.com

 

*Test extraído de CHALVIN, Dominique, et alii, Analyse Transactionnelle et relations de travail, Ed. ESF, 1979

 

 

 

 

La madurez puente entre la mediocridad y la excelencia

Definitivamente, lo que diferencia a un empresario o un empleado-emprendedor de un empleado, empresario o directivo mediocre es su nivel de madurez, que se refleja en su manera de pensar, sentir y actuar.

CULPAR

Dicho de otra manera, un empresario no puede tener la madurez de un niño al emprender o dirigir su empresa. El niño está orientado hacia el exterior y es un ser dependiente. Sabe que hay una persona que cuida de él, que tomará las decisiones por él, que hará o no lo que él debería hacer y que tiene la culpa de lo que le sucede. Esto se manifiesta en típicas expresiones infantiles como: "el profesor me tiene manía, él tiene la culpa", "mi papá tuvo la culpa de lo que nos pasó" y trasladadas al mundo de los adultos: "mi jefe me odia, tiene la culpa de que yo sea tan infeliz", "mi esposa nunca me presta atención", "los vendedores no hacen su trabajo, por eso nada funciona".

El estado emocional de dependencia nos alejará del mayor de todos los tesoros: la capacidad de cambiar. Mirar hacia dentro y escoger nos permite movernos y adaptarnos, observar qué debemos cambiar, qué no está funcionando en nosotros y qué nos detiene. Hoy no es el más grande el que se come al más pequeño, sino que es el más veloz el que se come al más lento.

ASUMIR

La madurez de un adulto está orientada hacia su interior, le permite reconocer que ya no hay nadie que haga o deje de hacer las cosas por nosotros. El signo más claro de este estado es la conciencia de que podemos escoger. Cualquiera que sea la situación en que nos encontremos, podemos escoger traspasando la frontera del miedo o la pereza. Podemos escoger y, no sólo eso, lo que es más importante, sabemos que siempre seremos los responsables de nuestras decisiones. Pensar de esta manera permite averiguar qué debe cambiar. El cambio es la única manera de mantenernos al día. Si sólo se buscan los errores y las fortalezas fuera, nunca se puede cambiar.

Una persona madura parte de un estado de madurez llamado independencia para iniciar sus proyectos. No funcionan en el estado de dependencia. La dependencia nos lleva a culpar y la culpa a la frustración y el odio. Sin embargo, una vez situados en la independencia, podemos dar un paso más y entregarnos a la sabiduría de las relaciones inter-dependientes.

COMBINAR

El tercer estado, la interdependencia, es la clave del gran crecimiento personal y profesional. Si sientes que has tocado techo, entonces es el momento de buscar otros ámbitos para crecer. Es el momento de decirle al delfín que sea nuestro socio en el agua mientras nosotros nos desarrollamos en tierra firme. En la empresa, la madurez nos premia con el entendimiento de que la conquista es posible gracias al talento de todos y al conocimiento y control de los defectos y las carencias de todos. Trabajar con muchos talentos también significa conocer y soportar las debilidades de cada uno. Un directivo maduro sabe mover las piezas del ajedrez de los talentos de tal forma que todos los que le rodean resulten beneficiados y nunca perjudicados.

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