Coaching Online y en México DF - Displaying items by tag: exito Factoría de Inspiración

¿Qué hacemos?

¿Sabías que...?

  • Según un estudio de la International Coaching Federation (ICF) sobre la eficiencia del coaching, de las personas que siguieron un proceso de coaching el 99% manifiestó su satisfacción con el proceso, de hecho, el  96% declaró que repetiría la experiencia en las mismas circunstancias.

    Este mismo estudio revela que el 80% mejoró su autoconfianza, el 73% mejoró sus relaciones, el 72% aumentó su capacidad de comunicación y el 67% mejoró su equilibrio de vida-trabajo. 

     

¿Cómo lo hacemos?

  • En Factoría de Inspiración utilizamos las técnicas que utilizan desde hace más de 30 años grandes directivosdeportistas de élite y personas que han marcado una diferencia en su vida

    Ahora están a tu alcance para que vivas la vida que quieres.

La respuesta correcta

 

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Había dos templos rivales. Los maestros de ambos templos, que en realidad debían ser sacerdotes, estaban tan enfrentados que ordenaron a sus discípulos que ni siquiera miraran al otro templo. Cada sacerdote contaba con un muchacho como sirviente para hacer los recados, para buscar las cosas. El sacerdote del primer templo le advirtió a su sirviente: "nunca hables con el otro muchacho. Esa gente es peligrosa."

Pero los niños, niños son. Un día se encontraron en el camino, y el muchacho del primer templo le preguntó al otro: "¿adonde vas?. El otro respondió: "A donde el viento me lleve". Debió de haber aprendido en el templo grandes enseñanzas zen, ya que dijo: "A donde el viento me lleve". Una magnífica respuesta, Tao puro.

Pero el primer muchacho quedó muy avergonzado, ofendido, no supo cómo responderle. Estaba frustrado, furioso, y a la vez se sentía culpable, ya que "mi maestro ordenó que no habláramos con esta gente. No son de fiar. ¿Qué clase de respuesta es esta? Me ha humillado". 

Fue a ver al maestro y le contó qué es lo que había pasado. "Lamento haber hablado con él. Tenía usted razón, esta gente es peligrosa. ¿Que quiso decir al responderme así? Le pregunté: "¿Adónde vas?, una simple pregunta. Sabía que iba al mercado, lo mismo que yo. Pero me respondió: "A donde el viento me lleve".

El maestro contestó: "Te lo advertí, pero no me escuchaste. Ahora mira, mañana te paras de nuevo en el mismo lugar. Cuando llegue le preguntas "¿Adónde vas?" y él te contestará "A donde el viento me lleve". Entonces tú también tienes que ponerte un poco filosófico. Le dices: "¿Irás sin piernas entonces? Porque el alma es incorpórea y el viento no puede llevar el alma a ninguna parte". ¿Qué te parece?.

Dispuesto a hacerlo, el muchacho se preparó toda la noche repitiéndolo una y otra vez. A la mañana siguiente, salió muy temprano, se puso en el lugar exacto, y a la hora indicada vio llegar al otro muchacho. Estaba muy contento, ahora le iba a demostrar lo que era la verdadera filosofía. Le preguntó: "¿Adónde vas?". Esperaba la respuesta... pero el muchacho respondió: "Voy al mercado a comprar verduras".

¿De qué le servía ahora la filosofía que había aprendido?. La vida es así, no puedes prepararla, no puedes tenerla prevista. Esa es su hermosura, ese es su milagro, que siempre te coge desprevenido. Si te das cuenta, verás que cada momento es una sorpresa y nunca se puede aplicar una respuesta preconcebida.

Yo te enseño simplemente una ley intrínseca de la vida: Obedece a tu propio ser, sé luz por ti mismo y si sigues esa luz nunca te surgirá este problema. Así, hagas lo que hagas, será lo adecuado, y lo que no hagas es lo que no deberías haber hecho...

La única manera de estar en contacto con la vida, la única manera de no quedar rezagado, es tener un corazón que no se sienta culpable, un corazón inocente. Olvida todo lo que se te ha dicho, lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer, nadie más que tú puede decidirlo.

OSHO. El equilibrio cuerpo-mente

Siempre existe una alternativa. Si algo parecido está ocurriendo en tu vida, no eres el único o la única, y por supuesto no estás solo. Nosotros podemos ayudarte. Normalmente dejamos que situaciones como esta se nos vayan de las manos, hasta caer en desesperación o peor en depresión. Entonces acudimos aun psicólogo, pero esta no es la solución. Tu vida puede cambiar antes, con la ayuda profesional indicada y en unas pocas semanas. ¿Cómo te sentirías si tus problemas de pareja o de relación con los demás desaparecieran para siempre? Sería fantástico, ¿verdad?. Pues simplemente pídenos información. Te daremos una sesión gratuita, personalizada e individual, que te permitirá detectar tus patrones limitantes y tu autosabotaje. Después podrás decidir si seguir con el proceso o no. Estaremos encantados de ayudarte.

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No esperes más y ¡comienza a vivir la vida que quieres!

Superar los "debería" en 8 pasos

 

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Un hombre estaba buscando una buena iglesia a la cual asistir y encontró una pequeña en la que la congregación estaba leyendo con el pastor. Decían: "hemos dejado sin hacer aquellas cosas que deberíamos haber hecho y hemos hecho todas las cosas que no deberíamos haber hecho"

El hombre se dejó caer en su asiento y suspiró con alivio diciendo para sí: "Gracias a Dios, al fin he encontrado mi lugar".

Seguro que todos nosotros podríamos pertenecer a esa iglesia, sin excepción. Es cierto que tener algún debería sobre nuestra conciencia es una de las cargas más pesadas que se pueden tener. Es como un vampiro de energía que nos hace la carga cada vez más y más pesada. 

¿De dónde vienen esos debería?

Un debería es siempre una tarea o asunto impuesto que realmente no queremos realizar. ¿Cómo estoy tan segura de que no lo queremos realizar? Porque si no sería un quiero y, lo que es más, seguramente ya estaría hecho.

Un debería es algo que se nos resiste. No es ni mucho menos automático ni siquiera placentero. Un debería es una promesa de felicidad: debería hacer dieta y así estaría más delgada/atractiva/saludable y por tanto más feliz; debería ir al gimnasio y así estaría más en forma y tendría más éxito con las mujeres y por tanto sería más feliz. Esto es así con todos y cada uno de los debería.

La idea es que realmente NO queremos hacer dieta, queremos estar más delgados, queremos ser más felices, NO queremos ir al gimnasio, sino que queremos tener un cuerpo en forma para el propósito que sea y CREEMOS que así seremos más felices. Este es el mecanismo del debería.

¿Por qué nos cuesta tanto realizar un debería?

Porque realmente no queremos realizarlo. Queremos sus consecuencias, el producto que se deriva de su cumplimiento. Pero no solo eso, un debería no es algo que surge naturalmente. Lo que surge naturalmente es comerse el postre o quedarse en casa viendo la televisión, no buscar trabajo, no realizar la tarea o lo que sea que vulgarmente decimos que nos pide el cuerpo. Pero la cabeza sigue dale que dale, machacándonos con la molesta palabra: "deberías esto", "deberías lo otro".

¿Y por qué es así? Porque normalmente, un debería es algo que viene de fuera no es algo que salga naturalmente de nosotros, como pedir el postre o quedarnos cinco minutos más en la cama en la mañana. Un debería suele ser una imposición social más o menos sutil. Por ejemplo, la moda nos impone modelos estéticos que muchas veces atentan en contra de nuestra fisionomía natural. También en la escuela, sacar buenas calificaciones era importante, por lo que estudiar más es uno de los primeros deberías que se nos impusieron, cuando un niño, por su naturaleza lo que quiere es aprender experimentando la vida, no desde un pupitre escuchando a un adulto hablar de cosas que para él no tienen ni siquiera sentido.

Esto no significa que haya que desechar los deberías, sino simplemente es una invitación a reflexionar sobre si realmente esos deberías son justificados o no. Un debería autoimpuesto que viene de una creencia colectiva aceptada puede ser en muchas ocasiones muy dañino para nuestro cuerpo y para nuestro espíritu.

La invitación es a cuestionar nuestros deberías y ser más selectivos, cuidadosos y amorosos con nosotros mismos. Muchas veces estamos cansados pero forzamos a nuestro cuerpo a límites insospechados por un debería. Otras veces, nos subyugamos a los deseos de otros, normalmente importantes para nosotros, como nuestros padres o parejas para intentar satisfacer sus propios deberías que sutilmente nos han impuesto.

Incluso estos deberías pueden venir del pasado, de nuestra niñez y no nos damos cuenta que siguen pesando en nosotros de manera limitante. Un ejemplo de esto es alguien que fue médico o abogado u otra profesión por tradición familiar o deseo de su papá o mamá. Eso que en principio pudo parecer una buena idea, con el paso de los años, podría ser la causa de una insatisfacción latente pero muy condicionante de la felicidad actual de la persona. Esto es de lo más común.

La propuesta es comenzar a analizar nuestros propios deberías. Y para eso, te propongo una serie de preguntas que, analizadas honestamente, te ayudarán a distinguir los deberías saludables de los dañinos para que puedas poner tu energía en su cumplimiento. Quién sabe si este ejercicio realmente te llevará hasta el vestuario del gimnasio, o lo que es mejor, la talla que tu cuerpo necesita para funcionar mejor.

  1. ¿Realmente QUIERO hacer esto?
  2. ¿Qué quiero conseguir cuando consiga realizar este debería? ¿Y qué hay detrás de eso también?
  3. ¿A quién quiero agradar consiguiendo esto?
  4. Si no hubiese más personas en el mundo ¿seguiría queriendo conseguir hacer esto?
  5. ¿Realmente hacer esto me va a llevar a conseguir lo que realmente QUIERO?
  6. ¿Qué otras alternativas tengo para conseguir lo que QUIERO en lugar de sacrificarme en este debería?
  7. ¿Qué otra satisfacción personal me supone SACRIFICARME por conseguir esto o satisfacer a la persona que he detectado en la pregunta 3? ¿Me convierte en mejor persona el sacrificio? ¿Creo que realmente me tengo que sacrificar para merecer los resultados?
  8. ¿Podría sustituir fácilmente la palabra DEBERÍA por la palabra QUIERO?

 

Si escuchas a tu propio corazón nunca estarás dividido. Si escuchas a tu propio corazón comenzarás a andar en la dirección adecuada, sin siquiera pensar que es malo y que es bueno.

De este modo, la gran creación de la nueva humanidad consistirá en el secreto de escuchar al corazón consciente, atenta, cuidadosamente. Síguelo a toda costa, ve a donde sea que este te lleve. Sí, algunas veces te conducirá por terrenos peligrosos, pero entonces recuerda que tales situaciones son necesarias para madurar. Algunas veces te alejará del camino, pero recuerda de nuevo que tales situaciones de confusión son parte del crecimiento. Caerás muchas veces. Levántate de nuevo, porque así es como se hace acopio de fuerzas: cayéndose y volviéndose a levantar. Así es como se llega a conseguir armonía.

OSHO. El equilibrio cuerpo-mente

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No esperes más y ¡comienza a vivir la vida que quieres!

VIDEO. In The fall. ¿Esta es tu vida? Todavía estás a tiempo

 

¿Esta es tu vida? Si es así, todavía estás a tiempo. Eso sí, ten cuidado con las cáscaras de plátano ;)

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El enemigo público número 1 de tu felicidad

 

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En toda mi carrera profesional ayudando a personas a cambiar radicalmente sus vidas he tratado todo tipo de casos: relaciones a punto de romperse, personas rotas por haber sufrido una pérdida, heridas de abandono, bancarrota, pérdida de trabajo, falta de realización personal, desequilibrio emocional... Pero todos estos casos tienen algo en común, cualquiera sea la causa que ha llevado a esas personas a un extremo lejos de lo saludable.

Son ejemplos reales de la fábula de la rana y el cocinero. Se cuenta que en una prestigiosa escuela de cocina, a un cocinero novel se le encomendó la tarea de cocer una rana. El muchacho intentó en varias ocasiones colocar la rana en el agua hirviendo sin posibilidad de éxito, ya que el batracio una y otra vez saltaba fuera de la olla nada más tocar el agua. Tras el revuelo en la cocina causado por las peripecias del cocinero para meter la rana en la olla, el jefe de cocina entró a poner orden. Fue entonces cuando el experimentado cocinero en el arte de cocinar ranas desveló al joven cocinero y a todos los presentes cuál era el truco para hervir a una rana sin destrozar todos los cacharros de la cocina.

"Si colocas a una rana en una olla de agua hirviendo, no conseguirás que se quede allí hagas lo que hagas. Lo que tienes que hacer es prepararle un buen baño de agua salada con algunos vegetales donde se pueda sentir bien cómoda. Con el agua todavía fría, deberás colocar a la rana dentro del agua y no se negará a permanecer allí. Una vez esté cómodamente asentada en su baño, enciende el fuego y deja que el agua se vaya calentando poco a poco. A pesar de que el agua suba de temperatura la rana seguirá sintiéndose cómoda y no tendrá ganas de saltar fuera de la olla. Para cuando el agua esté hirviendo, será demasiado tarde para ella. No se habrá dado cuenta de que su vida corría peligro en la comodidad de su baño y tú obtendrás un riquísimo estofado de rana".

Todos hemos mantenido relaciones, trabajos, amistades, hábitos alimenticios, ... por demasiado tiempo hasta llegar a situaciones insostenibles. Corazones rotos, despidos, diabetes... Parece que aparecieron allí de un día para otro, pero si somos honestos con nosotros mismos, llegaremos a la conclusión de que recorrimos ese camino, en mayor o menor medida, por nuestro propio pie.

No me refiero al hecho de tomar malas decisiones, de lo que nadie está libre en el mundo cambiante y vertiginoso que nos ha traído este siglo XXI, sino al hecho de mantener esas malas decisiones a pesar de los reiterados avisos de la vida.

¿Qué nos lleva a hacer eso? Todo empieza con una decisión o con una situación fortuita que, con la información disponible en ese momento, se vislumbraba correcta para nosotros. De la misma forma que la rana, es entonces cuando nos metemos en un agradable baño de agua salada con vegetales que nos hace sentir cómodos. Pero la situación poco a poco va cambiando: factores que no tomamos en cuenta, resulta que el trabajo no era como esperábamos, la persona que elegimos empieza a mostrar comportamientos desagradables, la vida que habíamos planeado no acaba de suceder, quizá un poco más adelante, ...

Todo esto sucede poco a poco, como el agua de la rana, la situación se va calentando pero nosotros seguimos obteniendo cierto grado de comodidad. Nos decimos cosas como: "¿cómo voy a buscar otro trabajo tan pronto?" "habrá tenido un mal día", "yo puedo con esto", etc... Simplemente nos engañamos a nosotros mismos por no asumir una equivocación, un error de cálculo. Esto es así porque en este mundo que vivimos equivocarse es el peor pecado. En lugar de tomarlo como un mero resultado que nos proporciona información para tomar otro rumbo, nos empecinamos en no darnos por aludidos.

En poco tiempo, la situación se habrá convertido en algo demasiado conocido como para cambiarlo. Nos encontramos ya en la olla de agua a punto de hervir pero estamos demasiado entumecidos para dar el salto y salir de ella. Estamos en nuestra mal llamada zona de comodidad.

¿Por qué mal llamada? Porque es muchas cosas pero cómoda no es una de ellas. Puede ser una de las etapas más desagradable y poco satisfactorias de nuestra vida, pero el beneficio percibido de quedarnos allí, en lo conocido es abrumantemente grande. El miedo a lo desconocido, a perder, al éxito, genera muchísima más incomodidad de la que percibimos en la situación conocida, por incómoda y desagradable que esta realmente sea.

En este momento, como a la rana, sólo nos queda una salida, reunir las pocas fuerzas que nos quedan y dar un salto fuera de la olla. Sea lo que sea lo que nos depare la vida fuera de la olla será mejor que lo que nos deparará si nos quedamos dentro: la muerte emocional, financiera, de nuestra autoestima, de nuestra dignidad...

Salir de nuestra zona de comodidad, indudablemente es incómodo, pero nunca nadie ha muerto de incomodidad, sin embargo, vivir dentro de esa zona ha matado más oportunidades y crecimiento que cualquier otra cosa en el mundo.

La felicidad no proviene del conformismo o del miedo. Una vida con miedo no puede vivirse con plenitud. La felicidad es la consecuencia de vivir la vida en un estado permanente de crecimiento, desarrollando nuestro pleno potencial. No es el fin, sino el camino lo que hace la vida digna de ser vivida.

La próxima vez que el hecho de cambiar algo en tu vida te genere cierto grado de incomodidad, véase pereza, miedo, incertidumbre, desgana o que tu voz interior te envíe mensajes como "¿dónde vas a estar mejor que aquí?", "¿quién te has creído que eres?", "al final esto te lo has buscado tú, es lo que mereces" o similares, permítete experimentar la incomodidad. Siéntela. Reconoce que simplemente es una sensación y que no tiene ningún poder sobre ti. Tú decides si "comprar" los argumentos que dicta tu cabeza, si seguir la inercia de la rutina de tu vida o si sigues adelante y das el salto fuera de la olla antes de que sea tarde.
Cuanto más obedeces a la voz, o a la incomodidad, más vas entrando en el abismo de la inactividad, como cuando el agua se va calentando cada vez más pero la rana no se da cuenta hasta que se encuentra con la muerte.

No quiero que te engañes, la sensación de incomodidad, es posible que nunca llegue a desaparecer. Pero eso carece de importancia. De echo, cuando ya no la sientas, si no se ha sustituido por una sensación de contento y plenitud, es seguro que de alguna manera vuelvas a entrar en otra agradable olla de agua fría... por el momento.

El truco es muy fácil. Lo único que tienes que hacer es seguir adelante, con incomodidad o no, con miedo o no. Simplemente dales las gracias por cuidar de ti, por querer protegerte de lo desconocido, esa es su misión sagrada. Te alertan para que tomes las debidas precauciones. Tómalas, pero llegado cierto punto.

Sólo hay un camino: saltar hacia arriba con todas tus fuerzas. 

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Neutralizar comportamientos desagradables con Inteligencia Emocional

 

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Cuando nos topamos con una persona que descarga sus emociones y frustraciones sobre nosotros, podemos elegir entre reaccionar entre lo que consideramos una agresión o, por el contrario, intentar entender lo que siente esa persona.

Piensa en una situación donde alguien se haya comportado de forma desagradable. Te has parado a pensar ¿cuál era su emoción?, ¿cuáles eran sus necesidades?, ¿cómo podrías mostrarle que estabas a la escucha de sus emociones y necesidades?, ¿cuál era el foco de su frustración?.

Este ejercicio de comprensión no tiene nada que ver con ceder, con ser vulnerable o con dejar a los demás que traspasen la línea del abuso. Se trata de aprender a actuar en lugar de reaccionar. De dejar de "comprar" la queja o la provocación del otro para empezar a "ver" y ser capaces de no asumir el asunto del otro como un asunto mío, de ver la situación con desapego y objetividad y no tomarla como algo personal, que no lo es.

Recuerda una situación conflictiva con alguien cercano. Estás en medio de una situación que genera en ti tensiones y nervios. A cada frase de tu interlocutor, te preparas para responder, para lanzar un nuevo argumento. Escuchas las frases, interpretas las intenciones... estás pendiente de las palabras y no de la relación.

A tu interlocutor no lo consideras tanto una persona, cuanto un problema que se ha de resolver. Tienes que tener razón.

En una situación así, imagina que en el punto álgido de la discusión dejas de considerar el problema de "alguien que no está de acuerdo conmigo" y comienzas a observar a esa persona que está dando su opinión, que busca argumentos para defenderla, que, como tú, ha dejado la relación a un lado por el triunfo de su idea.

Durante algunos momentos, observa su respiración, su rostro, su energía... Mira todo el odio y el rencor que despide. Mira con toda la compasión que puedas, porque esa imagen es la imagen de ti mismo. Ese eras tú hace tan solo unos minutos. Despréndete de esa imagen de ti. Esto no es ceder, es deshacerte de tu propio dolor. Porque querer herir al otro con tu propio rencor es como querer envenenar a alguien tomándote tú mismo el veneno. Simplemente, no funciona así.

La escucha empática es uno de los pilares de las relaciones armoniosas. La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de saber qué siente y qué piensa. En un conflicto, nos centramos en nuestras dificultades y pensamos que el responsable es el otro. Pero nos olvidamos que nosotros también somos el otro para los demás.

 

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El éxito no da la felicidad

 

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Párate a pensar en un momento, cuándo fue la última vez que fuiste feliz. ¿Qué ocurrió? ¿Qué estaba pasando? ¿Qué había de diferente? Quizá estabas con una persona nueva, habías conseguido un ascenso, alguien te había hecho un reconocimiento. ¿Recuerdas si había esfuerzo, lucha, o dificultad? Creo que no.

La felicidad no funciona así, el esfuerzo y la lucha generan tensión, estrés, ansiedad. Es muy importante tener una meta en la vida, un motivo para vivir, esto es lo que realmente genera felicidad. ¿Tienes un verdadero motivo para vivir?

Cuando alcanzamos una meta, sentimos felicidad, exaltación, satisfacción, como quieras llamarle. Pero ¿cuánto dura esa sensación? Pareciera que una vez que alcancemos el éxito en algo, seremos felices para el resto de nuestras vidas: cuando apruebe la oposición ¿a cuántos funcionarios verdaderamente felices conoces?; cuando Miguelito me ame, cuando me promocionen, cuando acabe de pagar la hipoteca, cuando consiga otro trabajo.

El asunto es que la felicidad que deriva la consecución de una meta es siempre temporal. No dura para siempre. Nuestra voz interior en seguida nos indicará una meta más lejana, con otra promesa de la felicidad. "Ahora sí seré feliz". ¿Y qué pasa entonces? que el trabajo no es como esperaba, resulta que Miguelito no es tan genial como pensaba, en este nuevo puesto tengo que trabajar más horas y no veo a mi familia...

Entonces surge una nueva promesa de felicidad: cuando monte mi propia empresa, cuando me divorcie seré feliz, cuando tenga una nueva pareja seré más feliz... y por qué no decir una de las más populares: cuando me jubile seré feliz. Lo malo de esta última es que cuando finalmente nos jubilamos nos damos cuenta de que aun así no somos felices. Es por esto que a muchas personas, poco después de jubilarse, se les presenta una enfermedad grave y mueren. ¿Te suena esta historia?.

Es el juego de perseguir la zanahoria. Utilizamos como motivador una felicidad futura que nunca llega. Vivimos como los hámsteres corriendo en la rueda, más y más deprisa, en una trampa sin fin. Y después, ¿qué pasa después? Que la vida se acaba.

¿Qué podemos hacer entonces?. Pues empecemos por abandonar la zanahoria. Pero cuidado, la zanahoria no es la meta, es el resultado. Tengamos una motivación, auténtica, verdadera por la que vivir. No es el apego a la meta, sino el apego al resultado lo que impide nuestra felicidad.

Además, se realista por un momento, el resultado NUNCA dependió de ti. Entonces, ¿Tengo que dejar de hacer todo lo que esté en mi mano para conseguir la meta? Por supuesto que no. El seguimiento de la meta es tu trabajo, tu misión. Si no pones toda la carne en el asador, difícilmente conseguirás lo que quieres, aunque podrías conseguirlo. Cómo lo hagas es tu elección. Pero, en cualquier caso, el resultado nunca dependió de ti.

Como dijo Claudio Coelho en el Alquimista, somos como ese malabarista en medio de la plaza que, con sólo dos manos, solamente puede manejar dos de los malabares al mismo tiempo. Necesariamente, en el momento adecuado, se tiene que aventurar y lanzar graciosamente el resto de los malabares al cielo, confiando en que describan su figura en el aire y caigan de vuelta en sus manos, para volver a ser lanzados en un juego sin fin.

¿Y tiene que entrenar el malabarista? Por supuesto. ¿Tiene que poner todo su esfuerzo y luchar por dar el toque maestro a su ejercicio? Creo que no. Un magnífico trabajo depende más de la dedicación, la perseverancia y el amor que se le entregue, que al esfuerzo, la lucha y la ansiedad. ¿Cómo puedes amar algo que te quita en lugar de darte? ¿Cómo puede estar tu trabajo marcado por tu excelencia si no le pones lo mejor de ti? ¿Y qué es lo mejor de ti? Tu esencia. Tu amor.

Cuando pones todo de ti en lo que haces, lo sabes porque se da un sentimiento de disfrute, el tiempo parece detenerse, la sensación de ti mismo desparece. Fluyes. Esos momentos cumbre son los que nos realizan, los que nos llenan de satisfacción, de amor, nos llenan, no nos vacían, somos capaces de todo. Ahora sí. Esto es.

Si analizas estas experiencias, en lo que se diferencian de las otras, las del esfuerzo y la lucha, no es el resultado final. No son los 'qué' alcanzas, sino los 'cómo' los alcanzas. Es el camino, lo que pones en tu vida, cómo decides vivirla, cómo alcanzas tus metas lo que te aporta felicidad. No sólo en el resultado, sino en el camino.

La felicidad no puede estar en el futuro, porque el futuro no existe. Lo único que existe es el ahora, ahora y ahora y ahora.... Es este momento el único que siempre tendrás. ¿Qué tendría que pasar para que fueras feliz ahora? En tu mundo, según lo vives en este momento, tendrías que estar consiguiendo algo permanentemente. Pero la vida no funciona así.

Imagina el momento más importante de tu vida. El momento en el que no te quedarán ya más momentos. Cuando seas consciente de que ese momento ha llegado y te hagas la pregunta ¿he sido feliz? ¿de qué momentos te acordarás? Llena tu vida AHORA de esos momentos. No lo dejes para mañana, porque el mañana nunca llega. Sólo existe el ahora...

 

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El círculo del 99

 

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Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente. El sirviente del rey triste, era muy feliz. El rey estaba como loco. No conseguía explicarse como el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de sobras de los cortesanos.

Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó lo que sucedía.

- ¿Por qué él es feliz?
- Ah, majestad, lo que sucede es que el está fuera del círculo.
- ¿Fuera del círculo?
- Así es.
- ¿Y eso lo hace feliz?
- No, Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
- A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.
- Así es.
- Y él no está. ¿Y cómo salió?
- ¡Nunca entró!
- ¿Que círculo es ese?
- El círculo del 99.
- Verdaderamente no entiendo nada.
- La única manera para que entiendas, sería mostrartelo en los hechos.
- ¿Cómo?
- Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
- Eso, obliguémoslo a entrar.
- No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, el entrará solito, solito.
- ¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
- Sí, se dará cuenta.
- Entonces no entrará.
- No lo podrá evitar.
- Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y ¿de todos modos entrará en él y no podrá salir?
- Tal cual Majestad. ¿Estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?
- Si.
- Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más, ni una menos, ¡¡¡99!!!
- ¿Qué más? ¿Llevo a los guardias por si acaso?
- Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.
- Hasta la noche.

Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron al alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía: "ESTE TESORO ES TUYO. ES EL PREMIO POR SER UN BUEN HOMBRE. DISFRÚTALO Y NO CUENTES A NADIE COMO LO ENCONTRASTE" y la dejó en la puerta del sirviente.

El sirviente agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra su pecho, miró hacia todos lados y entró a su casa. Él, que nunca había tocado una de esas monedas, tenía hoy una montana de ellas para él. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacia brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacia pilas de monedas: Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis... mientras sumaba 10, 20, 30, 40, 50 60... hasta que formó la ultima pila: ¡¡¡9 monedas!!!.
Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa. "No puede ser", pensó. ¡Me robaron! gritó.

Me robaron, ¡¡malditos!!. "99 monedas. Es mucho dinero", pensó. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un numero completo - pensaba - Cien es un numero completo pero noventa y nueve, no.

El rey y su asesor miraban la escena por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se le habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que asomaban sus dientes.

El sirviente guardo las monedas en la bolsa, la escondió entre la leña y se sentó a hacer cálculos.

¿Cuanto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda numero cien? Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro para conseguirla.

Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas un hombre es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el calculo.
Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario. Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. El mismo, después de todo, terminaba su tarea en el palacio a las cinco de la tarde, podria trabajar hasta la noche. Sacó las cuentas sumando esas extras, en siete años reuniría el dinero.

Y así siguió durante horas haciendo sus cálculos ... El rey y el sabio volvieron al palacio. ¡¡¡¡El paje había entrado en el círculo del 99!!!!

Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando y de pocas pulgas.

- ¿Qué te pasa? - preguntó el rey de buen modo.
- Nada me pasa, nada me pasa.
- Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.
- Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?

No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.

Todos nosotros hemos sido educados con esta ideología: Siempre nos falta algo para estar completos y solo completos se puede gozar de lo que se tiene. Por lo tanto, nos enseñaron, la felicidad deberá esperar a completar lo que falta. Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida.

Pero que pasaría si la iluminacion llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe que nuestras 99 monedas son el cien por ciento del tesoro, que no nos falta nada, que nadie se quedó con lo nuestro, que nada tiene de más redondo cien que noventa y nueve, que esta es solo una trampa, una zanahoria puesta frente a nosotros para que jalemos del carro, cansados, malhumorados, infelices o resignados. Una trampa para que nunca dejemos de empujar y que todo siga igual... ¡eternamente igual! Cuántas cosas cambiarían si pudiéramos disfrutar de nuestros tesoros tal como están. Pero ojo, reconocer en 99 un tesoro no quiere decir abandonar los objetivos. No quiere decir conformarse con cualquier cosa.

Porque ACEPTAR es una cosa y RESIGNARSE es otra...

Pero eso es parte de otro cuento...

 

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¡Comienza a vivir la vida que quieres!

Acaba con tu insatisfacción laboral

 

2034-Businessman-working-on-the-currency-chart-line¿Para qué trabajas? ¿Alguna vez te has hecho esa pregunta? ¿Qué es lo que te levanta cada mañana? ¿La hipoteca, tus vacaciones anuales, el colegio de tus hijos, las deudas...?

El trabajo es siempre un medio para algo más. Pero ¿un medio para qué? No es tu trabajo lo importante, lo importante es el motivo por el que trabajas. Normalmente, cuando una persona tiene claro para qué trabaja, se siente menos frustrada con su trabajo.

Está bien, puede que no sea el trabajo de tu vida, pero paga tus deudas, tu nivel de vida, te da prestigio entre tus conocidos, te permite estar fuera de casa muchas horas, paga tus vacaciones, te permite realizarte como persona o ayudar a otros, contribuir al mundo de alguna manera. Cualquiera de esas motivaciones es valiosa en sí misma, una vez que sabes para qué te levantas de la cama cada día.

Cuando empezamos en un nuevo trabajo estamos llenos de expectativas. El salario es bueno, el puesto es lo suficientemente retador, lo contamos a parientes y amigos. Nos sentimos realizados... por un tiempo.

Unos meses más tarde, la realidad toma su lugar. Empezamos a relacionarnos con nuestros compañeros, tenemos que hacernos un sitio en la organización, descubrimos las partes "feas" del trabajo, los jefes vuelcan sus expectativas sobre nosotros, y el nivel de satisfacción comienza a descender en pocos meses. Poco a poco comienza a ser más difícil levantarse por las mañanas y los domingos por la tarde nos encontramos de mal humor sin motivo aparente.

Lo que pasa es que hemos perdido de vista la razón por la que empezamos este trabajo. Porque era un paso ascendente en nuestra carrera, porque era una empresa con proyección, por el dinero, porque estába cerca de casa, porque era un trabajo "puente" a la espera de otro mejor... etc. Rápidamente olvidamos los beneficios iniciales del trabajo por los que lo elegimos.

La propuesta es que hagas una profunda reflexión sobre si de verdad estás tan mal en este puesto. Si la respuesta es sí, la solución es cambiar de trabajo o al menos depositar tu energía en encontrar otro trabajo, no en cambiar a tu jefe o a tus compañeros o a tus clientes.

Pero sobre todo, deja de quejarte y pon manos a la obra. Dedica el tiempo y el esfuerzo suficiente en tu puesto actual para no ser despedido. Te ayudará tener presente que antes o después ya no estarás allí por más tiempo. Ten paciencia y entrega tu energía a lo nuevo. No la malgastes con la queja que te llevará a entrar en un círculo de insatisfacción permanente que afectará a otras áreas de tu vida.

Pero si después de analizar profundamente los pros y los contras de tu puesto, decides quedarte, por la situación del mercado laboral, porque llevas muchos años en el mismo puesto, porque no quieres renunciar a la indemnización, ... por las razones que sean, sobre todo ¡deja de quejarte!. Al final, continuar con este trabajo es lo que TÚ has elegido para ti.

De todos modos, si tu decisión final es quedarte, no está todo perdido. No es necesario que te resignes a una vida de sufrimiento. Estos tres sencillos pasos te ayudarán no solo a sobrevivir en un puesto que aborreces, sino a conseguir estar satisfecho con tu trabajo. ¿No te lo crees?. Pruébalo:

1. Ten presente por qué estás allí. Escribe en un papel los pros de este trabajo y léelo cada vez que te entre bajón laboral, los domingos por la tarde, los lunes por la mañana, antes de la reunión de tres horas con tu jefe, cada vez que recibas una queja injustificada, cada vez que alguien no cumpla con su trabajo y pagues tú las consecuencias. Que sea tu mantra: "Yo elijo estar en este trabajo por mi propio interés, porque me ofrece... y además me proporciona ... y ... Esto hace que merezca la pena estar aquí".

2. Haz algo con los contras. Seguro que si le dedicas 10 minutos encuentras 3 ideas para solucionar algunos de los contras de tu lista, sobre todo los que dependan de ti, pero también los que no. Si no soportas a tus compañeros pide un traslado, aunque sólo sea a otra mesa que te mantenga alejado físicamente de sus comentarios, si el salario es bajo haz un plan para pedir un aumento, si estás aburrido de hacer siempre lo mismo pide participar en algún proyecto que esté en marcha en la empresa (esto además te dará puntos para pedir el aumento), etc. Seguro que si lo piensas un poco te salen más. Pero si tu voz interior te sigue diciendo en tono despreciativo "para qué... no merece la pena... no se lo merecen..." entonces lee el siguiente punto.

3. Trabaja para ti, para nadie más. Al contrario de lo que siempre te han dicho, no trabajas para tu empresa, no trabajas para tu jefe, no trabajas compañeros, no trabajas para tus clientes, TRABAJAS PARA TI, para alcanzar todo aquello que este trabajo te proporciona. Imagina que solamente trabajases para ti, para tu propia satisfacción personal. Ponte tus propios objetivos semanales y cúmplelos. Fija un estándar de trabajo que sea retador para ti. Simplemente haz un buen trabajo bajo tu criterio. En última instancia, tu satisfacción personal es lo que cuenta. Nunca puede llover a gusto de todos. Además, si tus resultados mejoran, tu autoestima crecerá, te hará más visible para posibles promociones (y perder de vista a tu jefe y alguno de tus compañeros), serás más competente (con lo que tendrás más fuerza a la hora de exigir) y tu jefe estará mucho más contento (si es que eso dependió alguna vez de ti). Todo son ventajas.

Pero lo más importante es que, si sigues estos pasos, estarás más satisfecho contigo mismo. Eso, no tiene precio.

 

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Define tus límites y mejora tu salud emocional

 

1197500 13250170La base de una buena salud emocional es el auto-respeto. Respetarnos a nosotros mismos supone no dejar que los demás transgredan nuestros límites. El precio de no hacerlo es acabar escondiendo los propios sentimientos, lo que genera tensión, miedo, ansiedad, culpa, depresión, fatiga o nerviosismo.

Las personas que no defienden sus derechos son personas que no se hacen respetar, no son capaces de expresar honestamente sentimientos, pensamientos y opiniones y acaban cediendo ante las peticiones de los demás anteponiéndolas a los deseos propios. 
Suelen tener muchos amigos puesto que cumplen los deseos y peticiones de ellos. Sin embargo, también acaban sintiéndose mal consigo mismas puesto que se sienten incapaces de luchar por lo que quieren.

"Si sacrificamos nuestros derechos con frecuencia, estamos enseñando a los demás a aprovecharse de nosotros". P. Jakubowski

Cada uno es responsable de establecer los propios límites y de defenderlos ante sus semejantes. Además de los derechos y limites que queramos establecer, todos nosotros contamos con unos derechos fundamentales e inalienables:

1. Derecho a ser tratados con respeto y dignidad.
2. Derecho a tener y expresar los propios sentimientos y opiniones.
3. Derecho a ser escuchado y tomado en serio.
4. Derecho a juzgar mis necesidades, establecer mis prioridades y tomar mis 
propias decisiones.
5. Derecho a decir "NO" sin sentirme culpable*.
6. Derecho a pedir lo que quiero, dándome cuenta de que también mi interlocutor tiene derecho a decir "no".
7. Derecho a cambiar.
8. Derecho a cometer errores.
9. A hacer menos de lo que somos capaces de hacer.
10. Derecho a pedir información y ser informado.
11. Derecho a obtener aquello por lo que pagué.
12. Derecho a decidir no ser asertivo.
13. Derecho a ser independiente.
14. Derecho a decidir qué hacer con mis propiedades, cuerpo, tiempo..., mientras no 
se violen los derechos de otras personas.
15. Derecho a tener éxito.
16. Derecho a gozar y disfrutar.
17. Derecho a mi descanso, aislamiento.
18. Derecho a superarme, aun superando a los demás.
19.Derecho a realizar cualquier cosa (ajena a la lógica y la razón), mientras no violemos los derechos de los demás.

Si alguno de estos derechos relacionados en la lista te ha tocado especialmente o si definitivamente hay alguno con el que no estés de acuerdo, ese es tu punto de partida. Escribe ese derecho en un papel y repítelo cada mañana al levantarte y cada noche al acostarte. Si tu mente lo niega o duda de él, investiga qué hay detrás de esa negación. Tu autoestima y tu dignidad como persona te lo agradecerán. Es tu responsabilidad.

 


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¿Tienes carisma?

 

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Si hiciésemos una encuesta, cerca del 100% de las respuestas sobre la importancia del carisma para triunfar en la vida serían positivas.

Es como si a algunas personas la vida les sonriese. Como si tuvieran un aura de seguridad, una clase especial, brillo. Son personas que parece que nunca se equivocan, que a penas rozan el suelo por donde pisan. Son dignos de confianza, líderes, mentores y casi sin abrir la boca obtienen el respeto de todo el mundo.

La parte más curiosa del carisma es que casi siempre se lo achacamos a los demás y casi nunca a nosotros mismos. Las dudas, la inseguridad, las equivocaciones, la autoexigencia y la autocrítica sólo suceden en nuestro interior, no se ven desde fuera, por eso pensamos que esas cosas sólo nos suceden a nosotros. Pensamos que no somos lo bastante buenos porque tenemos miedo, porque estamos inseguros, porque la suerte a veces ha jugado a nuestro favor, pero eso es una ilusión. Todo el mundo tiene miedo, todo el mundo duda.

Es sorprendente cuando de repente nos enteramos por las noticias que un reconocidísimo actor se ha suicidado, o cuando una estrella de la televisión sale hablando de su miedo escénico o cuando en las biografías de grandes personalidades leemos acerca de sus demonios particulares, sus miedos y sus momentos de incertidumbre. A todos nos pasa.

En cualquier caso, las cualidades que percibimos en las personas con carisma, indudablemente nos ayudan a abrirnos paso en la vida a todos los niveles.

Estas personas transmiten seguridad, parecen conocerse bien, no se juzgan ni juzgan a los demás. Distinguen perfectamente cuando algo es su problema y cuando no lo es. Siempre tienen una palabra amable, es difícil meterles en disputas. Han desarrollado el arte de relacionarse con los otros. Son personas amadas y amables y nunca pasan desapercibidas.

El respeto por uno mismo, la asertividad, la tolerancia, saber poner límites con firmeza sin herir, demandar lo que nos corresponde sin quitarle nada a nadie... todas estas cualidades pueden desarrollarse. Sólo tienes que decidir cómo quieres ser a partir de ahora, qué cualidades serían las que te darían ese toque de carisma. Puedes elegir un modelo, una persona o personas que tengas estas cualidades, y decidir qué vas a cambiar para empezar a ser la persona que quieres ser.

Por si todavía tienes dudas de tu nivel de carisma, te proponemos este sencillo test para que tengas una idea de cuán carismático eres. Es algo orientativo, pero seguro que te sorprenderá.

Puntúa de 1 a 5 lo de acuerdo que estés con las frases siguientes siendo:
1= En absoluto; 2= Muy poco; 3= Un poco; 4=Mucho; 5=Totalmente

1. Te gustan los cumplidos
2. Afrontas los retos con facilidad
3. Piensas que mereces ser feliz
4. Te gusta salir en las fotos
5. Por la mañana, antes de salir de casa, te miras todos los días al espejo
6. Aprecias tu cuerpo
7. Estás a gusto con tu silueta
8. Practicas habitualmente algún deporte
9. Sabes cuidar de tu cuerpo
10. Te gusta estar con la gente
11. Te es fácil entrar a un lugar público
12. De natural eres más bien extrovertido
13. Te gustan los cambios
14. Te gusta hablar en público
15. Dices que "no" sin dificultades
16. Sabes abandonar una relación "tóxica"
17. Sonreír es para ti un acto reflejo
18. Tienes más de cinco amigos (estén cerca o no)
19. Posees más de diez números de teléfono privados en tu móvil
20. Hablas al menos con un amigo cada día
21. Cuando entras en un lugar público, la mayoría de las personas te mira
22. A la gente le gusta estar contigo
23. Sabes convencer
24. Algunas personas no pueden impedir tomarte como modelo
25. Siempre se acuerdan de ti

Respuestas

Haz la suma de todas las respuestas que hayas marcado

Si tu puntuación es inferior a 50: antes de trabajar tu carisma, debes pasar por algunas etapas primordiales (la autoestima, quererte a ti mismo y luego la apertura a los demás y al mundo). A continuación podrás desarrollar una cierta forma de brillo.

Si tu puntuación se halla entre 50 y 70: hay ciertamente algunos ámbitos o situaciones en las que te encuentras cómodo y otras, por el contrario, en las que no te sientes del todo bien.

Si tu puntación es superior a 90: ¡Felicidades! Tienes una buena relación contigo y, por tanto, con los demás. Comprueba ahora cuáles son las frases en las que has sacado menos puntuación para prestar más atención a los ejercicios que les correspondan. Aunque ya seas un individuo carismático, puedes desarrollar más este gran don.


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    Los beneficios del coaching personal y ejecutivo son innumerables. La primera experiencia positiva que una persona que pasa por un proceso de coaching experimenta es cómo se incrementa el conocimiento que tiene de sí mismo, de porqué hace lo que hace y los patrones y resortes que condicionan su comportamiento.

    En segundo lugar y no menos importante, se adquiere una gran habilidad para la autogestión emocional. De esta forma, se consigue que las emociones jueguen a favor de uno, en lugar de limitar y bloquear la felicidad.

    Otro de los beneficios destacables es el empoderamiento del individuo, su capacidad de solucionar sus problemas más allá del tema tratado en el proceso, así como una gran fortaleza interior y aceptación de sí mismo, de sus semejantes y de los avatares de la vida.

     

     

     

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